Andreas Lubitz era el copiloto del avión de la compañía Germanwings que se estrelló el pasado martes en los Alpes franceses y donde murieron 150 personas. Lubitz tenía 28 años y, según ha informado el fiscal de Marsella, Brice Roben, aprovechó que el piloto había salido de la cabina, seguramente por necesidades fisiológicas, para cerrarse solo.
Lubitz era natural de Montabaur, en la región de Renania Palatinado, y se había formado en Bremen y en la Escuela de Vuelo de Lufthansa. Era considerado un joven muy preparado para su trabajo, trabajaba en Germanwings desde septiembre de 2013, y acumulaba un total de 630 horas de vuelo.
Según la alcaldesa de Montabauer, Gabriele Wieland, vivía en el pueblo a casa de sus padres, aunque también tenía un domicilio en la ciudad de Düsseldorf, donde tenía que aterrizar el avión siniestrado.
Según ha explicado Roben, “el copiloto accionó el botón que ordenaba la pérdida de altura por razones que ignoramos”. En ocho minutos, el avión pasó de 10.000-12.000 metros a 2.000. “Al inicio del vuelo se escucha la tripulación hablando normal, después se escucha el ruido de uno de los asientos que recula, una puerta que se obre y se cierra, ruidos indicando que llaman a la puerta y no hay más conversación desde entonces hasta que se estrella el avión”, ha indicado el fiscal.
Roben ha explicado, sobre la conversación entre los pilotos, que las respuestas del copiloto cuando hablaban de preparar el aterrizaje eran “lacónicas”, y ha añadido que todo parece indicar que Lubitz tenía la intención de “destruir el aparato”.
La policia alemana se ha desplegado ante el domicilio familiar de Lubitz en Montabauer.