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Marcos Flórez, entrenador, aclara: «Elevar talones en sentadilla ayuda a bajar, pero no activa más tus cuádriceps»

Llevas años entrenando, sudando en cada sesión y buscando la técnica perfecta? Seguro que en el gimnasio has escuchado consejos que se repiten como un mantra, convirtiéndose en «verdades» que nadie cuestiona. Pero, ¿qué pasaría si uno de esos pilares de tu entrenamiento fuera un mito?

Hoy desvelamos un error común que podría estar saboteando tus resultados e, incluso, tu salud articular. ¿Estás preparada para la verdad definitiva que cambiará tu sentadilla para siempre?

Marcos Flórez, uno de los entrenadores más respetados, lo deja bien claro: «Elevar talones en sentadilla ayuda a bajar, pero no activa más tus cuádriceps». Una frase que derrumba muchas de las creencias arraigadas en nuestras rutinas.

La verdad oculta detrás de los talones elevados

Durante años hemos visto a gente poner un disco o una cuña bajo los talones para «mejorar» la sentadilla. ¿La idea? Lograr más profundidad, una señal universal de sentadilla bien hecha. Y sí, técnicamente, Flórez confirma que esta técnica facilita el descenso.

Pero aquí viene el truco: el verdadero motivo es que reduce la movilidad del tobillo que necesitarías para bajar de forma natural. Permite llevar las rodillas más adelante con menos esfuerzo y mantener el torso más recto. Es una solución rápida a una limitación, no un potenciador muscular.

A veces creemos que avanzamos, pero solo estamos poniendo parches. El secreto no es compensar una limitación, sino trabajarla.

La sensación de quemar más la parte anterior del muslo cuando elevas los talones tiene otra explicación. Si puedes bajar más, la repetición dura más. Esto significa un tiempo bajo tensión más largo, que sí implica más trabajo, pero no una mayor activación específica del cuádriceps por la posición del talón.

«El cuádriceps es un extensor de la rodilla, y el asunto está en la rodilla, no en el talón», subraya Flórez. Así que, si buscas más trabajo para tus cuádriceps, quizá solo debas hacer el movimiento más lentamente, manteniendo los talones en el suelo.

La veritat amagada darrere dels talons elevats

¿Profundidad a cualquier precio? este es tu error

Otro mito que Marcos Flórez quiere desmontar es la búsqueda obsesiva de la sentadilla más profunda. Muchas veces se nos dice que solo es buena si acercamos las caderas al suelo, pero la profundidad adecuada depende de muchos factores que nadie nos explica.

La movilidad individual, tu anatomía (la relación entre la longitud del fémur y la del tronco, por ejemplo) y tu capacidad para controlar la pelvis durante el descenso son claves. El límite principal para seguir bajando es la posición de la columna lumbar.

Si la pelvis comienza a girar y la zona lumbar pierde estabilidad, ganar unos centímetros más de recorrido deja de ser un beneficio. De hecho, puede convertirse en un riesgo innecesario para tus articulaciones. Una sentadilla con una técnica impecable, aunque no sea la más profunda, es siempre la mejor.

La «tribu» que rompe mitos: ni pies rectos ni edad límite

¿Recuerdas aquel consejo de poner los pies a la anchura de los hombros? Otra regla que no es universal. Flórez sugiere comenzar con una referencia cercana a la anchura de las caderas. Es aquí donde nuestro cuerpo transmite el peso de forma más natural.

Después, debes adaptar la posición a tu propia anatomía: la forma de las piernas, la orientación de las caderas y la comodidad de las rodillas. Incluso orientar los pies ligeramente hacia afuera puede ser beneficioso, permitiendo que las rodillas sigan esa dirección sin forzarlas hacia adentro.

¿Y la edad? También es una excusa sin fundamento. Elevar los talones no es cosa de «viejos» ni de «jóvenes». La necesidad de la cuña depende exclusivamente de la movilidad del tobillo y de las proporciones corporales, no de cuántos años tengas.

Si necesitas una cuña, asegúrate de que sea firme y de la altura justa. Un elemento blando o que se pueda desplazar añade inestabilidad a un ejercicio que ya exige mucha coordinación. Tu seguridad es lo primero.

Alternativas inteligentes para un entrenamiento definitivo

Marcos Flórez es claro: antes de convertir la cuña en un elemento imprescindible, busca otras opciones. No te conformes con la «solución» que esconde el problema. Existen alternativas inteligentes que te permitirán trabajar la fuerza de forma segura y eficaz:

  • Haz la sentadilla con el peso delante del cuerpo (como una goblet squat). Esto ayuda a equilibrarte y a mantener el torso más recto.
  • Utiliza una máquina multipower si necesitas ganar confianza y estabilidad inicial.
  • Cambia la sentadilla por un fondo o zancada. Permite trabajar cada pierna con una mecánica similar y ajustar mejor la inclinación y el recorrido.

La mejor sentadilla no es la que te hace sentir más dolor, ni la que te recuerda a la del vecino del gimnasio. Es la que te permite entrenar sin dolor, mantener una técnica correcta y con un recorrido que se adapta a tu cuerpo. Esta es la clave del progreso a largo plazo.

Esta información es un tesoro para nuestro entrenamiento. Dejar atrás los mitos y abrazar la ciencia es el camino hacia resultados reales y duraderos. ¿Estás preparada para reescribir las reglas de tu sentadilla y sentir la diferencia?

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