Los primeros diseños de banderas españolas

La bandera española nació bajo el reinado de Carlos III, concretamente el 28 de mayo de 1785. Estos días celebra los 230 años de historia, a pesar de que la llamada rojigualda no fue la enseña oficial de España hasta el año 1843, es decir, hace 172 años, con Isabel II en el trono. Todo y el afán de algunos medianos españoles de glorificar la bandera española y su historia (aquí o aquí, por ejemplo), no es hasta el 1908 -hace 107 años- que la enseña española es de uso obligatorio a los edificios públicos, tal y cómo explica el historiador David Ballester en el Singular. La historia de las enseñas muestra la peculiar configuración del Estado español.

La relativamente corta historia de la bandera española contrasta en el carácter histórico de la bandera catalana. Son 635 años de historia más, casi lo triple que la española, puesto que la quadribarrada tiene raíces medievales. La señera de las cuatro barras proviene del emblema del linaje de los condes de Barcelona, del cual ya se tiene constancia en 1150, en un sello de Ramon Berenguer IV. Es decir, la bandera catalana tiene exactamente 865 años de historia. Una de las curiosidad es que, a pesar de no tener un Estado detrás, la señera ha tenido más años de oficialidad que no la española, que sí que tiene un marco estatal para representar.

Sello de cera de Ramon Berenguer IV con el escudo barrado (1150)

¿Y los colores de la bandera española? ¿Por qué la doble franja roja con la amarilla en medio? Los libros de historia explican que con la llegada de Felipe V y la dinastía de Borbones, las banderas de los países del continente europeo eran demasiados semblantes, y al mar había muchas confusiones.

Hasta el año 1785 la Marina española utilizaba una bandera con el fondo blanco -de la casa borbónica- con el escudo de armas al centro (cómo se ve a la imagen siguiente a la parte izquierdo). Pero otros países como Francia, Gran Bretaña, Sicilia o la Toscana tenían también el blanco como fondo de la bandera. Los barcos entonces no podían abrir fuego hasta estar seguros que disparaban contra un barco enemigo.

Carles III ordenó a Antonio Valdés, militar español de Marina y 4to capitán general de la Real Armada, que organizara un concurso con borradores para elaborar una nueva bandera. En total hubo 12 propuestas, y el monarca escogió la bandera roja y amarilla precisamente porque se distinguía fácilmente al mar. “Hay que recordar que Carlos III viene del reino de Nápoles, exterritorio de la Corona de Aragón, que ya tenía los colores rojos y amarillo, de forma que el monarca tuvo presentes los colores de su origen”, añade Ballester. “Dedo de otra manera, el origen de la bandera española se encuentra en las 4 barras”.

Carlos III pidió que la franja central, la amarilla, que tuviera el doble de grueso que las dos rojas. Dedo y hecho, al Real decreto del 28 de mayo de 1785 ya aparece la nueva bandera, para “evitar los inconvenientes y perjuicios” de confundir la enseña con la de los otros países, con el castillo y el león de Castilla y la corona.

La primera bandera española, de la marina, con Carlos III

En el 1793 el rey Carlos IV ya extendió el uso de la nueva bandera española a las plazas marítimas, pero fue durante la Guerra del Francés cuando la rojigualda se popularizó en las batallas contra las tropas napoleónicas. Ballester precisa pero que “el 1793 todavía es complicado afirmar que se trata de la bandera de España, porque sólo tiene un uso militar”. “No es hasta el siglo XX que se oficializa el uso”.

Ya en el siglo XIX, Isabel II dejó escrito por decreto que la bandera roja y amarilla era también la enseña del ejército de tierra (13 de octubre de 1843). Es aquí cuando esta ya adopta el carácter de bandera oficial española, a pesar de que sólo burocráticamente, puesto que hasta el decreto del 1908, con Antonio Maura y Alfons XIII, su uso no es obligatorio a los edificios públicos, ni a las diputaciones ni ayuntamientos.

A la I República, la bandera perdió la corona pero mantuvo los colores

En el 1860 su uso ya se consolidó como pabellón de España. De esto hace tan sólo 155 años. Tal y cómo reitera el historiador Ballester, es al 1908 con Antonio Maura (Partido Conservador) cuando se designa por decreto que la bandera española tiene que ondear obligatoriamente en los edificios oficiales. “En el siglo XIX la bandera no colgaba todavía en los edificios oficiales, donde había banderas de todo tipos, desde roja, amarilla y azul, o roja, amarilla y morada, o sólo roja”, apunta.

La bandera española de la II república, con el color morado

Desde entonces, la bandera española ha mantenido sus colores, menos en la época de la II República (1931-1939). Entonces la franja roja inferior pasó a ser morada, en homenaje a los comuneros de Castilla que se enfrentaron a Carlos I. Además, al escudo se añadieron los reinos de Navarra, Aragón y Granada, además de cambiar la corona original por un castillo y el lema ‘Plus ultra’.

La bandera franquista con el águila de San Juan

Durante el franquismo la bandera española volvió a modificarse. Recuperó los colores originales -rojo y amarillo-, se eliminó el castillo, volvió la corona y se añadió el águila de San Juan -que no tiene nada que ver con el águila imperial de los Austrias-, en honor a los Reyes Católicos.

En la recuperación de la democracia se mantuvo la bandera española bicolor, y incorporaron la corona de la monarquía

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