Este jueves llega la enésima oportunidad del Estado para dar explicaciones sobre la relación entre el imán de Ripoll Abdelbaki es-Satty, considerado el cerebro de los atentados del 17-A en Barcelona y Cambrils, y los servicios de seguridad e inteligencia españoles. Será este jueves, en la comisión de control de créditos destinados a gastos reservados. Conocida en el argot político como la comisión de ‘secretos oficiales’ del Congreso, que se celebra a puerta cerrada y sin acta. De hecho, es una segunda ronda después de una primera sesión celebrada antes de las vacaciones de Navidad, a principios de diciembre. Según el orden del día de la comisión, está prevista la comparecencia de la ministra de Defensa, Margarita Robles, por la información aparecida a raíz de la «desclasificación de los documentos que acreditan que el Centro Nacional de Inteligencia tuvo contacto con el cerebro de los atentados de la Rambla de Barcelona y de Cambrils en el año 2017». Cabe destacar que Robles comparece porque el CNI depende directamente del Ministerio de Defensa.
De hecho, la comparecencia responde a la petición de ERC y de Junts, que ya acorralaron a la ministra en la anterior sesión. En concreto, Robles debe aclarar un volumen de documentos, a los cuales ha tenido acceso El Món, entre los que se encuentra la evaluación que se hizo del imán cuando estuvo en prisión, el proceso de solicitud de asilo político y la permisividad del Estado para que se le retirara la orden de expulsión dictada a raíz de una condena por tráfico de drogas. Todo ello, después de que miembros de los servicios de inteligencia y del servicio de Información de la Guardia Civil se entrevistaran con Es-Satty en el centro penitenciario donde estaba internado. Sobre todo, lo que buscan los grupos parlamentarios con la comparecencia de Robles es averiguar por qué se decidió dejar fuera del radar de la seguridad del Estado a Es-Satty precisamente cuando fue destinado a Ripoll, donde habría articulado la célula. De todas formas, poca esperanza mantienen los grupos de terminar de aclarar esta relación.

Operación Chacal
Según los informes presentados por la Moncloa a la comisión de investigación del Congreso sobre los atentados, el interés por Es-Satty por parte de la seguridad del Estado se despertó porque el «su nombre apareció en la llamada operación Chacal». Una operación que se desarrolló en 2006 por parte del Cuerpo Nacional de Policía y la Guardia Civil, con el apoyo del CNI, y que «tenía como objetivo la desarticulación de dos células dedicadas desde el año 2003 a actividades de envío de combatientes al conflicto de Irak para integrarse en las filas de Al-Qaeda». Una de las células estaba implantada en Vilanova i la Geltrú (el Garraf) y estuvo relacionada con un ataque contra un cuartel de militares italianos en Irak que se saldó con 35 muertos.
Aunque el CNI admite que Es-Satty nunca fue detenido ni imputado en esta operación, en aquel momento despertó un «interés genérico para el CNI por sus posibles vinculaciones con entornos radicales». De hecho, el informe explica que controlaron su actividad y sus «continuos viajes a Marruecos», donde llevaba a cabo negocios relacionados con la venta de chatarra que transportaba desde España a Marruecos. A pesar de este control, el CNI insiste en que «durante este tiempo no recibió ninguna información procedente de fuentes propias, de los cuerpos y fuerzas de seguridad del Estado o de servicios extranjeros que alertara sobre su radicalidad ni que Es-Satty supusiera un peligro para la seguridad nacional».

