Miquel Laborde, socio propietario de la consultora que lleva su nombre con sede propia, no alquilada, en la Casa de l’Alcalde de la plaza de Cataluña de Barcelona. Con Gerard Marcet cofundó hace dieciséis años Laborde Marcet, despacho de éxito donde trabajan treinta empleados. En 2024 facturó 3,3 millones de euros. En 2025 habían previsto un aumento de la facturación del 21 por ciento. La consultora movió y removió ese año 136 millones de euros. Gestiona inversiones en la venta, compra y alquiler de locales comerciales, sobre todo, y hoteles en el centro de la capital. También tiene un departamento de inversión que asesora a capitales privados, fondos de inversión y “family offices”. Confían en él las familias catalanas de apellido más ilustre y emergente. Miquel Laborde, el señor Laborde, es joven, viste elegante, lleva el cabello cortado al ras y prescinde de la corbata, una prenda en desuso ahora en ciertos altos ambientes. Tiene 48 años y no los aparenta. Conduce un coche de lujo y vive en el Maresme en una casa moderna a cuatro vientos. Inspira seguridad y confianza.

Micky Laborde. Lleva años, muchos años, en el mundo de la música, del indie rock, que vive con pasión. Se ha dejado las cejas y los codos. También el bolsillo. Impulsó el grupo No Tinc Nòvia y en 2020 formó Soyla, una banda con Jordi Pegenaute, Pep Cucurella y David Simó como integrantes principales. Soyla busca “compartir sentimientos y pensamientos de una generación no digital en un mundo actual; desde las nuevas relaciones hasta los sentimientos de desconexión y soledad que nacen de la digitalización”. Micky exhibe callos en las manos y orgullo de compañeros, que ya llevan muchos años en el sector y han pasado por grupos como Loquillo y Los Trogloditas, Vicente Amigó, Bebo Valdés, Joan Manel Serrat, Estrella Morente, Sol Picó, David Bisbal o Manuel Carrasco. El cantante del grupo viste hipster, con conocimiento calculado y sin desgana. Tiene 48 años y no los aparenta. Soyla actúa poco, se prodiga en escenarios contados, pero ya acumula tres discos: Soyla, Stoy y Radar.

Miquel de día y Micky de noche. O el doctor Miquel y míster Micky. Siempre Laborde, con una lengua afilada y cargada de improperios.

Dice usted que la música ahora es un desastre, que se inscribe dentro del reino de la mediocridad…

Es una opinión personal mía. Creo que lo que padecemos es una falta de cultura musical por parte de las generaciones que escuchan música ahora. A mi parecer, todo es fácil, todo es rápido. No hay un momento para escuchar con calma, para educar el oído. Si no tienes una educación del oído y todo lo que te entra es fácil, es imposible que comprendas música más antigua. Y cuando digo antigua me refiero, por ejemplo, al rock, al jazz o a… Falta una entrada de música como la que teníamos cuando yo tenía diez años. Entonces había una variedad de música o una música que era rica para el oído.

¿Cree usted que las generaciones de los años sesenta, setenta u ochenta estaban más educadas en la música?

¡Totalmente! Podemos excluír la movida madrileña, si quieres [ríe mucho]…

Es que la gente mayor siempre se ha referido y se refiere a su época como el paraíso…

Es posible, pero si tú actualmente miras el number one en todas las listas, encontrarás a Bad Bunny. Dime tú las letras que tiene Bad Bunny, dime tú los ritmos que tiene Bad Bunny. Haz un ejercicio, toma una canción y quítale la batería y dime cuánto te ha costado la producción. Al final, si eso es lo que estamos escuchando y es lo que estamos transmitiendo, el oído se acostumbra. Y entonces cuando oye algo más complicado, lo ve muy difícil y quiere dejarlo de lado muy rápido.

