Jornada más que intensa e incómoda, esta mañana en la Audiencia Nacional en el marco del juicio de la operación Kitchen. El exdirector del Centro Nacional de Inteligencia (CNI) Félix Sanz Roldán ha sido el primer testigo que ha subido al estrado, a petición de la defensa del comisario ahora jubilado José Manuel Villarejo, procesado en este caso. Una declaración inquieta, trabada y con la vigilancia siempre profesional de la presidenta del tribunal, Teresa Palacios, que ha ido marcando de cerca tanto al abogado del comisario como al fiscal Carlos Rivas de Palacio, que alegaba la aplicación de la ley del CNI sobre el secretismo de estado de sus actuaciones.

En todo caso, el que fue jefe de los servicios de inteligencia del Estado desde 2009 hasta 2019 ha negado cualquier implicación del CNI en la operación clandestina para robar los «papeles de Bárcenas», es decir, los documentos que tenía el extesorero del PP Luis Bárcenas con información delicada sobre la financiación irregular de la formación. Sanz Roldán se ha sometido al interrogatorio de la defensa de Villarejo y ha negado la veracidad de unos correos de una empresa supuestamente tapadera del CNI hacia el comisario. Asimismo, la magistrada no ha permitido a Sanz Roldán responder a la pregunta de si Villarejo había hecho servicios, análisis o notas de inteligencia para el CNI. Es decir, si el comisario de policía había trabajado para los servicios de inteligencia.

El interrogatorio tenía dos objetivos. Por un lado, aclarar el origen de la causa Kitchen, teniendo presente que es una de las piezas separadas más estridentes de la macrocausa Tándem. Una causa que se habría iniciado, según la defensa de Villarejo, por una denuncia interpuesta por David Rodríguez Vidal, quien en su testimonio ha admitido haber sido colaborador del CNI. Unas preguntas que se han ampliado con los interrogatorios posteriores a dos excabecillas de la UCO, el teniente coronel Manuel Sánchez Corví y el excomandante, ahora teniente coronel, Borja Pastor de la Morena, que iniciaron las pesquisas de la causa Tándem. Además, la defensa, con astucia audaz, ha permitido constatar la enemistad que se tienen Sanz Roldán y Villarejo. Un detalle que no ha pasado desapercibido para la magistrada Palacios, que ha visto venir la jugada del letrado del comisario, Antonio Cabrera.

Villarejo en los juzgados de Andorra el pasado 4 de noviembre/Maricel Blanc/EP
Villarejo en los juzgados de Andorra el pasado 4 de noviembre/Maricel Blanc/EP

Ninguna implicación del CNI

«El CNI no tuvo ninguna actividad ni por actuación ni por omisión, cero, en absoluto», ha sentenciado el general Sanz Roldán a preguntas sobre la posible participación de los servicios de inteligencia en la operación Kitchen, ni que fuera con seguimientos o vigilancias a Luis Bárcenas o su esposa, Rosalía Iglesias. «Nunca, en los cuatro gobiernos de todos los colores que he servido, me han pedido hacer nada ilegal», ha remarcado. «El CNI siempre actúa de acuerdo con la ley preparando información para que el gobierno tome decisiones», ha añadido.

De hecho, la sombra del CNI en el caso proviene del hecho de que la dirección política del centro durante la operación Kitchen estaba en manos de Soraya Sáenz de Santamaría, entonces vicepresidenta del gobierno de Mariano Rajoy. Sáenz de Santamaría testificó la semana pasada y se quitó las pulgas de encima del caso y negó cualquier relación con el CNI en un operativo. Sanz Roldán también ha reconocido reuniones «oficiales» con el excapo de la Unidad de Asuntos Internos del Cuerpo Nacional de Policía, el comisario Marcelino Martín Blas, también procesado y archienemigo de Villarejo.

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