El pasado viernes nos dejó Blanca Serra i Puig (1943-2026). Los diversos comunicados de prensa la definían como una militante histórica del movimiento independentista, y la mayoría recordaban la resolución reciente que la reconocía como víctima de torturas en la comisaría de Via Laietana al mismo tiempo que exoneraba de toda responsabilidad a sus responsables. En buena parte de las noticias de su fallecimiento se percibía la incomodidad o la incomprensión que inspiraba el personaje. Como ocurre cada vez que alguien relevante nos deja, la pregunta clave es, ¿quién era? Y una existencia larga y activa exige algo más que etiquetas simples como “activista”, “independentista histórica”, “filóloga”, o, sobre todo “víctima”.

En una valoración más completa, se debería hablar de Blanca Serra como figura histórica trascendente del independentismo que estuvo en primera línea de un movimiento desde la precariedad de sus inicios hasta la hegemonía política del Proceso, y que aún hoy constituye el factor político más importante de la vida política catalana. En medio, asistimos a todas las etapas y vicisitudes de un movimiento independentista que, si bien bastante bien historiado, es desconocido para el gran público.

Sellos editoriales como Edicions del 1979, Rafael Dalmau Eds, o El Jonc nos han permitido reconstruir una historia de clandestinidades, exilios, represión, escisiones, debates internos, confrontaciones, aunque también de organización, creación de discurso, labor organizativa hasta construir un independentismo sólido y potente, con capacidad de confluir con cualquier sensibilidad política y, si nos atenemos a los datos del CEO, entre personas que tienen el catalán como primera lengua, mayoritario. No obstante, precisamente porque el independentismo representa la máxima amenaza para el régimen del 78 (a su vez, la consolidación del orden franquista), no basta con reprimir y perseguir a los independentistas, sino también dificultar su conocimiento o confundir la opinión pública sobre su naturaleza, estructura, discurso o estrategia política. O difamarlo. O, como suele ser la tendencia mayoritaria, silenciarlo, especialmente desde los medios de comunicación de mayor difusión o mejor conectados con las estructuras de poder.

Una verdadera estirpe independentista

Y es aquí precisamente donde encontramos la importancia del personaje. Blanca Serra i Puig, hija del arqueólogo e historiador Josep de Calassanç Serra i Ràfols (1902-1971) –también independentista activo durante la década de 1930–, hermana de Eva Serra i Puig (1942-2018) –probablemente una de las historiadoras más relevantes sobre la historia agraria y política de la era moderna, comparable en relevancia a Josep Fontana–, y hermana también de Josep Calassanç, Cala, Serra i Puig (1951-2011) –activista cultural en el Rosellón, impresor destacado– formaba parte de una verdadera estirpe independentista, comparable al clan Montseny en cuanto al anarquismo cultural. Los cuatro personajes, el padre, las dos hermanas y el hermano, tuvieron un papel determinante en la creación de organizaciones independentistas y visibilidad pública durante el franquismo y su continuación constitucional –en el caso del hermano menor, fue uno de los fundadores de Terra Lliure y pasó la mayor parte de su vida en el exilio rosellonés.

Josep de Calassanç Serra, germà de Blanca Serra, mort el 2011, en una imatge difosa per la Comissió Homenatge Cala / ACN
Josep de Calassanç Serra, hermano de Blanca Serra, fallecido en 2011, en una imagen difundida por la Comissió Homenatge Cala / ACN

Probablemente, de la familia Serra, Blanca fue la persona que tuvo un papel más activo, visible, regular e insistente en el movimiento. Esto significa que formó parte del selecto grupo de activistas que lo pilotaron –si me permiten la referencia bíblica– cuarenta años por el desierto, de la marginalidad política hasta los alrededores de la tierra prometida. Y, como Moisés y buena parte de su familia, no pudo llegar. No obstante, los méritos son muchos y los reconocimientos, aún escasos y pendientes. En cualquier caso, la suya fue una biografía llena de vicisitudes enfrentadas con una gran paciencia y determinación.

Eva Serra, germana de Blanca Serra, el 2004 al Museu d'Història de Catalunya / Wikimedia Commons
Eva Serra, hermana de Blanca Serra, en 2004 en el Museu d’Història de Catalunya / Wikimedia Commons

PSAN, MDT, Assemblea de Catalunya y Poble Lliure

Blanca Serra, en una época en que no era habitual la presencia de mujeres en la primera línea política, empezó muy joven en el Front Nacional de Catalunya (1960-1969). Imbuida de una ideología marxista leninista, participó en la escisión de este histórico movimiento para crear el Partit Socialista d’Alliberament Nacional (PSAN). Posteriormente, en 1973, participó junto con sus hermanos en la escisión del partido –el PSAN provisional– debido a las discrepancias sobre el grado de radicalidad social y una estrategia favorable a la lucha armada en el contexto de la dictadura, y una orientación favorable a la revolución de las clases populares. Estas formaciones, también a partir de una dinámica de fragmentación del independentismo extraparlamentario, llevaron a nuevas entidades y organizaciones, como el Moviment de Defensa de la Terra. Posteriormente, su militancia la llevó a Poble Lliure y, ya convertida en un icono de la trayectoria independentista, a ocupar puestos en las listas de la CUP tanto en las elecciones autonómicas de 2012 como, en un lugar simbólico, en las municipales de Barcelona en 2015. Entremedio, Blanca participó, en representación del Col·legi de Doctors i Llicenciats, en la creación de la Assemblea de Catalunya (1971). En otros términos, los hermanos Serra, en un contexto internacional en el que diversos movimientos de izquierda radicalizados hacían una enmienda a la totalidad del orden capitalista, actuaron como resistentes, no solo contra la dictadura, sino contra la opresión nacional y de clase con planteamientos estratégicos de una contundencia que solo podemos entender desde el contexto histórico del momento.