¿Qué nos pasa a la gente que hemos compuesto música o hemos hecho música y hemos escuchado todo tipo de música y somos trabajadores de la música? Componemos, estamos en el estudio, nos hemos pasado dos millones de horas para aprender a tocar el instrumento o aprender a armonizar mejor una melodía… ¿Y qué? Lo que te revienta a nivel… a nivel de todo, a nivel espiritual y a nivel de trabajo, es que ves que tú no tienes trabajo, o sea, que no te llega el trabajo, que el trabajo es para otro tipo de música, que es totalmente diferente de lo que tú estás haciendo. Y que en definitiva todo este tiempo que has invertido en poder compartir tu música o hacer partícipes a los demás de una música más elaborada, con unas letras más elaboradas, con unas guitarras más elaboradas, no sirve para nada.

Pero a mí me viene ahora a la cabeza, por ejemplo, Rosalía. Rosalía es una artista que es muy interesante a todos los niveles y ha tenido un éxito fulminante. Rosalía combina el arte y el éxito. Y eso es posible.

Rosalía. De acuerdo. Dime más gente que creas que está en el top ten y que sea talentosa como ella… Por cierto, ella tocó con un bajista que tuve yo antes, con Bernat Guàrdia, durante un tiempo. Le decían La Niña y la tía tenía dos huevos que no veas, porque estaban actuando en flamenco y estaba tocando creo que en Bélgica, y le decían: “Venga, ponte a cantar”. Y la tía salía allí al escenario a cantar con una desenvoltura que tiraba de espaldas.

Ella tenía muy claro que llegaría, ha luchado por eso, ha combinado muy bien lo que la gente quiere con lo que ofrece y lo ha mezclado con… Por ejemplo, hay una canción que no recuerdo, que toma como un sampler de una orquesta cubana de los años 40, que es la hostia, no recuerdo el nombre, y la tía canta encima, y claro, la gente que hacemos música, la gente que sentimos, no digo que sintamos mejor o peor la música que alguien que escucha Bad Bunny, pero sí que tenemos un ámbito de escucha mucho más amplio, flipamos.

Esta tía es capaz de hacerte un Motomami con las motos allí roooon roooon, y después te hace esa maravilla. ¡Rosalía! Dime un top ten que sea capaz de combinar eso como ella. Dime cuántos grupos de indie han salido en España en los últimos veinte años que vayan a festivales nuevos.

Pero, en cambio, en el indie internacional, en todo el ámbito anglosajón, eso es diferente…

Totalmente, claro. Esa gente sigue escuchando rock, sigue escuchando pop, sigue escuchando metal, sigue escuchando otros tipos de música. Si te vas a la movida que hay en Londres actualmente, se siguen haciendo cosas chulísimas. Incluso hacen punk, otra vez, en plan The Clash, o sea, increíble. O te vas a Estados Unidos, donde tienen una cultura mucho, mucho más abierta.

¿Y qué ha pasado aquí?

Pues no lo sé, no tengo ni puta idea. Yo lo que sé es que siempre que hablas con los festivales no hay una apuesta seria por grupos nuevos porque no venden entradas. Es muy fácil. Es un negocio y el negocio es: “Tú vendes entradas, te cojo; tú no vendes entradas, no te cojo”. Entonces, ¿quién vende? Quien lleva veinte años con éxito. Por eso, si te fijas en los carteles de cada año en Cataluña, de grupos españoles, ya no te digo los grupos catalanes, que me cuesta mucho más comprender porque no entiendo nada, pero en el caso de los españoles, ves  Amaral, Hombres G, Los Rebeldes… Vuelves a ver el cartel de cuando yo tenía diez o quince años, y tengo cuarenta y ocho. Entonces, ¿qué pasa aquí? Claro, los festivales dicen: “Estos tíos venden entradas todavía y, por tanto, los cojo”. ¿Y tú? A mí me han dicho muchas veces: “Hostia, sois los más brutales a nivel directo, sonido, composición, tal, pero no vendéis entradas, tíos”. Pero cabrones, no vendemos entradas porque no llegamos a poder enseñar lo que estamos haciendo!

