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El catalán no es una excepción a la hora de intentar ahorrar esfuerzos, sino que responde a unas leyes psicológicas que hermanan a todos los seres humanos. El aprovechamiento de un mismo término para conceptos diferentes —como «lengua» (para referirnos tanto al idioma como al músculo de la boca) o la utilización de una misma raíz para palabras de la misma familia como «cocina», «cocinero» y «cocinar»— es en realidad un truco evolutivo compartido por cerca de 2.000 lenguas de todo el mundo.

Así lo revela una ambiciosa investigación internacional colaborativa liderada por la Universitat Pompeu Fabra (UPF), que constata la existencia de patrones universales que conectan directamente los mecanismos de la lingüística con la psicología de nuestra especie. El estudio, publicado en la revista Nature Human Behaviour y encabezado por el investigador Thomas Brochhagen, ha analizado mediante métodos computacionales 1.995 lenguas de 193 familias diferentes, incluyendo el chino, el ruso, el quechua, el catalán y el vasco, entre muchos otros.

La tensión cerebral: compresión contra claridad

El estudio ha conseguido demostrar que todos los idiomas conocidos conviven en un equilibrio muy delicado. Por un lado, nuestro cerebro necesita la «compresión léxica», es decir, utilizar el menor número de palabras posibles para ahorrar energía y facilitar el aprendizaje a las nuevas generaciones. Por otro, requiere «diferenciación léxica» para garantizar la claridad de la comunicación y evitar malentendidos.

La investigación concluye que la clave que resuelve esta pugna es el contexto comunicativo. Si dos conceptos de la vida cotidiana aparecen de manera habitual en los mismos escenarios (como por ejemplo, «mesa» y «silla» cuando hablamos de mobiliario), la lengua se verá obligada a diferenciarlos de manera estricta, con dos palabras totalmente diferentes, para evitar errores o ambigüedades graves.

En cambio, si dos conceptos se utilizan en situaciones completamente alejadas —como ocurre con la «hoja» de un árbol y la «hoja» de afeitar—, la mente humana tiene la certeza de que el contexto impedirá cualquier duda. Es exactamente en este escenario donde se impone la ley de la simplificación y se reutiliza la misma palabra sin miedo a la confusión.

Un análisis computacional a escala global

Para llegar a estas conclusiones, el equipo de investigadores ha tenido que recurrir a métodos de análisis computacional muy avanzados para examinar un volumen de datos gigantesco. En total, se han analizado 1.995 lenguas de 193 familias diferentes de todo el planeta. El espectro de estudio incluye idiomas tan distantes y diversos como el inglés, el chino mandarín, el ruso, el alemán, el francés, el quechua, el suajili, el español, el vasco o el mismo catalán.

Los científicos utilizaron como fuente principal el repositorio Lexibank, una base de datos léxicas estandarizadas a escala global. Gracias a esta herramienta, se pudieron comprobar 25.138 casos de «colexificación completa» (nombrar exactamente igual dos cosas, como shimi en quechua para «boca» y para «palabra») y, por primera vez en la historia de este tipo de estudios, se estudiaron también 193.587 casos de «colexificación parcial».

Hasta ahora, los trabajos lingüísticos previos se habían centrado únicamente en las palabras que son idénticas. Esta nueva investigación es completamente pionera en el análisis de la colexificación parcial, demostrando que palabras que solo comparten fragmentos o raíces (como el prefijo grand– en inglés, por ejemplo en grandfather, o el caso de la raíz cocin- en catalán) también responden a idénticos patrones universales de ahorro.

Gessamí Caramés, chef de su propio restaurante Meleta de Romer y copresentadora del programa Cuines de 3Cat | Mireia Comas
Gessamí Caramés, chef y propietaria del restaurante Meleta de Romer y copresentadora del programa ‘Cuines’ de 3Cat. ‘Cocin’ es una de las raíces que el catalán utiliza para lo que se llama ‘colexificación parcial’, uno de los mecanismos universales para ahorrar palabras | Mireia Comas

Más allá de las estructuras de cada lengua

“Cuando el uso de la misma palabra puede generar ambigüedad, normalmente se recurre a una segunda opción antes de recurrir a una completamente diferente”, aclara el investigador principal, Thomas Brochhagen. Este atajo es la colexificación parcial, ya que recurrir a una palabra que se asemeja a otra ya existente siempre será mucho más económico y práctico para la mente que tener que inventar y recordar un término nuevo desde cero.

Aunque los autores advierten que los patrones de la colexificación parcial son algo menos homogéneos debido a las evidentes diferencias de morfología y tipología que existen entre las diversas familias lingüísticas del mundo, el principio de fondo es exactamente el mismo para toda la humanidad: la búsqueda de la máxima claridad a través del mínimo esfuerzo cognitivo. El trabajo ha contado con la coautoría de Xixian Liao, del Barcelona Supercomputing Center (BSC-CNS); Jamie D. Wright, de las universidades de Namur y Vrije de Bruselas; y Carmen Saldana, investigadora vinculada a la UPF y a la Universitat de Barcelona (UB).

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