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La falta de confianza de los ciudadanos en el sistema de partidos crece de manera sostenida desde 2024. Según los datos comparados de las diferentes oleadas del Barómetro de Opinión Política del Centro de Estudios de Opinión (CEO) –incluyendo la segunda y la tercera oleada de 2024, las de 2025 y el último estudio de 2026–, la opción que asegura que «ningún» partido está capacitado para resolver los grandes retos del país se ha situado de manera permanente al frente en todas las áreas de gestión, con porcentajes alrededor del 30%, en algunos casos del 31% o el 32%. Uno de los elementos más llamativos de esta tendencia es el elevado peso del volumen de respuestas de «no lo sabe o no contesta», que oscila de manera recurrente entre el 16% y el 22% según el ámbito y el barómetro analizado. En consecuencia, la agrupación de ambos factores pone de manifiesto que la suma de «ningún» y «no lo sabe» roza o supera claramente el 50% de los encuestados en la práctica totalidad de las materias desde hace años.

El análisis de la serie histórica desde 2024 muestra cómo el rechazo a la clase política no es un fenómeno pasajero sino una tendencia consolidada. Ya en la segunda y la tercera oleada de 2024, la opción «ningún partido» lideraba las respuestas, con porcentajes de entre el 28% y el 37% en materias como el crecimiento económico, la seguridad pública o la reducción de la pobreza. Esta desafección continuó marcando los barómetros de 2025, con registros del 27% al 28%, para acabar repuntando con fuerza hasta superar el 30% y rozar el 33% en el último estudio de 2026. De hecho, en el último barómetro solo PSC, ERC y Junts aparecen como un actor recurrente que puede dar respuesta a las problemáticas del país, pero siempre con porcentajes inferiores a los que consideran que no hay «ningún» partido que pueda hacer frente a los problemas del país, mientras que PP, Vox, Comuns y Aliança Catalana solo aparecen como actores a tener en cuenta en algunos de los problemas. La CUP es el único partido que no aparece como un actor que podría solucionar alguno de los seis problemas que señala el barómetro.

Esta dinámica de escepticismo generalizado ha afectado de manera directa a las formaciones tradicionales, especialmente el PSC, que a pesar de mantenerse de manera recurrente como la fuerza con más apoyos entre quienes eligen una opción partidista, ha sufrido notables oscilaciones y un desgaste progresivo en la percepción de su capacidad real de resolución de problemas. En el ámbito de las relaciones entre Cataluña y España, por ejemplo, el PSC se ha movido tradicionalmente en porcentajes alrededor del 25% al 27%, pero se ha visto interpelado directamente por un bloque sólido de rechazo general y de dudas que a menudo iguala o supera estas cifras, evidenciando la división y la falta de consenso generalizada sobre qué espacio político puede encabezar con garantías el diálogo territorial. Este fenómeno refleja cómo el espacio socialista, a pesar de conservar una posición central en la preferencia de los ciudadanos, choca con una barrera invisible de desafección creciente que cuestiona su capacidad para enfrentar los problemas estructurales que sufre el país.

Resultados del último barómetro del CEO / CEO

Los partidos independentistas tampoco convencen

Las principales fuerzas del independentismo tampoco lo logran y se mantienen en registros discretos y sin capacidad de articularse como una alternativa de amplia mayoría, con porcentajes bajos a lo largo de todos estos ciclos de encuestas. Esta falta de tracción se refleja en el hecho de que Esquerra Republicana y Junts per Catalunya mantienen una presencia claramente secundaria y marginal en la gran mayoría de indicadores de gestión sectorial, con datos de aceptación que oscilan de manera general entre el 5% y el 14% dependiendo de la materia analizada, tanto si se trata de favorecer la convivencia, mantener el orden y la seguridad pública como de impulsar el crecimiento económico.

En la misma línea, la CUP aparece de manera intermitente en oleadas previas del último barómetro –con porcentajes discretos alrededor del umbral mínimo de representación o en torno al 4% en materias como la reducción de la pobreza o la gestión de servicios públicos–. Estas cifras demuestran que el independentismo tampoco logra romper la barrera de la desconfianza ciudadana ni posicionarse como una alternativa de gobierno sólida o una solución transversal a los problemas cotidianos, quedando al margen de las preferencias de la mayoría de los encuestados.

Seguridad y pobreza: el peso de los indecisos y el rechazo global

La radiografía que ofrecen los sucesivos barómetros desde 2024 hasta 2026 confirma que ámbitos críticos como la seguridad ciudadana, la gestión de los servicios públicos o la lucha contra la pobreza provocan los niveles más altos de desconfianza ciudadana. En el apartado del mantenimiento del orden y la seguridad pública, la desconfianza alcanza cotas muy elevadas, con la opción «ninguno» escalando hasta el 33% en el último barómetro y registrando cifras similares en oleadas previas, a lo que se añade un porcentaje fijo de «no lo sabe o no contesta» que se sitúa firmemente en torno al 20%.

Un patrón casi idéntico se reproduce en la gestión de los servicios públicos y en el impulso del crecimiento económico, donde el rechazo generalizado a todos los partidos roza o supera constantemente el tercio de los encuestados –situándose alrededor del 32–. La constante hegemonía de la opción que niega la capacidad a cualquier formación, sumada de manera inseparable al volumen persistente de ciudadanos que optan por el «no lo sabe o no contesta» –entre el 16% y el 22% según la materia–, evidencia una profunda grieta estructural entre las expectativas de los catalanes y la capacidad de respuesta del actual sistema de partidos políticos ante los retos más urgentes del país.

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