Esto puede ser el pez que se muerde la cola…

Totalmente. Entonces es imposible encontrar una salida si no es que alguien te hace caso. Nosotros este año, en los peores momentos en cuanto a ganas de continuar, vamos al Sonorama de Aranda de Duero. ¿Por qué? Porque uno de los productores nos vio hace tres años y dijo: “Estos tíos tienen que venir, sí o sí. No sé dónde están, pero tienen que venir”. Gracias a una empresa que se llama Old Sound, de Madrid, que la lleva Nacho Gamboa y que llamó y dijo: “¡Tráelos!”. Pero eso es la excepción de las excepciones de las excepciones de las excepciones.

O sea, usted se prepara toda la vida para tocar, para componer, para cantar, de la manera que considera más virtuosa posible, y al final eso ha sido un fracaso.

Totalmente. Yo soy un intérprete mediocre, pero mis músicos son espectaculares, brillantes, y yo me he tenido que adaptar, me he tenido que poner a tocar de una manera digna. Es decir, que puedas decir: “Hostia, el cantante y el guitarra que acompaña a estas bestias lo tiene que hacer con dignidad”. Pero claro, si tú miras a David Simó, que es el batería de David Bisbal y que toca que es la hostia, o a Jordi Pegenaute, que lo hace con Loquillo, o a Pep Pérez Cuconulla, que está tocando con Vicente Amigo y con toda la gente del flamenco toda la vida, entonces, claro…

Perdone la impertinencia… ¿Y por qué tocan con usted si no ganan un duro?

Ellos me dicen que porque conmigo hacen música…

¿Y no ganan dinero?

No ganan un puto euro, los pobres…

«Siempre le digo a mi socio que se ha equivocado en continuar conmigo»/ Anna Munujos

¿Y si uno es muy bueno, y además, ha tenido una trayectoria de éxito, y llega a una cierta edad y ya no puede vivir de eso, qué siente?

Mira, yo eso lo siento con mi socio, con el Pege [Jordi Pegenaute]. Llevo con él veintidós años asociado. Y siempre le he dicho que se ha equivocado en continuar conmigo, porque creo que con otro músico habría tenido más repercusión mediática, o se habría sabido vender en las redes sociales mucho mejor que yo, que eso de las redes sociales me cuesta mucho. Mostrarse, mostrarse, mostrarse, pues no… No sé, yo creo que al final todo el mundo acaba mal de la cabeza, porque no es natural… Llevamos veintiún años juntos y…

¿Y de fracaso en fracaso?

Fracaso… Mira, si miras la oportunidad que has tenido de compartir música tantos años con gente tan buena, lo que has aprendido, lo que has sentido y lo que has hecho, es un éxito absoluto. Si miramos el resultado por el reconocimiento del público, por el grupo, por el dinero que ha entrado y por cómo ha ido, es un fracaso absoluto. Entonces, es muy relativo. Yo no sería el músico que soy, ni tocaría como toco ni cantaría como canto, si no hubiera estado veinte años asociado con él y no hubiera trabajado como un animal, que también he hecho clases de canto durante veinte años. O sea, me he matado. Claro, tocas con estos tíos y lo que quieres es que no digan “¡Ostras!”. Quieres estar digno y que los tíos te digan: “¡Muy bien, Micky!”

Deberían triunfar en circuitos selectos, ¿no? Debería haber como una red de salas mucho más escogidas, donde gente que tuviera el gusto un poco más cultivado –digámoslo así– pudiera seguir grupos como ustedes y que eso les permitiera ganarse dignamente la vida.

Eso no es posible aquí en España ahora mismo, porque hay esto de la Gira por Salas, que está un poco hecho a dedo… Lo digo públicamente. Estos tíos cuando hacen la Gira por Salas ya saben quién irá. Tú te apuntas, puedes lucharlo, pero nada… Es muy complicado. Porque la gente mira solo los seguidores que tienes.

