«Hace cinco años, la reina y yo vinimos a celebrar el 75º aniversario de la editorial Planeta y hoy celebramos los 75 años del premio Planeta«. Esta ha sido una de las tres frases que se han oído en catalán en la gala de entrega del galardón instituido por José Manuel Lara Hernández en 1952, y las tres las ha pronunciado Felipe de Borbón, rey de los españoles. Nadie más, ni José Crehueras Margenat, presidente del grupo desde la muerte de José Manuel Lara Bosch y catalanoparlante funcional como ha demostrado otras veces, ha utilizado la lengua del país en una ceremonia celebrada en el pabellón número 1 de Fira de Barcelona.
La celebración estaba prevista en la sala oval del MNAC, como cada año, pero la avalancha de confirmaciones obligó a realizar un traslado de última hora a un espacio con más capacidad que ha terminado reuniendo a 1.300 personas. Una exhibición de capacidad logística y presupuestaria que ha sido considerada destacable por Felipe VI, que, aparentemente fuera del guion –y ya en castellano, tras la breve introducción en catalán–, ha aplaudido que, «en una semana», se haya logrado que un espacio como es un pabellón ferial se haya convertido en un ambiente «acogedor». «Las velas [el principal elemento decorativo de la sala] ayudan y los libros también», ha añadido. Con la mala suerte de que, mientras hacía esta observación, la imagen proyectada de una librería detrás suyo ha desaparecido. Tras los comentarios sobre interiorismo, ha alabado el premio Planeta. Ha destacado la «solidez» y ha repasado brevemente la trayectoria mencionando a algunos de los ganadores («que me disculpen los que no mencione»): Mercedes Salisachs, Juan Marsé, Manuel Vázquez Montalbán y Ana María Matute.
Buenas palabras que el jefe del Estado español ha dedicado a la empresa editora que también es propietaria, por ejemplo, de Antena 3. Pero han quedado muy cortas en comparación con la alabanza reverencial que Creuheras había dedicado unos minutos antes a la pareja de monarcas: «Gracias, majestades, dos personas que entregan su vida para hacer un mundo mejor, su luz ilumina los lugares donde van, como se ha visto estos días en Ceuta y Melilla».

Un finalista valenciano que piensa en Machado
Tras los discursos institucionales, los asistentes continuaron cenando –en la mesa, un vino blanco del Penedés, un tinto de La Rioja y un cava– mientras la presentadora, la periodista de Antena 3 Esther Vaquero, salía de vez en cuando a intentar mantener el ritual en el que se va comunicando el resultado de las supuestas cuatro votaciones del jurado a lo largo de la noche. Se supone que se van eliminando finalistas hasta que solo quedan dos. Cuando llegó el momento, se descubrieron el finalista y la ganadora y se desveló el nombre real, hasta ese momento protegidos por seudónimos. Sergio Hernández (Valencia, 1994), ha sido el finalista con La añoranza, un reconocimiento que va asociado a 200.000 euros de recompensa. La novela está ambientada en la Barcelona de 1959 y la protagonista es una chica que huye de la policía tras una manifestación clandestina y tropieza con un traductor, que acabará siendo un gran amor que luego desaparece de su vida y del cual termina descubriendo una verdad perturbadora relacionada con la muerte de Antonio Machado.

Isabel Allende, el gran golpe de efecto
Pero el plato fuerte de la noche era, más que ningún otro año, la ganadora de un premio dotado con un millón de euros, elegida con precisión para matar dos o tres pájaros de un tiro en este 75º aniversario. Isabel Allende, con La hora antes del alba, la secuela de La casa de los espíritus 45 años después, ha sido coronada reina de la noche y recibida con la mayoría de los asistentes de pie y aplaudiéndola. La elección lo tiene todo. «Al menos este año la ganadora sabe escribir», ha dicho alguien. El comentario subrayaba la diferencia de nivel con el vencedor de 2025, Juan del Val, personaje habitual de Antena 3 y muy discutido literariamente. Pero, sobre todo, el libro de Allende será un superventas, reafirma el mercado latinoamericano de Planeta y lanza un torpedo a la línea de flotación de su gran competencia, Penguin Random House, también con sede en Barcelona y editorial hasta ahora de la autora.
La hora antes del alba retoma la historia del personaje del final de La casa de los espíritus, que termina con la nieta del patriarca, Alba, escribiendo la historia de la familia. La escritora chilena, de 84 años, ha explicado que hacía «décadas» que tenía esta novela en mente, en parte porque muchos lectores le preguntaban qué había sido del personaje. Finalmente, se ha decidido a escribir otra novela, «totalmente independiente», aunque en el trasfondo aún hay «los espíritus de su pasado». «Son los mismos espíritus que viven en mi casa, que entran y salen de mis libros y que seguro me acompañarán en la hora de mi muerte», ha puntualizado la autora, que ha definido la obra como «el cierre del universo complejo» de los personajes de La casa de los espíritus.
Y, como persona agradecida, ha elogiado el premio, que ha descrito como «el más importante de la lengua española» y del cual ha llegado a decir que «es como ganar el Nobel». «Nunca me había presentado a un premio para evitar la humillación de quedar de última, pero ahora, un poco tarde, he asumido este riesgo, que es como volver a casarse a los 80 años», ha rematado. Así ha puesto la guinda a la gran noche del premio literario de Cataluña bendecido por La Zarzuela.

