El largo juicio contra la familia Pujol Ferrusola empieza a parecer un disco de Fito & Fitipaldis: todas las jornadas, como las canciones del grupo bilbaíno, suenan igual. Así lo acredita la undécima jornada de la vista, celebrada este miércoles, que ha servido para remachar el clavo de las anteriores vistas. Es decir, los testimonios han insistido en que el proyecto mexicano de Azul de Cortés fue un buen negocio y no una simulación, como el fiscal Fernando Bermejo intenta vender al tribunal que preside José Ricardo de Prada.

La sesión ha continuado asomándose a Puerto Rosario, en Argentina, e indagando en las relaciones de Jordi Pujol Ferrusola con Inverama, la multinacional catalana del juego y apuestas heredera de Casinos de Catalunya. Precisamente, este ha sido uno de los puntos fuertes del día, porque el fiscal se ha visto con la necesidad de esgrimir el ‘caso casinos’, que generó una querella por presunto financiamiento ilegal de CDC y un persistente escándalo mediático, aunque se archivó en diciembre de 1998 sin ninguna condena ni al mismo Artur Suqué, propietario de la sociedad.

De hecho, Suqué y Casinos de Catalunya fueron carnaza para la policía patriótica y ya aparecían en las primeras listas negras de supuestos independentistas a investigar por el equipo del comisario José Manuel Villarejo. De ahí que hoy haya declarado como testigo el heredero de la fortuna de los Suqué, Javier, que precisamente no ha parecido la patata más crujiente de la bolsa y suerte ha tenido del exdirector administrativo de la sociedad, Jaume Ferré, que ha puesto en su sitio a la fiscalía. La defensa de Jordi Pujol Ferrusola solo ha tenido que formular una pregunta y le ha bastado.

Parte del diario de Villarejo del encuentro con De la Rosa el 10 de noviembre de 2012/QS
Parte del diario de Villarejo del encuentro con De la Rosa el 10 de noviembre de 2012 donde ya se menciona a la familia Suqué/QS

Inversiones en casinos

Javier Suqué ha declarado por videoconferencia frente a un tapiz con las inscripciones «Fides» e «Iustitia». Estaba citado por un contrato de Inverama con una empresa de Jordi Pujol Ferrusola en Argentina para intentar explotar casinos y un hotel en Puerto Rosario. De hecho, fueron unos contratos firmados por Artur Suqué. En un primerísimo primer plano, Javier Suqué se ha quitado las pulgas de encima advirtiendo que formaba parte del consejo de administración de la empresa, pero que no fue hasta el año 2018 que entró en el día a día de la compañía. Un dato que ha extrañado al fiscal, que tampoco había terminado de hacer los deberes en este cargo concreto.

«Sé poco sobre casinos en Argentina», ha apuntado Suqué cediendo la pelota a Jaume Ferrer, exdirector administrativo de Inverama, y a José Luis Guirao. Eso sí, ha admitido que su padre tenía amistad con la familia Pujol, pero ha matizado que él no la tenía. La curiosidad, sin embargo, de este testimonio es que, aunque el auto del juez dedica todo un largo apartado a analizar los contratos y las facturas que el instructor y la fiscalía consideraban simuladas para trabajar en Argentina, nunca se imputó a la familia Suqué en el presente procedimiento contra los Pujol Ferrusola.

Jaume Ferrer, exdirector administrativo de Inverama durante su declaración/QS
Jaume Ferrer, exdirector administrativo de Inverama durante su declaración/QS

Después de Suqué, ha sido el turno de Jaume Ferrer, que ha detallado cómo Project Marquèting, la empresa de Pujol Ferrusola, hizo una «oferta para asesorar» a Inverama para inversiones con «grupos locales» en Argentina. Un acuerdo que negoció Guirao, consejero delegado que ya ha muerto. Cuando el fiscal le ha preguntado por las facturas que pagó a Project Marqueting, Ferrer las ha aceptado advirtiéndole que como director administrativo «pagaba cientos de facturas». En definitiva, que la inversión se hizo aunque no terminó de prosperar por el poco rigor de los socios argentinos.

Las sospechas del abogado del Estado

Por otra parte, el abogado del Estado José Ignacio Ocio, que vuelve a recordar a los testigos que actúa en representación de la Agencia Tributaria, ha querido hacer notar al tribunal que el testigo Ferrer tenía un «papel delante» y lo miraba a menudo cuando respondía. Ferrer ha levantado la ceja, molesto, y ha pedido replicar al letrado. «Sí, es mi declaración ante la UDEF, en la que me ratifico». El silencio se ha hecho notar y Ocio ha reculado.

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