Los seguidores que tienes por redes…

O en Spotify. Entonces, ¿qué pasa? Que nada. Esto del pez que se muerde la cola. Hay gente que no, eh. Me he encontrado gente que me ha escrito y me ha dicho,: “Hostia, os he descubierto, qué guay, ¿cuándo venís a mi ciudad?”. “No sé si podré venir nunca, pero muchas gracias por el apoyo”. Y eso es un problema enorme, porque valoran la calidad del grupo según los seguidores que tienes, y no es así. Puedes encontrarte grupos de mierda que tienen no sé cuántos mil seguidores. Y puedes encontrarte con grupos, hostia, con gente que no se ha metido en la rueda de las redes sociales tanto o con la venta de su producto, y tiene menos seguidores, y que son gente buenísima, ¿sabes? De todas maneras, yo me he encontrado más grupos extranjeros buenísimos que nacionales.

Me viene a la cabeza ahora mismo toda la red que hay en Cataluña de conciertos y de actividades con apoyo oficial. Me vienen a la cabeza ahora mismo también grupos que no tienen, de apoyo oficial, pero que son capaces de reunir miles y miles de personas…

Hay un apoyo por la música en catalán. Si hablas en castellano, o compones en castellano, te separan directamente, te dejan fuera, y no tienes la oportunidad de entrar en el circuito catalán. Yo he tocado más fuera de aquí que aquí, en España, y eso es increíble.

Pero los grandes festivales que hay en Barcelona, por ejemplo, como el Primavera Sound o el Cruïlla, no entran necesariamente en esos circuitos públicos. Tampoco son de música en catalán. Son festivales que congregan muchísima gente…

Los grandes festivales… Hemos entrado en alguno, sí, con la desgracia de que no nos pagaron después de tocar…

¿Qué festival no les pagó?

Prefiero no decírtelo, sinceramente, porque no tocaríamos más allí. Y es un festival donde nos gusta tocar. Lleva más, de festivales, la persona que nos dijo que nos pagaría al final, y estamos en ello. Pero es una puta vergüenza, sinceramente. Es decir, al final, lo que tú ves es que, como te he dicho antes, si tú vendes entradas, te aseguras el pago. Que eres un grupo que abre para otro conocido y reúnes a trescientas personas, pues quizás no te pagarán. Pero eso –y eso sí que me gustaría denunciarlo–, lo hacen muchos festivales, no solo en este. Estos tíos muchas veces montan una sociedad para ese festival en concreto, pagan a aquellos que creen que deben pagar, declaran la sociedad con pérdidas o dicen que no pueden pagar, y todos los demás se quedan sin cobrar. Así hacen caja. Y eso no lo hacen solo en un festival, lo hacen bastantes. Entonces, los grupos que no tienen una repercusión mediática muy fuerte o que no pueden denunciar esta situación, porque no tocarás en ningún festival más, se lo tragan.

A nosotros nos ha pasado alguna vez, y eso que tenemos los músicos que tenemos. Mis músicos, por concierto, cobran una miseria. Una miseria. Según lo que cobramos nos lo repartimos, muchas veces no cobro yo, y con eso y clases y otros trabajos sobreviven.

¿Y cómo no cambian de grupo y buscan volar en aires más propicios?

Pregúntaselo a David Simó. David Simó, por ejemplo, dice: “Micky, es que contigo hago música, la disfruto. Yo vengo aquí, veo las canciones, veo lo que hacemos y vibro”. Eso es muy bonito, ¿sabes? Estas personas, además, son muy amigos entre todos, somos un grupo de amigos que nos reunimos y nos lo pasamos genial.

«Aquí somos tíos entre 48 y 67 años, y eso del ego se ha acabado»/ Anna Munujos

Los Beatles eran muy amigos también y mira cómo acabaron…

[Ríe]. Sí, hombre, pero de los Beatles no es que estemos a años vista, es que estamos en planetas, en universos, diferentes.

Pero quiero decir que eran muy amigos y en un momento determinado se acabó la amistad.

Porque allí eran muy jóvenes y el tema del ego era muy importante. Aquí somos tíos entre 48 y 67 años, y eso del ego ya se ha acabado.

¿Seguro?

