Poco a poco, la fiscal general del Estado, Teresa Peramato, va colocando sus piezas en los principales frentes del ministerio público. De hecho, ya nombró los cambios pero esta semana se han formalizado a través de las tomas de posesión en varios puntos sensibles de la fiscalía. Así, este lunes, Peramato presidió la ceremonia con la que Ana Isabel García León y María Farnés Martínez Frigola tomaron posesión como fiscales de sala en jefe de la Sección Penal de la Fiscalía del Tribunal Supremo. Un cargo que marca y determina la doctrina que deben seguir los fiscales de carrera. En el mismo acto, también tomó posesión Javier Rufino Rus, como fiscal de sala contra los delitos de ordenación del territorio, protección del patrimonio histórico, del medio ambiente e incendios forestales.

Peramato, en el acto celebrado en la sede de la Fiscalía General, en la calle Fortuny de Madrid, recordó a los tres fiscales «la especial exigencia» de uno de los destinos «más complejos». Una tarea que debían realizar desde el «rigor técnico, la prudencia en el juicio y una profunda conciencia de su condición de servidores públicos». Con estos cambios, desde esta semana y por primera vez, dos de las cuatro jefaturas de la Sección Penal de la Fiscalía en el Supremo estarán ocupadas por mujeres. Las otras dos están ocupadas por José Javier Huete Nogueras y por Fernando Prieto Rivera.

La fiscal general Teresa Peramato le entrega las llaves de la fiscal de sala Penal del Supremo a Isabel Garcia Leon/Fiscalía
La fiscal general Teresa Peramato le entrega las llaves de la fiscal de sala Penal del Supremo a Isabel Garcia Leon/Fiscalía

Un inicio en Cataluña

Ana Isabel García León, que ingresó en la carrera fiscal en 1999 y su primer destino fue la fiscalía del Tribunal Superior de Justicia de Cataluña, de donde saltó al de Madrid y luego a la Secretaría Técnica de la Fiscalía, donde ahora ejercía de fiscal de sala en jefe. García León también será la responsable de la tutela y protección de las víctimas. Por su parte, María Farnés Martínez Frigola, fiscal desde 1986 que, tras estrenarse en la fiscalía de Donostia, fue destinada a Canarias, donde ha desarrollado toda su carrera al acecho de casos de corrupción. Javier Rufino es todo un tótem en medio ambiente. De hecho, hasta ahora llevaba la secretaría técnica de esta materia en la Fiscalía General.

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