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David Jimeno, nutricionista: «No toméis avena, se ha usado para engordar cerdos. No adelgazaréis así»

La avena lleva años ocupando un lugar fijo en desayunos y meriendas, sobre todo cuando el objetivo es controlar el peso. En España, incluso campañas públicas la citan como ejemplo de opciones de cereales integrales recomendadas frente a harinas refinadas.

En los últimos días, un fragmento de pódcast la ha vuelto a poner en el centro de la conversación. El vídeo se comparte como un aviso tajante y ha reactivado la duda: ¿la avena ayuda de verdad o solo parece una elección saludable por costumbre?

El origen del debate es una intervención del divulgador en nutrición David Jimeno en el pódcast Golden Circle. En ese episodio, pidió dejar la avena si la meta es adelgazar y sostuvo que, históricamente, se ha usado para engordar animales. En el mismo bloque de conversación también cuestionó otros grupos de alimentos, como semillas, legumbres, la mayoría de frutos secos y ciertos cereales, mientras defendía grasas procedentes de alimentos como el aguacate o la oliva.

Por qué un alimento puede engordar o encajar en una dieta

La clave no es el ingrediente, es el balance energético

La pérdida de grasa corporal depende de un principio simple: el cuerpo necesita gastar más energía de la que recibe durante un tiempo. Ningún alimento adelgaza por sí mismo. Y ningún alimento engorda por definición. Lo que cambia el resultado es el conjunto: cantidad total, frecuencia, tamaño de la ración, acompañamientos, saciedad y contexto (actividad física, sueño, estrés y hábitos).

Un mismo alimento puede formar parte de una dieta de mantenimiento, de ganancia de peso o de pérdida de peso. También puede utilizarse en alimentación animal sin que eso determine su efecto en humanos. En la ganadería se diseñan raciones para maximizar energía, crecimiento y eficiencia. En la vida diaria, una persona puede buscar lo contrario: saciedad con control de porciones.

La avena no es ligera: es densa y es fácil pasarse

La avena es un cereal con una densidad calórica notable cuando se consume en seco. En la práctica, esto significa que una cantidad que parece pequeña puede sumar muchas calorías si se le añade leche, crema de frutos secos, chocolate, miel o granola. Este es uno de los motivos por los cuales, en algunos casos, no ayuda a adelgazar: no porque sea mala, sino porque es fácil convertir el bol en un desayuno muy energético.

EjemploRación orientativaEnergía aproximadaQué suele marcar la diferencia
Avena simple40 g de copos con agua150–170 kcalRación medida y pocos añadidos
Avena con lácteo40 g + 200 ml de leche240–280 kcalSube por el líquido y el tipo de leche
Bol típico fitness60 g + leche + plátano + 1 cucharada de crema de cacahuete500–550 kcalLa suma de extras dispara el total
Granola o muesli con azúcar60 g250–350 kcalAzúcares y grasas añadidas

Qué dice la evidencia sobre la avena

Fibra soluble y betaglucanos: lo relevante es la cantidad

La avena destaca por su aporte de fibra, incluida fibra soluble (betaglucanos). En la Unión Europea hay declaraciones de propiedades saludables autorizadas para los betaglucanos de avena o cebada en relación con la respuesta de glucosa después de una comida, pero están sujetas a condiciones concretas de uso y cantidades mínimas. En otras palabras: el efecto no se atribuye a cualquier cucharada ni a cualquier producto con sabor a avena.

Además, a nivel regulatorio europeo también se han recogido autorizaciones vinculadas al papel del betaglucano de avena en la reducción del colesterol sanguíneo cuando se cumplen las condiciones de consumo indicadas en el registro correspondiente.

Avena y adelgazar: puede ayudar, pero no por arte de magia

En un plan de pérdida de grasa, la avena puede tener sentido si contribuye a una dieta completa y saciante. La fibra y la textura de preparaciones como porridge o overnight oats pueden facilitar que algunas personas aguanten mejor hasta la siguiente comida. Pero este beneficio depende de la ración y del entorno del plato: no es lo mismo avena con yogur natural y fruta entera que avena con azúcar, jarabes y toppings calóricos.

Si una persona está estancada, la primera revisión suele ser práctica: pesar o medir durante unos días, revisar etiquetas, ajustar la cantidad y recortar añadidos densos (miel, chocolate, mantequillas de frutos secos). Cambiar el bol por una opción con más proteína o más volumen vegetal también puede mejorar la saciedad sin aumentar tanto la energía total.

Semillas, legumbres y frutos secos: el choque con las guías oficiales

El concepto de antinutrientes existe, pero no implica prohibición

Parte del discurso viral gira en torno a los antinutrientes, compuestos presentes en alimentos vegetales como legumbres, semillas o frutos secos. Es un término real, pero su impacto depende del contexto dietético y de cómo se preparan los alimentos. Remojo, cocción, fermentación o tostado reducen varios de estos compuestos. Por eso, en salud pública se evalúa el conjunto de la evidencia y no un único argumento aislado.

Lo que suelen recomendar los organismos de salud pública

Las guías de alimentación saludable más extendidas priorizan patrones con predominio vegetal y alta presencia de alimentos ricos en fibra. La Organización Mundial de la Salud incluye en sus recomendaciones una dieta variada que incorpora cereales integrales, legumbres y frutos secos, y fija objetivos de fibra dietética a partir de la adolescencia. En España, documentos técnicos vinculados a la AESAN recogen recomendaciones dietéticas donde aparecen legumbres, frutos secos y productos integrales como parte de un patrón asociado a un menor riesgo de enfermedades crónicas.

Esto no significa que todas las personas deban consumir todos estos grupos sin matices. Hay casos clínicos concretos (alergias, intolerancias, síntomas digestivos, dietas pautadas por patología) en los que el ajuste es individual. La diferencia es el motivo: no es lo mismo adaptar que demonizar.

Cómo usar la avena sin convertirla en un boomerang calórico

Reglas sencillas que suelen funcionar

  • Mide la ración. Una referencia práctica frecuente son 30–50 g de copos, según hambre, actividad y objetivo.
  • Prioriza proteína. Combinar con yogur natural, leche, queso fresco o una fuente proteica mejora la saciedad.
  • Elige fruta entera frente a zumos o jarabes. Aporta fibra y volumen.
  • Cuida los extras. Miel, chocolate, cremas de frutos secos y granolas pueden duplicar el total.
  • Revisa el azúcar añadido en productos instantáneos o saborizados.

Copos, salvado, harina y bebida de avena: no es lo mismo

En las redes se pone todo en el mismo saco, pero conviene separar conceptos. Copos y harina de avena suelen tener usos diferentes y pueden favorecer consumos más altos sin darse cuenta (por ejemplo, en crepes o batidos). El salvado tiene un perfil de fibra diferente. Y la bebida de avena es otro producto: su composición depende de la marca, puede llevar azúcar añadido y, en general, aporta menos proteína que la leche o que la soja.

Si el objetivo es perder grasa, la pregunta más útil no es si la avena sirve, sino si este formato encaja en tu día sin empujar el total de calorías al alza. Para algunas personas, la avena es una herramienta. Para otras, es un atajo hacia un desayuno excesivo. El resultado lo decide el conjunto, no el titular.

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