La supervivencia de Xiuxiuejar, la red social nacida a principios de 2026 como la primera plataforma en línea pensada y desarrollada íntegramente en catalán, pende de un hilo. A pesar de la movilización digital y la fiebre de registros vivida a principios de agosto a raíz del grito de alerta lanzado por su creador, la realidad interna del proyecto es mucho más amarga. El ingeniero Metkhal Khalawi –que terminó la carrera después de llegar a Cataluña en el año 2017 tras salir de Siria– advierte en declaraciones a El Món que la situación económica y personal es insostenible, y acusa a la clase política, las entidades y las figuras públicas de actuar por puro «postureo» sin ofrecer un apoyo real y sostenido a la plataforma.
A principios de agosto, Khalawi publicó un mensaje en sus perfiles anunciando que congelaba el desarrollo de nuevas funcionalidades técnicas para centrarse en construir comunidad. En ese momento, el ingeniero fijó el final del año como fecha límite para decidir si era necesario cerrar la plataforma. El llamado de auxilio provocó una reacción inmediata en la red que hizo pasar la plataforma de 16,000 a 21,000 usuarios registrados, además de sumar perfiles de relevancia pública como Lluís Llach, The Tyets, Gabriel Rufián o Oriol Junqueras, entre otros. Sin embargo, Khalawi denuncia que la mayoría de estos registros de renombre han quedado en agua de borrajas: «La gente se da de alta para dar apoyo o por la foto, hace un tuit diciendo que la iniciativa es muy buena y después desaparece y no la usa».
Es decir, que hay muchos usuarios que se registran y se crean un perfil en la red social, pero posteriormente no la usan. Concretamente, según detalla, «de los 21,000 usuarios que tiene Xiuxiuejar, menos de 1,000 son activos». «El mejor avance no es ninguna funcionalidad técnica, es la consistencia y que la gente la use diariamente», sentencia el creador de la plataforma que en ningún caso quiere competir con la red social X. «No puedo competir con Elon Musk y su Twitter, pero lo hice como una manera de crear la casa digital del catalán», expone en conversación con este diario.

Un costo económico y personal desbordado
El emprendedor sirio, que aprendió el idioma en Molins de Rei, acaba de ser padre por segunda vez. Hace meses decidió dejar su trabajo para dedicarse a tiempo completo al desarrollo de Xiuxiuejar, un nombre que eligió porque es una palabra que en catalán le gusta mucho porque «es muy suave y muy bonita» y, además, «se parece mucho a la palabra árabe, ‘waswasa’ que tiene un significado similar». Sin ningún tipo de subvención pública –una vía que descarta para mantener la neutralidad de la plataforma–, el mantenimiento de la base de datos, los servidores y las herramientas de inteligencia artificial le suponen un gasto creciente que asume de su propio bolsillo.
«No estoy ganando nada, estoy perdiendo mucho dinero cada mes», lamenta Khalawi, desmintiendo rotundamente aquellos comentarios que insinúan que el proyecto es una estafa o que no tiene costos. Además, la falta de recursos hace que tampoco pueda remunerar el trabajo de los voluntarios que gestionan la moderación, los cuales ya han comenzado a retirarse porque no puede pagarles nada. Para el ingeniero, el efecto de tener miles de cuentas inactivas es completamente contraproducente: «Cuantos más usuarios inactivos se crean, más se me incrementa el costo de la base de datos sin aportar ningún valor. Prefiero 1,000 usuarios activos que 20,000 fantasmas».
Desconexión en otoño y código abierto si no hay salida
Khalawi ha intentado sin éxito contactar con la Generalitat, ayuntamientos y grandes instituciones como el FC Barcelona para conseguir que se impliquen en la dinamización del espacio. Después de pedir financiación mínima para cubrir costos y no encontrar respuesta, ha decidido tomarse un paréntesis hasta finales de septiembre para valorar su futuro laboral y familiar. «Si no consigo despegar el proyecto, comenzaré a buscar trabajo ahora, y ya está», manifiesta el creador. Aunque la fecha límite teórica para el cierre era diciembre, el creador reconoce que el incremento de costos mensuales podría precipitar la decisión antes: «Cada mes es más difícil porque se va aumentando el costo porque cada vez hay más datos y más contenido». Con todo, asegura que si finalmente tiene que bajar la persiana, liberará el código de la red –código abierto– para que cualquier otra persona o entidad pueda tomar el relevo. «Yo hice Xiuxiuejar como la casa digital del catalán, un espacio propio. Pero si la gente no quiere estar en su propia casa, yo no tengo más energía para continuar solo», concluye.