Al 200 por ciento. Ven un día y nos verás. Si cuando uno dice: “Mira, esto podríamos mejorarlo”, los demás lo que hacemos es decirle: “¿Cómo lo hacemos?”. Y nos ponemos a trabajar. Es alucinante. Son gente que ya tienen los huevos muy curtidos de… Uf, esto queda fatal decirlo, pero es que es así. Es que ya están muy experimentados.

Perfecto, ustedes son el grupo virtuoso fracasado por excelencia y sin los pecados de juventud de los demás.

Sí, bueno, es eso.

Pero es verdad que muchas veces cuando alguien dice: “Es que la gente no me entiende”, es posible que lo que está pasando es que es él quien no entiende a la gente.

Yo soy un tío muy abierto. Perdona, yo soy un tío que me puedes poner cualquier tipo de canción y puedo tener muchas reticencias, pero me la escucho. Es decir, no tengo una opinión inalterable. Y si tienes una opinión mejor que la mía, te aseguro que la escucho, y si considero que puedo migrar, claro, me voy contigo.

Ha dicho antes que no le gustan los grupos que cantan ahora en catalán?

No.

¿Ninguno?

A mí me gusta Love of Lesbian, que cantan en castellano siempre o tienen alguna canción en catalán, pero poca cosa. Lo siento, tío, pero…

¿No le gusta Mishima?

Buuuuuf… Mishima… no los he escuchado lo suficiente… Había… perdona, sí que hay unos, ¿cómo se llaman…? Maria Arnal, creo que se llama. Esta chica es brutal. Hay gente que encuentro buenísimos. También Oques Grasses tienen una canción… “T’estimo”, creo que se llama. Sí, “T’estimo”. “Tan bonic, tan bonic… Na-na-na…”. Esta canción a mí me pone los pelos de punta. Es preciosa.

No la conozco. Quizás es “La gent que estimo”… Ah, por tanto, sí le gusta este tipo de música como la que hace Oques Grasses.

Sí, claro, hay algunas que me gustan, pero después hay cosas que no puedo comprender. The Tyets, todo eso, es que no lo puedo comprender. No lo entiendo, y como no lo entiendo, no lo critico, porque, escucha, hay mucha gente que les gusta mucho, ¿no? Fui a Cruïlla, también, había otros, y pensé: “Si aquel no sabe tocar la guitarra, pero qué mierda es esta?”. Pero sí, sí, hay gente muy buena en Cataluña.

En su último disco hay una canción en catalán…

“L’encordador de raquetes”. Eso es una canción…

Una –una!– canción en catalán en tres discos…

No, pero esta, además, la hice porque un amigo mío, que es encordador de raquetas, Xavi Colomer, que es un tío que encuerda en Roland-Garros, para los más grandes, y tiene dos tiendas en Barna, en el Polo y otra… Su hermanita murió de cáncer y acto seguido él contrajo otro. Como hablamos catalán, le dije: “Tío, voy a hacerte una canción”… No se lo dije, perdona, hice la canción y se la envié. Se recuperó y ahora está encordando raquetas y está fantástico. Aquello era un regalo, mucho amor para una persona que encuentro que es excepcional como persona, con un hijo y una hija pequeños, también, y hostia…

Pero ¿por qué solo una canción? Si usted es catalán y habla catalán normalmente? Se lo digo porque hace un rato se quejaba de que hay circuitos donde solo puedes actuar si cantas en catalán…

No, no, te soy superhonesto. El primer disco, lo produjo Manuel Colmenero. Manuel Colmenero fue el que produjo Vetusta Morla y produce todos estos grupos que… Ahora no me vienen los nombres, pero todos estos grupos que se escuchan mucho en España… Viva Suecia, todos estos grupos… Pues este es el productor, y todo el mundo quiere ir con él. Yo le envié…

Ustedes en aquel momento cantaban en inglés. 

Yo cantaba en inglés, exacto. Le envié las canciones en inglés y me dijo: “Mira, tío, me gusta mucho lo que hacéis, pero cantad en castellano, o aquí en España, imposible, no haréis nada”. Entonces en seis meses compuse treinta canciones. Tomé las que tenía en inglés e hice treinta letras en español.

