El independentismo catalán vive los eventos deportivos internacionales, como la Copa del Mundo de fútbol, desde la distancia, porque Cataluña no tiene una selección reconocida internacionalmente que la represente en el torneo. La contradicción resulta evidente al observar el mapa del fútbol global: Escocia compite en la Copa del Mundo sin ser un estado independiente, y Curazao hace lo mismo sin ser un estado soberano, pero Cataluña queda excluida. En este escenario de orfandad competitiva y con estas dos selecciones ya eliminadas, el independentismo suele aliarse con otras selecciones participantes, y este año Noruega –que se separó pacíficamente de Suecia en 1905 mediante un referéndum– es una de las selecciones que despiertan más simpatías. Los noruegos han hecho una gran fase de grupos y disputarán este domingo los octavos de final contra Brasil. Además, sus aficionados han viralizado un ritual –bautizado como «remo vikingo»–, que va desde los estadios donde se juegan partidos de la competición internacional hasta las calles del país nórdico, para demostrar al mundo entero que todos reman en la misma dirección y con un solo grito para animar a su equipo a hacer historia.
Pero para entender por qué Noruega puede despertar algo más que simple simpatía deportiva, es necesario analizar el perfil del país que sostiene la selección de Haaland, Ødegaard y compañía. Noruega representa hoy un paradigma de éxito en soberanía, bienestar y cohesión social. Y cumple todos los requisitos para ser un espejo para Cataluña y ejercer sobre la misma fascinación que siente por su país vecino la serie de Aina Clotet Això no és Suècia.
Un proceso de independencia modélico y un caso de éxito como país
Lo que en 1905 comenzó con una ruptura política limpia y democrática –donde el 99,95% de los votantes masculinos apoyaron la disolución de la unión con Suecia y las mujeres recogieron casi 280.000 firmas de apoyo– se ha convertido en uno de los estados más avanzados y ricos del planeta. El cónsul general de Noruega en Barcelona, Anders Braekken, explica a El Món que el país suele estar «muy arriba» en rankings como el índice de felicidad de las Naciones Unidas. En este sentido, puntualiza que no es porque los noruegos estén sonriendo todo el día, sino porque cuestiones como la sanidad o la educación «son gratuitas para todos». «Si tienes una sociedad bien educada, con acceso a los servicios básicos y con un buen poder adquisitivo, en parte, porque encontramos el oro negro en el mar, Noruega es un caso de éxito como país y como sociedad. Desde el individuo y los diferentes ámbitos sociales», destaca Braekken.
Sobre la sociedad noruega, el cónsul destaca que, a raíz de los bombardeos de los alemanes durante la Segunda Guerra Mundial, emergió un «espíritu de solidaridad» para reconstruir el país de nuevo. Desde entonces, destaca, que se mantiene este espíritu de trabajar por el bien de los demás a pesar de que los noruegos son «muy individualistas», pero también muy respetuosos, y señala que «está mal visto» que presuman de su riqueza.
La referencia al «oro negro» del cónsul conecta con el hecho de que la soberanía noruega demostró su visión estratégica a partir de la década de 1970, con el descubrimiento de petróleo en el Mar del Norte. Lejos de caer en la dependencia del crudo, el país creó el Fondo Global de Pensiones del Gobierno (conocido como el Fondo del Petróleo), que hoy gestiona más de 1,4 billones de dólares invertidos en todo el mundo. Este colchón financiero es el que financia su estado del bienestar, que cuenta con una de las tasas de desigualdad más bajas del mundo. Sus principales industrias actuales se centran en extracción y exportación de petróleo y gas natural, energías renovables (el 95% de su electricidad doméstica proviene de la energía hidroeléctrica) y el sector marítimo y de exportación de pescado (líderes mundiales en acuicultura de salmón).
