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Los empresarios catalanes pierden confianza: “La sensación es que no vamos bien”

La economía catalana ha crecido en los últimos años mucho más que las de su entorno. El producto interior bruto del país ha mantenido un ritmo de expansión alrededor del 3% en los últimos dos años, mientras el resto de Europa se acercaba a la recesión técnica. Para el 2026, además, podría resistir las sacudidas de la guerra en Irán, según los últimos análisis del Fondo Monetario Internacional, que mantienen las perspectivas de expansión económica en el Estado al tiempo que reducen las de la mayoría de las economías del entorno. En este contexto, como reflexiona el director del área de Economía y Empresa de la patronal Pimec, Carles Mas, el sector privado debería estar de celebración. «Las tasas de crecimiento de los últimos años nos remontan a los años anteriores al estallido de la burbuja inmobiliaria. Entonces, tanto empresarios como trabajadores ganaban mucho dinero. Pero ahora ya no«, lamenta el representante patronal. Las empresas del Principado, insisten desde el mundo patronal, no detectan que las buenas noticias macro lleguen a sus bolsillos; y esto está provocando un importante desencanto entre los negocios. Así lo refleja la última encuesta de confianza empresarial, publicada este mismo martes por el Idescat: la tasa de optimismo entre las empresas catalanas de cara al segundo trimestre del año ha caído cerca de un 2% interanual por primera vez desde la pandemia, y se sitúa en mínimos de media década. El origen del malestar, según las voces económicas consultadas, es multifactorial, y se resume en un «ambiente totalmente contaminado para la empresa», en palabras del director de LC Paper y vicepresidente de Femcat, Pau Vila.

El ambiente internacional, como recuerda el director de Estudios y Economía de Foment del Treball, Salvador Guillermo, no ha ayudado a elevar los ánimos de los empresarios catalanes. «¿Quién defiende Europa ahora mismo? ¿Quién puede pronosticar qué corrientes políticas gobernarán en 10 años? Hay cada vez más incertidumbre, y esto dificulta que el empresario levante la persiana cada día», reflexiona el economista; que atribuye el desánimo a «cada día más incógnitas y un crecimiento más debilitado en Europa». El malestar, sin embargo, viene de antes de la reentrada del presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, en el panorama internacional, y de los estragos que ha causado en el sistema-mundo económico. De acuerdo con los datos del Idescat, el segundo trimestre del 2023 fue el último en que los participantes de la consulta veían con optimismo el futuro económico inmediato, con un crecimiento del índice del 6% interanual. La cifra cayó cerca del 0%; y fue oscilando durante meses hasta el golpe revelado este martes. Más allá de la coyuntura económica inmediata, a ojos de Vila «en la Cataluña empresarial hay una sensación de que no vamos bien». Para el empresario papelero, el Principado es víctima de las problemáticas económicas del entorno europeo, pero también es responsable de agravarlas. «Hay unas inercias que impiden que Europa vaya hacia donde queremos, pero aquí no ayudamos a equilibrarlo en positivo. Al contrario, contribuimos a hacer el agujero más profundo», critica.

«En la realidad, no existe la euforia económica que comunican las grandes cifras», lamenta Mas; que ve a las pymes como la principal víctima de este desequilibrio. De hecho, de acuerdo con el estudio del Idescat, las firmas de menos de 50 trabajadores son las que prevén un peor rendimiento de sus negocios a corto plazo, con una caída de un 3,3% de la confianza para el segundo semestre del año. Ya lo avisaba, de hecho, la misma patronal en su último estudio de coyuntura económica, cuando revelaba que cerca del 60% de las pequeñas y medianas empresas catalanas sufren por sus márgenes empresariales. «Esto significa que la mitad de los empresarios detectan problemas en su día a día», lamenta.

Un trabajador de la construcción / Europa Press
Un trabajador de la construcción / Europa Press

Inflación y «hiperburocratización»

En el origen de esta tensión está la espiral inflacionista, que se ha agravado en el mes de marzo con un incremento de precios más agudo de lo esperado, hasta el 3,2% en el Principado. Las heridas en el sector privado catalán, sin embargo, son tanto de primera ronda como de segunda: los márgenes se estrechan por las subidas de precios de los proveedores, y también de la energía, como evidencia el hecho de que los empresarios industriales consten entre los más deprimidos (-3,7% interanual). Pero también lo hacen por unas revalorizaciones salariales acumuladas que no han tenido una respuesta fiscal clara. «Tenemos que asumir cada vez más costos laborales sin que lleguen al bolsillo de los trabajadores», denuncia el representante de Pimec, que señala al Estado español como causante. «Las cotizaciones sociales han aumentado mucho más que los salarios netos», añade. «España tiene más presión fiscal en momentos inflacionistas, porque no se deflacta el IRPF», añade Vila. La deflactación permanece como una de las grandes demandas de los empresarios catalanes, tal como reiteró el pasado lunes el líder de Foment, Josep Sánchez Llibre, en el anuncio de su candidatura a revalidar la presidencia.

