Gran parte del mundo occidental celebra este domingo uno de los inventos comerciales vinculados a la familia fijado en el calendario de cada año, el Día de la Madre, el primer domingo del mes de mayo. Pero desde que Orna Donath, una socióloga israelí, publicó el libro Madres arrepentidas, centenares de miles de mujeres se han atrevido a hablar sin culpa –muchas a través del hashtag #regretingmotherhood– de su arrepentimiento en cuanto a la maternidad. En este libro se explican los testigos de 23 mujeres, pero son muchísimas más las que, a pesar de querer a los hijos, querrían volver atrás y no ser madres. Ahora bien, ¿esto se debe a la imagen edulcorada de la maternidad que nos han inculcado o al hecho que, a menudo, las tareas domésticas recaen en las mujeres? Expertas consultadas por El Món creen que se trata de una mezcla. 

La psicóloga, psicoterapeuta Paola Roig, codirectora del colectivo Piel a Piel, señala que “la culpa y oscuridad” que sienten algunas madres al arrepentirse de la maternidad se debe a la “idea de la madre abnegada y sacrificada” que se ha construido en una sociedad patriarcal. “La típica frase que todo merece la pena cuando ves los niños sonreír contribuye a aumentar la culpabilidad de las madres que se arrepienten de serlo”, explica. 

El problema, según Roig, es que “se nos ha vendido una versión muy edulcorada del que implica ser madre” y de este modo no se ha mostrado la parte más oscura de esta opción de vida. “Toda la parte luminosa de la maternidad existe, pero durante muchos años se ha ocultado la cara oscura y muchas madres se encuentran con la sensación que esto no es lo que les habían explicado”, señala. 

Una mujer embarazada / Pixabay

Arrepentimiento por ser madres dentro de un sistema patriarcal

Roig también culpa el patriarcado de este sentimiento hacia la maternidad. “No sé si nos arrepentimos de ser madres o de serlo en este sistema y en las condiciones en que lo somos”, se pregunta. Puntualiza que se refiere a “ser madres sin red, siente responsables de la casa, sin parejas, corresponsables de la crianza y teniendo que trabajar ocho horas y después atender los niños”. “No quiere decir que no estimes los hijos, sino que no te habían explicado esta parte”, insiste. 

La escritora inglesa Rachel Cusk describe en el polémico libro El trabajo de una vida, que la hizo saltar a la fama, su propia experiencia con la maternidad y una de las cosas que subraya es la diferencia de responsabilidades de los hombres y las mujeres hacia las criaturas. La autora es contraria a la asociación constante entre maternidad y felicidad y en esta obra autobiográfica exprés las dudas y la tristeza que sintió cuando tuvo su hija. «Después de nacer una criatura, las vidas de la madre y del padre divergen, de forma que, a pesar de que antes vivían en un estado más o menos igualitario, ahora establecen una relación que podríamos calificar de feudal», dice en un fragmento del libro, donde apunta que desde el comienzo «la balanza se inclina hacia un patriarcado más profundo».

Este inicio es, según Cusk, el que provoca en muchos casos que las mujeres se arrepientan de su maternidad, mucho más complicada que no la paternidad de sus compañeros. «Dar a luz no es solo aquello que divide las mujeres de los hombres: también divide las mujeres de ellas mismas de tal manera que el significado de la existencia cambia totalmente», explica en el libro.

Otra mujer que ha defendido enconadamente que la idea de la maternidad tal como la tenemos concebida es una «herramienta de opresión» es la directora de cine Júlia de Paz, que en varias entrevistas ha denunciado que la sociedad pida a las mujeres que cumplan con un tipo de maternidad «que no es real». «Piden que perdamos la libertad, que lo demos todo por la familia, que perdamos la identidad como mujeres», insiste. Esta cuestión incluso le ha servido para hacer un largometraje, Ama, que nace con la intención de «deconstruir el mito de la maternidad».

Un debate que no se podía ni siquiera pensar hace unos años

Roig cree que desde que se habla más de la maternidad ha mejorado este sentimiento y la sensación de culpa se ha reducido. Aun así, cree que “nos falta mucho discurso materno”, es decir, “escuchar vivencias, otras madres e impregnarnos de narrativa materna”. “Solo así se puede ver que ser madre es una experiencia ambivalente”, añade. 

La psicóloga asegura que siempre ha habido madres que no han podido disfrutar de su maternidad, en la mayoría de casos “hostil”. “No se hablaba y no había ni siquiera espacio mental para pensarlo”, concluye. 

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