Blanca Serra, històrica activista catalanista. Barcelona 08.07.2025 | Mireia Comas
Blanca Serra el 8 de julio del año pasado, cuando recibió El Món para una entrevista en su casa | Mireia Comas

Su evolución posterior fue, en cierta manera, muy similar a la de su espacio político. Su espacio de Transición significó una dinámica de inclusión / exclusión a partir de las posibilidades de entrar en el nuevo régimen político de democracia vigilada y monarquía constitucional. Esto, por supuesto, conllevó aún más rupturas internas dentro de la plural oposición antifranquista, buena parte de la cual quedó absorbida por el sistema, que, con la restauración de la Generalitat, y a partir del sistema de partidos políticos, permitió integrar a buena parte. No fue el caso del independentismo, y aún menos de Serra. Con los mismos tribunales y la misma policía, la represión, la violencia estatal, la persecución continuó contra la disidencia independentista, convertida en el principal blanco de las nuevas autoridades constitucionales. De hecho, si bien la intensidad represora disminuyó, el trato no experimentó grandes cambios esenciales entre los primeros años de la teórica democracia y los últimos años del franquismo, especialmente durante la década de 1980, y a raíz del Proceso, especialmente durante el bienio 2017-2019. 

Detenciones y torturas en Via Laietana

Es aquí donde el historial de Blanca Serra ejerce de prueba del algodón (no superada) del régimen político actual. Exiliada en 1975 –la muerte de Franco la encuentra en la Cataluña Norte–, retornada en 1976, será detenida en 1977, acusada de colaborar con ETA. En 1980 volverá a ser detenida y llevada a Madrid al amparo de la ley antiterrorista. El episodio se repetirá en diciembre de 1981, acusada de colaborar con Terra Lliure. En marzo de 1982, probablemente el caso más conocido, será encarcelada de manera preventiva, acusada de sedición y apología de la rebelión por haber sostenido, con cinco militantes más, una pancarta donde estaba escrita la palabra “independencia” en una manifestación contra la LOAPA (la ley aprobada a raíz del golpe de estado de 1981 y consistente en diluir la autonomía catalana poniéndola al mismo nivel que el resto de dieciséis comunidades autónomas, la mayoría de las cuales, artificiales). 

Blanca Serra saludant abans d'entrar a declarar a la Fiscalia de Memòria Democràtica sobre la denúncia per les tortures a la comissaria de Via Laietana / ACN
Blanca Serra saludando antes de entrar a declarar en la Fiscalía de Memoria Democrática sobre la denuncia por las torturas en la comisaría de Via Laietana, en mayo de 2025 / ACN

En todas y cada una de sus detenciones, en la comisaría de Via Laietana, 43, fue torturada y vejada, tal como reconoce la fiscalía. Fue víctima de ahogamientos con bolsas en la cabeza, golpes sistemáticos (con lesiones) en las plantas de los pies, humillada por su condición de catalana, amenazada con violencia sexual y todo el repertorio habitual que ha convertido este siniestro edificio en el Abu Ghraib de Europa occidental. A pesar de esto, como así marca la naturaleza de la Transición, los mismos tribunales han evitado depurar responsabilidades haciendo ver que son incapaces de identificar a unos agresores que lo hacían de manera sistemática contra la disidencia y que también han actuado recientemente contra los independentistas durante los últimos años, especialmente a raíz de la batalla de Urquinaona de hace menos de siete años.

Catedrática de secundaria, profesora de catalán

Más allá de su vida política, cabe destacar de Blanca Serra que estudió filología catalana en la Universitat de Barcelona y se dedicó profesionalmente a la docencia en secundaria. Fue catedrática en el Institut Narcís Monturiol de Montbau, y participó, también, en el intento de crear un sindicalismo educativo en torno a la Intersindical-CSC. Se dedicó con intensidad a la defensa del catalán, su presencia pública e institucional y a su calidad lingüística.

Participación en el inicio de la ANC

Sin retirarse nunca de la vida política y pública, también de manera paralela a la evolución del independentismo, tuvo una presencia constante en las diversas iniciativas que, con el cambio de siglo permitieron pasar de la marginalidad política, a una presencia consistente, y posteriormente, en el crecimiento del movimiento hasta que este tuvo suficiente fuerza para cambiar los equilibrios políticos que llevaron, primero, a la crisis del autonomismo, y posteriormente, a hacer de la independencia una causa asumida mayoritariamente por la población nacionalmente identificada como catalana. Esto implicó su participación en la creación de la ANC –formó parte del primer Secretariat Nacional– en 2012 y en la celebración de los referéndums municipales por la independencia (2009-2011). Ya reconocida como figura histórica respetada, su presencia en actos, debates y eventos era prácticamente constante. Esto también implicaba su papel en el movimiento por la memoria histórica y la transformación radical de la percepción de la historia reciente, que conlleva el descrédito de la Transición y la inconsistencia y fragilidad del autonomismo. De hecho, todo lo que rodea el caso de las torturas en Via Laietana –un secreto de dominio público– han ayudado a una toma de conciencia nacional sobre la relación entre Cataluña y España como una dinámica de violencia / represión, que puede variar en grado, aunque no en presencia, en función de los regímenes de turno o de los equilibrios políticos circunstanciales.

Es por eso que su desaparición va mucho más allá de lo que muchos opinadores querrían. No se trata de una víctima (al fin y al cabo, las torturas no son una causa, sino una consecuencia de una opresión nacional) sino de una resistente, un icono popular, alguien capaz de dedicar toda su vida a la libertad de su país. Y es esta la verdadera naturaleza del personaje, su trascendencia histórica.

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