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Sergio López López, entrenador, alerta: «Si abrir un frasco cuesta o llevar bolsas pesa, puede haber pérdida real de fuerza»

Es un gesto cotidiano. Abrir un frasco de conservas, cargar las bolsas de la compra o enjuagar una bayeta. Fácil, casi automático, hasta que un día, de repente, te cuesta. La tapa se resiste demasiado. El peso de las bolsas te vence.

Y aquí es donde deberías activar la alerta. Porque no hablamos de un mal día, sino de un posible aviso silencioso que tu cuerpo te está enviando. Una señal que muchas de nosotras, sin saberlo, ignoramos con demasiada frecuencia.

Sergio López López, uno de los grandes expertos en entrenamiento y fisioterapia, lo tiene clarísimo. Este doctor en Actividad Física y Salud lanza un aviso contundente que debería resonar en nuestra cabeza (y brazos): «Si los frascos que antes abríamos sin pensar empiezan a costarnos, pero además nos cuesta llevar bolsas, escurrir una bayeta o sujetar objetos pesados, puede existir una pérdida real de fuerza».

Cuando abrir un frasco es una señal de alerta real

No, no se trata de hacer de cada frasco de mermelada una prueba de gimnasio. Lo que señala López López es la tendencia. Si antes lo hacías sin ni pensarlo y ahora cada vez es más y más difícil, es un patrón que debemos empezar a observar.

Porque abrir un frasco no es solo una cuestión de tener una buena fuerza de agarre en la mano. Es un gesto que exige una coreografía de movimientos: fuerza de rotación, movilidad de la muñeca y los dedos, y la coordinación de músculos que van desde los antebrazos hasta los bíceps y los hombros. Una compleja sinfonía muscular que, si falla, se manifiesta en estas pequeñas frustraciones diarias.

A veces son los pequeños detalles los que delatan un problema mayor. El cuerpo siempre habla, si sabes escuchar.

El experto aclara que una tapa imposible puede ser eso, una tapa imposible. Pero si, además, se te escapan los objetos de las manos con más frecuencia, o otras tareas antes sencillas ahora se convierten en un reto, es cuando debemos empezar a cuestionarnos qué está pasando. No es un error aislado, es una tendencia preocupante.

Cómo se mide tu fuerza (y por qué importa)

La fuerza de prensión se puede medir con un dinamómetro, un aparato que registra la presión que ejercemos con la mano. No es una excentricidad, sino una herramienta crucial en geriatría, por ejemplo.

De hecho, la fuerza de prensión funciona como un buen marcador global de fuerza muscular. Es tan relevante que forma parte de los criterios internacionales para identificar una posible sarcopenia, la pérdida progresiva y generalizada de masa muscular y fuerza. López López menciona valores clínicos de referencia, como por debajo de los 16 kilos en mujeres y 27 kilos en hombres, aunque alerta que deben interpretarse en el contexto de cada persona.

Estas cifras no son para autoevaluarte en casa, pero sí que nos dan una idea de la reserva muscular y funcional que tenemos. A partir de los 50 o 60 años, prestar atención a nuestra fuerza es imprescindible. De nuestra autonomía dependen muchas tareas diarias: desde cargar la compra hasta agarrarnos con seguridad a una barandilla.

Tu gimnasio doméstico: entrenar la fuerza a cualquier edad

¿La buena noticia? La fuerza no es un tren que se escapa sin retorno. El entrenador Sergio López López insiste: «La fuerza sigue respondiendo al entrenamiento incluso a edades muy avanzadas». Es decir, que nunca es tarde para comenzar a trabajarla y evitar que estas pequeñas dificultades se transformen en grandes limitaciones.

No es necesario matricularse en un gimnasio elitista. Puedes comenzar con trucos sencillos en casa. López López propone:

  • Prensar una pelota o un hand-grip: entre 10 y 15 veces.
  • Flexiones y extensiones de muñeca: con una mancuerna ligera, apoyando el antebrazo y moviendo solo la mano. 10-15 repeticiones.
  • Rotación de muñeca: sujetando la mancuerna y girando lentamente la palma hacia arriba y hacia abajo. 8-12 repeticiones por cada lado.
  • Sostener una mancuerna: durante 20 o 30 segundos sin doblar la muñeca. Repetir 3 veces.

Pero si hay un ejercicio que el experto recomienda por su eficacia y porque se integra perfectamente en nuestra rutina, es el farmer’s carry. Consiste en caminar con una carga en cada mano. Sí, has leído bien. Dos bolsas de la compra con un cierto peso pueden convertirse en un excelente ejercicio. Camina con ellas durante 30 segundos, descansa y repite tres veces. No solo trabajas las manos y los antebrazos, sino también los hombros, el tronco y las piernas. Una solución definitiva para tu fuerza.

La clave no es solo hacer más, sino hacerlo de manera inteligente. Los pequeños cambios suman una diferencia brutal a largo plazo.

Esta rutina se puede practicar dos o tres días por semana, con dos o tres series. Cuando los ejercicios te resulten fáciles, el secreto es aumentar la resistencia poco a poco. La solución no es solo entrenar las manos de forma aislada. Lo ideal es un programa de ejercicio multicomponente que incluya movimientos de empuje, de tracción y desplazamientos con peso. Mejorar la fuerza general te permitirá agarrar y sujetar con mucha más seguridad.

Pero atención: si aparece dolor, inflamación persistente, mucha rigidez, hormigueo o pérdida de sensibilidad, o una diferencia muy marcada entre las dos manos, no lo dejes pasar. Esto puede indicar un problema articular, tendinoso o neurológico que necesita una valoración profesional. Nuestra salud es prioritaria.

Nuestras manos son un espejo de nuestra fuerza general. Entrenarlas, y de rebote todo el cuerpo, es una inversión inteligente en nuestra autonomía futura. ¿Estamos realmente preparadas para abrir los frascos que nos pone la vida?

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