«Es importante tener en cuenta que la industria de petróleo y gas es más grande que la suma de las diez industrias siguientes más relevantes del país», apunta Anders Braekken, quien recuerda que hace una década se decidió que Noruega no produciría nada de combustible fósil en el año 2050. De hecho, en este sentido, señala que el 95% de la energía que se consume en Noruega es hidroeléctrica. Es decir, proviene de todos los ríos, cascadas que hay en todo el territorio, que tiene una superficie muy grande: «La distancia desde el punto más al sur de Noruega hasta el punto más al norte es la misma distancia que de Oslo a Barcelona». Aun así, el cónsul señala que a raíz de la invasión de Rusia a Ucrania, «toda Europa está pidiendo petróleo y gas de Noruega» y, por este motivo, cree que Noruega continuará extrayendo petróleo y gas más allá de 2050.
Ro i salen. Heia Norge! 🇳🇴⚽️ pic.twitter.com/Kse8TC4gpW
— Stortinget (@Stortinget) June 18, 2026
El testimonio de un catalán que vive y trabaja en Oslo desde hace cuatro años
Anders Braekken cree que no hay muchas similitudes entre el carácter noruego y el catalán, aunque en Europa «las diferencias son cada vez más pequeñas». Piensa que los noruegos tienen más en común con comunidades abiertas al Atlántico, como el País Vasco. «Llevan unos cuatrocientos años de comercio por esta vía, o incluso los vikingos que bajaron por toda la costa hace más de mil años… El carácter atlántico en el norte de España es más parecido al nuestro que el mediterráneo», concluye. Aun así, Guillem Allepuz, un catalán que lleva cuatro años viviendo y trabajando en Oslo, opina, en conversación con este diario, que los noruegos son gente «reservada, pero a la vez muy apasionada» y cree que el seny es algo que acerca a la sociedad catalana con la noruega. «Incluso, quizás nos ganan», resume.
Guillem describe también cómo se está volcando el país con la histórica trayectoria de la selección noruega de fútbol en el Mundial –donde ganaron su primer partido eliminatorio y se preparan para enfrentarse a Brasil–, una locura colectiva que se respira en la calle y en los transportes públicos: «He visto muchísima gente en la calle… Todos los metros llenos a rebosar de gente que lleva la camiseta y hace el ritual de remar.» «El martes fue el primer partido eliminatorio que nunca habían jugado en un Mundial. Y no solo eso, sino que fue el primero que ganan. Entonces, claro, la gente está eufórica», subraya. El ritual del remo no se hace solo en los estadios donde juega la selección, sino también en escuelas o incluso en el Parlamento, con todos los diputados entregados, y se ha viralizado en todo el mundo. Según el cónsul noruego, representa la imagen de un país remando todos en la misma dirección.
¡Así festejó #Noruega 🇳🇴 su triunfo sobre Costa de Marfil con el legendario grito vikingo! ⚔️🛡️
— Diario El Fortín 📱 (@diarioelfortin) June 30, 2026
La afición noruega, fiel a su tradición, volvió a encender el estadio con su icónico “remo vikingo”: miles de seguidores corearon al unísono mientras simulaban remar como antiguos… pic.twitter.com/LsrEopKEK5
El regreso a la élite futbolística casi tres décadas después y el reto de volver a derrotar a Brasil
Esta misma solidez institucional y planificación a largo plazo es la que ha terminado floreciendo en el terreno de juego, rompiendo una letargia deportiva de casi tres décadas en cuanto al fútbol, ya que Noruega es un país muy poderoso en los deportes de invierno –ocuparon el primer lugar del medallero en los últimos Juegos Olímpicos de invierno. A pesar de exportar talentos de primer nivel a las mejores ligas de Europa, sobre todo a la Premier League inglesa, la selección nacional parecía condenada a ver los grandes torneos por televisión y solo ha participado en cuatro ocasiones en la fase final de un Mundial. La última vez que los aficionados vistieron las calles de Oslo con el rojo y azul de su bandera en un Mundial fue en 1998 en Francia, donde derrotaron a Brasil de Ronaldo, Rivaldo, Dunga, Roberto Carlos y Cafú, entre otros. Este domingo, tienen la confianza por las nubes porque, como explica Guillem, los noruegos ven posibilidades de derrotar otra vez a la pentacampeona del mundo, porque consideran que «no está en su mejor momento». «Ellos confían en ganar», añade. «Hay una fiesta nacional en todo el país», concluye Anders Braekken.

