Uno de los grandes debates sociales es la temperatura de la cerveza. En principio, la división social es entre los que piden la cerveza fresca y los que la necesitan muy fresca, fresquísima. Incluso, hay quienes reclaman que el vaso esté helado, un mal invento, porque el hielo y el carbono son enemigos. Pero si hay cierto consenso, salvo la habitual excepción, es que la cerveza nunca se puede servir caliente. Y menos, si el que la pide tiene un mal beber.
Precisamente, este debate es el que vivirá la sección séptima de la Audiencia de Barcelona, el próximo 22 de abril. El tribunal tiene sobre la mesa juzgar a un hombre acusado de un delito de lesiones por el cual el ministerio fiscal le reclama siete años de prisión. Todo a raíz de una trifulca en un bar de Canovelles (Vallès Oriental) que comenzó porque la dueña del establecimiento le sirvió una cerveza caliente, aunque la señora le había avisado que se habían acabado las cervezas frescas de la marca que quería el procesado, Estrella Galicia.

El marido, al rescate
Según el relato del escrito de conclusiones del fiscal, los hechos se registraron el 17 de julio de 2019. Eran las diez de la noche. Se sentó en un taburete en la barra del bar, regentado por un matrimonio chino, y comenzó a pedir y consumir lo que el ministerio fiscal computa como «varias cervezas Estrella Galicia». El hombre fue directo al grano, tragándose las cervezas. Cuando pasados cinco minutos de un cuarto de once de la noche, pidió otra botella, la propietaria del bar y su marido, que trabaja de camarero, le avisaron que ya no tenían frescas.
El hombre aceptó la botella a temperatura que llaman natural. Dio un sorbo y «como no le gustó» no tuvo mejor ocurrencia que golpear la botella en la barra y después lanzarla «violentamente al interior de la barra». La dueña del bar, al ver la reacción, salió de la barra para «pedir explicaciones» por este comportamiento incomprensible. El hombre, «sin provocación alguna y con ánimo de hacer daño físico a la señora, le propinó un cabezazo en la cara y varios puñetazos en el rostro». El marido, al ver la escena, salió de la barra para defender a su esposa, y el acusado hizo lo mismo: cabezazo y puñetazos en el rostro.
Ayuda del vecino
Paralelamente, el dueño del bar de enfrente observó lo que estaba ocurriendo y acudió rápidamente a socorrer a sus colegas, pero inútilmente, porque también recibió. El encartado utilizó la misma técnica y le dio un cabezazo que lo hizo caer al suelo. Afortunadamente, la policía local de Canovelles detuvo la arremetida del acusado. El balance del comportamiento fue puntos de sutura para la dueña; la pérdida de un diente y medio de otro, puntos de sutura y nariz rota para el marido y tres puntos de sutura en el labio al vecino que intentó socorrerlos.
Ahora la fiscalía reclama una pena de cuatro años de prisión por un delito grave de lesiones y 3 años de prisión por dos delitos leves de lesiones (18 meses por cada delito). Además, una orden de alejamiento de mil metros entre el acusado y las víctimas durante tres años así como 840 euros por los daños causados.