El 2010 cambian las cosas
Según el mismo informe, que incorpora el sello de «confidencial», el CNI admite que, «teniendo presentes los antecedentes de inteligencia de Es-Satty», por su proximidad con el entramado de la operación Chacal, en el año 2013, a raíz del proceso judicial que se le abrió al ser sorprendido con 136 kilos de hachís en la frontera de Ceuta, el CNI «mostró interés por las circunstancias y actividades que desarrollaba». Cabe destacar que los servicios secretos remarcan que tienen «un equipo específico destinado a hacer un seguimiento de las personas que entran a prisión y están vinculadas con entornos radicales».
En este marco, el CNI admite que le realizaron «seguimientos durante los fines de semana que tenía permisos penitenciarios». Es decir, lo estuvieron controlando, si bien detallan que este control no aportó «datos mínimamente interesantes sobre su posible relación con entornos yihadistas, pero sí con personas con antecedentes penales de narcotráfico». Aunque no aportaba datos «interesantes», curiosamente el CNI decidió «aumentar el conocimiento sobre este individuo, con objeto de determinar si era un riesgo para la seguridad, y en caso negativo, evaluar su posible reclutamiento como fuente del CNI una vez abandonara la prisión de Castellón».

Entrevistas en la prisión
De esta manera, oficialmente hubo tres entrevistas de Es-Satty con el CNI, todas en 2014, y tres más con la Guardia Civil. De hecho, el informe recuerda que «no solo el CNI tuvo contactos con Es-Satty durante su estancia en la prisión». Y añade que las visitas o contactos que recibió son un «procedimiento estándar que practican de forma rutinaria fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado, así como los servicios de inteligencia de Europa». Pero, las cifras que aporta el mismo CNI no cuadran con esta rutina, porque entre el 2012 y el 2017, ambos incluidos, la Casa -nombre de los servicios de inteligencia españoles en el argot de la seguridad – tuvo contactos con 46 internos. En concreto, 2 en 2012; 6 en 2013; 10 en 2014; 3 en 2015: 10 en 2016 y 15 en 2017. De estas, 32 tuvieron «interés» en relación con la lucha antiterrorista.
En este marco, el CNI hace un resumen de las entrevistas siguiendo las actas posteriores realizadas por sus agentes y analistas. Los agentes afirman que no apreciaron ningún indicio que indicara que estaba radicalizado. Pero, aun así, «se le proporcionó un número de teléfono de contacto para mantener la relación». Paralelamente, y aprovechando que en la última entrevista Es-Satty había escrito a mano un informe sobre la información que le habían pedido los agentes, la división de Contra Terrorismo del CNI emitió un informe el 12 de mayo de 2014 que hacía un perfil psicológico.
«Tendencia al engaño»
En este perfil se enfatizaba la «tendencia al engaño y a la no sujeción al cumplimiento de directrices» de Es-Satty. De hecho, advertían de su «inteligencia». A pesar de esta información, el CNI concluyó que estaba «invalidado» para «cualquier actividad informativa en beneficio de las misiones del CNI». Pero esta conclusión contrasta con el seguimiento de «control de sus actividades» cuando salió de la prisión. Casualmente, fue entonces que la delegación del gobierno español en Castellón y el juez revocaron su expulsión del Estado y comenzaron los trámites del asilo, del cual se había informado favorablemente.
Según el informe desclasificado, se siguió y controló a Es-Satty durante siete meses, pero «no se observó de sus conversaciones, actividades y contactos nada que permitiera deducir la existencia de un plan para ejecutar ataques terroristas en España, ni en cualquier otro lugar». Aun así, mantuvieron «contactos telefónicos esporádicos buscados por Es-Satty». «Era evidente que trataba de mantener un canal abierto y constatar que al otro lado del teléfono había alguien», argumenta el CNI. «En ningún caso proporcionó información de mínimo interés», añaden. Así, admiten que en febrero de 2015, justo dos meses después de que dejara de «constituir un objetivo de interés para el CNI», Es-Satty se trasladó a Ripoll, donde preparó la célula de los atentados de Barcelona y Cambrils. «Efectivamente, el CNI mantuvo contactos con Abdelbaki Es-Satty», admite el informe obviando, sin embargo, los avisos de los agentes que lo entrevistaron, que destacaban la «desconfianza hacia sus interlocutores» y que era «bastante inteligente».

