Judit Neddermann (Vilassar de Mar, 1991) es una de las voces más personales de la industria musical catalana. Con seis discos publicados y colaboraciones con artistas del nivel de Joan Manuel Serrat o Alejandro Sanz, la cantautora ha construido un universo donde el pop, el folk y el jazz se mezclan con influencias brasileñas y una marcada sensibilidad poética. Ella canta en cuatro lenguas, pero siempre le nace hacerlo en catalán cuando realmente quiere sincerarse en sus canciones. El Món habla con la artista ahora que celebra los diez años de trayectoria con una producción sinfónica con la GIO Symphonia, que revisita su repertorio en diálogo con una orquesta de 21 músicos y su banda.
Celebras los 10 años de trayectoria con una iniciativa muy diferente que permitirá redescubrir tu música, ahora con el acompañamiento de la orquesta GIO Symphonia. ¿Por qué esta manera de celebrarlo?
Comenzaba a notar el peso de todo lo que he trabajado después del cansancio acumulado y la sensación de llevar muchos años picando piedra. Y, por eso, conmemoré esta primera década de la mano de Pau Figuera con quien he hecho un disco más pausado para frenar la inercia que llevaba de ir cambiando de formato constantemente. Y en medio del relax de una gira más íntima, me llamaron desde la GIO Symphonia para proponerme hacer una serie de conciertos con mi repertorio arreglado para orquesta. No puedes ni imaginar la emoción, era como el concierto más bonito que yo me podía imaginar con mis canciones, con orquesta y con mi banda. No creía que me estuvieran proponiendo un proyecto de esta envergadura, yo ni lo hubiera empezado porque de entrada hubiera pensado que no era viable económicamente. De inmediato encontramos la complicidad del Auditori de Girona y nació todo de forma muy fácil. Lo vivo como si me hubieran dado un premio, sobre todo después de que aceptaran que los arreglos los hiciera Joan Albert Amargós. Estoy tan emocionada. Es la sensación preciosa de poder recolectar un fruto muy especial.

¿Qué verán los fans en estas actuaciones? ¿Les sorprenderá la combinación de la poesía de las canciones y los colores que aporta la orquesta?
Nunca han sentido mis canciones así. Habrá 26 músicos en escena, lo que nunca ha pasado, y con un director que ya es un reclamo por sí mismo. Los arreglos son muy buenos y sé que irá muy bien, sobre todo porque permite que se cree un mundo nuevo dentro de la música que ya conocen. Se pondrán las gafas de Amargós, que siente mucha más música que nosotros y que eleva los temas.
Normalmente, los músicos de orquesta van vestidos de negro, pero aquí irán todos de rojo. ¿Qué hay detrás de esta decisión?
Recuerdo que me sorprendió mucho cuando me lo dijeron, pero me encantó y me pareció una idea magnífica que busca huir de esta idea clásica en la que los músicos van de negro y, a veces, están en la penumbra. Es una manera de reivindicar la figura de los músicos y que sus cuerpos sean como los volúmenes de la escenografía para que aporten movimiento. Yo me siento música, pero cuando veo a un músico tocar un instrumento siempre me parece una maravilla. Es magia y una maravilla de la naturaleza. Que estén vestidos de rojo y que los músicos sean tan importantes en este proyecto va muy alineado con lo que yo siempre he sentido y lo que he intentado hacer en el escenario, también. Iré de blanco, seguramente, también como una manera de que ellos tengan su rol.
¿Este gran proyecto llega al punto máximo de su madurez artística?
Es mi mejor momento musical, sin duda, y el más maduro hasta la fecha. No te lo podré responder hasta que tenga 70 años, por eso, ya que necesitas tiempo para tener más lucidez y perspectiva. Sí que te puedo decir que, afortunadamente, yo todavía siento que estoy avanzando. Estudio y estoy muy preocupada por cantar cada vez mejor porque esto me da mucha energía. Y ahora esta no es la tónica habitual, ahora hay muchas herramientas que permiten que el oficio de la voz no sea una condición sine qua non para ser cantante profesional. Se debe reivindicar el oficio de la voz, es muy importante. Y, por ejemplo, ahora mismo estoy más centrada en mejorar mi expresividad y encontrar más verdad en cada momento que canto. Y estoy contenta porque en la gira con Pau he notado mucho cariño del público, que se ha emocionado y ha acabado de pie.

En un momento de boom de la música comercial y de autotune, ¿cree que es más difícil querer ser una artista más íntima y más pausada?
Evidentemente que cuesta más, directamente ni lo comparo. Es abismal la diferencia del reclamo digital de este tipo de música más bailable en comparación con las canciones de autor. No obstante, a mí este es un mundo que me inspira mucho y como tengo el gran privilegio de poder vivir de mi proyecto, pues me siento muy plena en este sentido. Sí que es cierto que ser cantautora hace que no me pueda relajar y, a veces, me veo en una rueda de trabajar para poder alimentar este mundo que es muy concreto y no tan masivo. Sí que hay público, hay un público sensible y un público que confía. Confío en que no muera este tipo de música y creo que no lo hará porque tengo la sensación de que la gente también necesita estos espacios de calma; música que sea más un abrazo y que la sientas más tuya. En este sentido, sí que siento que hago una labor más que un trabajo. Creo que precisamente en Cataluña somos un grupo de artistas comprometidos con la canción, con la palabra, con el sentimiento, con la música artesanal y de la vibra.
La música de autor siempre se ha cuidado mucho en Cataluña, ¿quizás porque es un público más sensible?
Sí, puede ser. Y tengo la sensación de que es un público muy capaz de valorar la música de calidad.
La mayoría de tus canciones son en catalán, pero también tienes en otros idiomas. ¿Cantar en tu lengua tiene algo que no tiene cantar en otro idioma?
Sí, a mí me emociona mucho cantar en catalán. Canto en otras lenguas porque soy muy amante de los idiomas y en los otros encuentro cosas diferentes como las pequeñas improvisaciones del momento que acaban siendo diferentes si estás cantando en otro idioma. Lo que sí siento es un amor incondicional por el catalán y también por la música en catalán. Cuando realmente hago una canción con la que quiero trasladar algo muy y muy profundo y sincero, me sale hacerlo en catalán.