La escalada de costos que ha llevado a la erosión de la confianza empresarial proviene también de un cúmulo de nuevas indicaciones reguladoras que, alerta Mas, «incrementan indirectamente» el gasto de las empresas. «Nos hemos pasado con la regulación, y hemos terminado aplicando cosas que son incluso contradictorias», resopla Vila, que acusa la escasa seguridad jurídica que ofrece el entramado regulador catalán al mundo del negocio. Guillermo añade, en un sentido similar, el desánimo que generan «intereses poco pragmáticos» desde las administraciones; y señala la propuesta, ya caída, de la rebaja de la semana laboral a 37,5 horas. «Nadie se preocupa de una mejora de la competitividad. Intentar imponer la reducción de jornada ha hecho que la gente se desanime», insiste el representante de Foment. Para el CEO de LC Paper, sin embargo, las amenazas reguladoras aparecen más en las concesiones -urbanísticas, de obras y de los múltiples permisos que debe aspirar a obtener cualquier proyecto industrial-. «Es como si en Cataluña todo tendiera a ser un problema», insinúa, señalando las trabas burocráticas que aún coloca la administración a varios proyectos empresariales. Mas está de acuerdo, y considera que, si bien los excesos reguladores son un problema en buena parte de Europa, «Cataluña todavía lo ha complicado mucho más».

En este sentido, los empresarios consultados aprecian el afán del ejecutivo de Salvador Illa de proponer una reforma administrativa para agilizar los plazos legales para la actividad empresarial. Ahora bien, en cuanto a la ejecución del plan, se muestran «pesimistas». Un año y medio después de la investidura del primer secretario socialista, «todavía no han mejorado los elementos reguladores que afectan el día a día de la actividad empresarial», recalca Mas. Vila va más allá, y advierte que la aproximación de la Generalitat a las mejoras administrativas es errónea. «Lo ha enfocado como si fuera un problema de plazos, y no lo es», establece. Según el vicepresidente de Femcat, en el Principado opera un «entramado jurídico demasiado garantista», que abre a enmiendas sociales cualquier iniciativa económica que se aplique. «El hecho de que tardemos tres semanas o tres días en crear una SL no importa si después la vecina del cuarto puede presentar alegaciones y llevarte a juicio. Somos un país en el que todos tienen derecho de veto», sentencia. Un derecho que se mantiene incluso en las reformas que Palau emprende para activar inversiones y eliminar cuellos de botella, como el último decreto de renovables. La norma, ya convalidada por el Parlamento, aumenta las vías de participación ciudadana en los proyectos de energía verde, una de las condiciones de Esquerra Republicana de Catalunya para darle apoyo.

Los presidentes de Foment, Josep Sánchez Llibre, y Pimec, Antoni Cañete, a la salida del Palau de la Generalitat / EP
Los presidentes de Foment, Josep Sánchez Llibre, y Pimec, Antoni Cañete, a la salida del Palau de la Generalitat / Europa Press

Inversiones y salidas

Guillermo, cabe decir, es menos pesimista que sus homólogos patronales. El indicador de confianza, considera, «es relevante, pero las opiniones son muy a corto plazo» para revelar tendencias estructurales. Ahora bien, sí ve posible que «los empresarios no hagan muchas inversiones, por si hay eventos que van en su contra». Mas ya observa este fenómeno, y llama a mirar críticamente las cifras de generación bruta de capital de los últimos trimestres en el país, que han ido al alza. «La inversión crece, pero crece mucho menos de lo que habría en una economía que se expande al 3%», razona. A juicio del experto de Pimec, pues, ya se comienzan a ver reacciones de los empresarios a medio plazo. La economía catalana no está en riesgo estructural, pero un estancamiento económico es más que probable. «Hay suficiente actividad para sostener muchas empresas, pero falta la confianza para pensar que la situación mejorará. Sin esto, nadie invertirá», apostilla.

Vila, sin embargo, observa otro riesgo comparativo: si Cataluña agudiza los riesgos para la empresa que padece Europa, nada impide a los empresarios huir a otros territorios que hagan lo contrario: minimizarlos. «Otras regiones de Europa nos vienen a buscar. Nos dicen: ¿no querrá venir usted aquí a hacer negocio?«, revela. En este sentido, el excepcionalismo del tejido empresarial catalán, muy familiar y «romántico», ha evitado muchas desgracias. «Gracias a Dios, muchos empresarios toman decisiones con criterios cualitativos y de arraigo», celebra. Esto, sin embargo, «no se le puede pedir a un gestor profesionalizado, que cobra por hacer cálculos económicos». «En el País Valenciano, que económicamente salió de la crisis igual o peor que Cataluña, se está avanzando más. En el País Vasco, ni hablar. Pero en Cataluña se exige una disculpa permanente porque se asume una voluntad oculta en las empresas», reflexiona el empresario. La desconfianza es, pues, un motivo tan válido como cualquier otro para hacer las maletas; y, según los datos, parece que el Principado «siempre muestra la peor cara de la moneda».

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