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Mireia Piquer (Barcelona, 2005) es la menor de cuatro hermanos. Pasó su infancia en un pueblo de la Plana de Vic, rodeada de animales y con un amor especial por su perro. Actualmente, estudia Educación Infantil en la Universidad de Barcelona (UB) y acaba de publicar Enfermedades invisibles (Talón de Aquiles), donde nos habla de diferentes realidades de salud mental: traumas, intentos de suicidio, autolesiones, autismo o trastornos de la conducta alimentaria. Le toca de cerca, ya que confiesa que desde muy joven ha convivido con problemas relacionados con la salud mental, y es precisamente eso lo que la impulsó a visibilizar estas enfermedades. Hablamos con ella con motivo del Día Mundial de la Salud Mental, que es hoy, 10 de octubre.

La portada del libro 'Enfermedades invisibles', sobre la salud mental, de Mireia Piquer y publicado en Talón de Aquiles
La portada del libro ‘Enfermedades invisibles’, sobre la salud mental, de Mireia Piquer y publicado en Talón de Aquiles

Piquer ya tiene fijadas varias fechas de presentación de Enfermedades invisibles. La primera tendrá lugar el 17 de noviembre en el Centro Cívico de Sant Andreu, en Barcelona. Ese mismo mes, también ofrecerá una charla dirigida a padres de personas con autismo. El 15 de diciembre, estará en la Biblioteca del Norte de la capital catalana. El libro se podrá adquirir hasta el mes de diciembre a través de la web de la editorial Talón de Aquiles.

¿Cómo surgió la idea de hacer este libro? 
Todo comenzó porque tengo un diario donde apunto todo: qué me pasa y cómo me siento. A partir de estos pequeños fragmentos y de mis propios recuerdos, fui construyendo la historia. 

Se trata de un tema duro y muy personal. ¿Qué la empujó a escribirlo y, sobre todo, a publicarlo?
No estaba segura de si publicarlo por el miedo a que alguien me dijera algo o a sentirme juzgada. Pero es una parte de mí y, además, quería ayudar a otras personas que están pasando por situaciones similares. Es una parte de mi vida que durante mucho tiempo ha estado oculta y que ahora quería sacar a la luz. Y ese es el objetivo que me he propuesto, dar voz a aquellas personas que sufren en silencio y recordar que detrás de cada diagnóstico hay una persona y una lucha.

¿La animó alguien a escribir y ya tenía vocación literaria?
Una amiga fue quien me dijo que podría escribir un libro, porque hay gente que merece conocer esta historia de superación. Ella ha visto con sus propios ojos cómo, con los años, he pasado de estar en un pozo, de tocar fondo, a estar más estable. Y la verdad es que siempre me ha gustado escribir, pero nunca había compartido mis historias, supongo que por miedo a que la gente las juzgara. Ahora, en cambio, estoy en un punto de mi vida en el que valoro mucho más mi propia opinión que la de los demás.

¿Por qué cree que es importante hablar de la salud mental? ¿Y por qué especialmente entre los más jóvenes? 
Es un tema que afecta a muchas personas, más de las que pensamos, y se debe cuidar porque sin salud mental no podríamos sacar adelante nuestro día a día, no nos permitiría hacer muchas cosas. Además, últimamente, entre los jóvenes la salud mental ha empeorado bastante, en parte por el uso de las redes sociales. Creo que cada vez hay más conciencia, pero se debe seguir luchando para que haya los recursos necesarios.

¿Pretende ser un libro de autoayuda? ¿Un libro que otros se puedan reflejar en él?
Sí, de hecho es uno de los objetivos del libro: que las personas que estén pasando por situaciones similares (TCA, suicidio, depresión, TOC…) se puedan sentir identificadas y recibir un poco de esperanza. Tal como he dicho varias veces, es el libro que yo necesitaba cuando estaba mal. Creo que si alguien me lo hubiera dado, me habría mostrado una dura realidad, pero también me habría transmitido la esperanza de que al final se sale.

Hay una visión de esperanza, aunque contenida.
Quiero mostrar la realidad: la recuperación no se acaba nunca, las recaídas existen y forman parte de este proceso que no es lineal. Yo salí del hospital de día y recaí por diferentes motivos. Es una realidad muy dura, pero mucho más frecuente de lo que pensamos. 

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