¿Considera que los cantantes catalanoparlantes tienen la oportunidad de acercar la lengua a través de la música?
Por supuesto. De hecho, hay gente que me escribe y me dice que ha aprendido catalán a través de mis canciones. Me emociona mucho, ya que yo intento ser poética dentro de mis posibilidades, pero también hago letras muy cotidianas. Cuando me dicen eso, pienso que las letras tienen otras funciones. Quizás te acerca mucho al momento de sentir la canción, hace que la entiendas diferente como si alguien te lo estuviera explicando.
Tus letras son muy personales, hasta el punto que parece que te sirvan de catarsis. ¿No te hace pensar que estás siendo demasiado transparente?
No, no, al revés. Para mí es muy catártico poner exactamente lo que siento. Y después de todos estos años, veo que no me da miedo abrirme demasiado porque siento que tiene un sentido. Yo comparto las alegrías y las tristezas, pero desde la aceptación y la paz que te da saber que la vida es una montaña rusa. Cuando la gente me escribe y me dice que la música que hago les ayuda mucho, que les ha acompañado en el parto o en el duelo… Buf.
Debe ser impactante sentir que letras sobre tu vida han tenido un impacto así en otras personas que ni siquiera te conocen.
Hace poco, me escribió un chico y me dijo que su pareja había muerto de cáncer con solo 25 años. Resulta que habían escuchado mucho mis canciones juntos y que, una vez había muerto, él había comenzado a venir a mis conciertos con la hermana y la madre de la chica. Estaban compartiendo esta manera de hacer el duelo a través de mis conciertos. Yo me expongo mucho, pero es un honor poder tener un retorno como este. Si hiciera música desde un lugar más comercial, esto no me pasaría. Me siento plena y siento que cosas así me dan pilas para continuar por este camino. O, por ejemplo, cuando viene algún fan a un concierto y me dice que no había venido nunca todavía. Y me sorprende, teniendo en cuenta que Cataluña es tan pequeña que parece imposible que después de 12 años no hayan venido nunca.

La gente va a cada vez más conciertos, pero se oyen muchas críticas por las largas listas de espera que se tienen que hacer para conseguir entradas y los precios altísimos que tienen.
Es escandaloso y me parece muy preocupante. O sea, que la tendencia sea ir a macroconciertos tan caros ahoga la escena pequeña. Yo hablo con muchas compañeras y compañeros que preparan un disco con todo el cariño, que son discos excelentes y todo el mundo padece hasta el último momento para ver si llenará la sala que ha alquilado. Y entiendo que los macroconciertos son necesarios, pero son los otros los que alimentan el alma. Estoy un poco preocupada por el panorama porque se tiene que encontrar un equilibrio entre unos y otros. En mi caso, he llenado todos los conciertos de la última gira… pero es difícil.
¿Cómo ve, desde dentro, el sector de la música en catalán?
Lo veo en un muy buen momento porque cada vez hay más artistas en catalán. Antes, la opción fácil era cantar en castellano y no en catalán para llegar a más gente y eso ya no es así. Es más, creo que en Cataluña si cantas en castellano tienes menos opciones de triunfar que si cantas en catalán. Te diría que hoy en día, en Cataluña abre más puertas cantar en catalán que hacerlo en castellano. Si cantas en castellano y quieres que te escuchen, tienes que ir a vivir a Madrid a pesar de que ya tengas toda una carrera hecha. Y me hace muchísima ilusión que haya tantísima gente de tantos estilos diferentes haciendo música en catalán. Hay más cantidad de artistas en catalán, pero también más calidad porque está saliendo una generación de cantautores increíbles.
Cada vez hay más artistas mujeres haciendo música en catalán y usted lo sabe bien, que organiza el Festival Floral en Vilassar.
Sí, llegamos a la quinta edición y lo que hacemos es programar proyectos liderados por mujeres. Estoy muy contenta y muy orgullosa porque son cinco años de festival en los que reivindicamos todo esto.

¿Qué proyectos futuros tiene entre manos? ¿Qué encontrarán sus fans?
Acabo de comenzar un proyecto con el trío Fortuny, que también han celebrado diez años de historia. Con Marc Heredia al piano, Pau Codina al cello y Joel Bardolet al violín. Son tres músicos excepcionales con los que haremos un disco de canciones tradicionales catalanas. Ellos vienen de la música clásica, así que hibridaremos los dos mundos. Grabar este disco ha sido una de las experiencias más bellas que he vivido. Entre los clásicos que cantaremos hay éxitos como Muntanyes regalades, La cançó del lladre… Nos apetece mucho. Además, somos de la misma generación y nos hace ilusión hacer algo tan folclórico, la canción popular catalana que me inspira.