«En aquel momento cantamos en castellano porque queríamos expandirnos un poco más»/ Anna Munujos

De la misma manera, otro le podría haber dicho: “Compón en catalán, porque, si en Cataluña no compones en catalán, tampoco te saldrás”.

Pero si es que tienes razón, pero lo que pasa es que en aquel momento queríamos expandirnos un poco más. Yo también hablo catalán toda la vida, pero mis padres hablan castellano y por tanto no me viene de nuevo. Además, leo muchísimo y me es muy fácil escribir tanto en catalán como en castellano. Y en inglés también, la verdad. En los tres idiomas puedo escribir bien, no me cuesta nada. 

¿Por qué no prueban de hacer un disco en catalán y ver qué pasa?

¡He hecho! No tinc nòvia. Tenía un grupo que se llamaba No tinc nòvia. Que tiene canciones preciosas, también.

¿Y tampoco funcionó?

Este grupo no funcionó, pero porque… Yo no sé si hubiera funcionado o no, pero el cantante, Jordi Vives, que es un tío fantástico, yo no… no… Las canciones no… La interpretación que hacía de las canciones con su voz, no. No. Entonces, claro, al principio sí, porque éramos muy amigos, pero al final dije: “Es que no, es que no lo veo”. Y como no lo veía, cancelé el grupo y monté otro.

¿E intentarlo ahora de nuevo?

Estoy quemado. [Ríe]. Sí, estoy muy cansado.

Pero si acaba de hacer un tercer disco!

No solo eso. Ahora saco en breve un EP de cuatro temas. Los cuatro o cinco temas que estoy haciendo ahora son muy canyeros. O sea, son guitarras mucho más estruendosas. Es un poco más lo que nos gusta al Pege y a mí, que es música más fuerte, que se asemeja a la que hace un grupo que se llama Tool. Es una música que te tienes que currar mucho.

Sí que lo veo cansado… O sea, que en el fondo no renuncia a intentar triunfar entre el público.

No, claro que no renuncias. No renuncias nunca. Y además, eres un hipócrita si dices: “No, yo ya paso de todos vosotros”. No. Claro que te gustaría ir a festivales xulos y poder compartir la música. Lo que pasa es que también cada uno tiene sus prioridades. Yo ya priorizo a mis hijas pequeñas, que tienen dos años y medio y cuatro años y medio, más que la música. No tengo veinte años, yo. Tengo cuarenta y ocho. Pero claro que me gustaría ir con el Pege y todos estos por ahí. Porque es que, además, quizás suena fatal, pero merece la pena venir a vernos. Si quieres ver un grupo, hostia, cañero, que toca muy profundo, que hace un espectáculo, que está muy bien, vale la pena venir a ver Soyla. Pero también te digo, al mismo tiempo, que si me dicen que tenemos una gira de veinte conciertos, no, no voy.

Es curioso el alto concepto que tiene de ustedes, que reivindique la calidad en lugar de la vulgaridad y la mediocridad, pero al mismo tiempo en su página web solo he encontrado una crítica que no los deja nada bien. Este texto, de un señor o una señora que se llama Hipserian Circus, es terrible. Dice: “la familiaridad se convierte en la principal debilidad del álbum, que suena como algo que ya hemos escuchado antes, sin ofrecer una propuesta que nos sorprenda o nos conmueva”…

Es que me la pela lo que piense ella.

No soy yo quien reproduce esta crítica.

[Ríe mucho]. ¡Eso debe haberlo hecho Toni! Yo no lo habría incluido. ¡Le tendremos que cortar la cabeza a quien lleva la web! Qué pena, porque tenemos críticas en El País y en otros lugares que son fantásticas. Tenemos una de… ¿Cómo se llama el tío aquel que iba con Sabina, aquel que lo echó? Sí… ¡Pancho Varona! Es una crítica fantástica. Pero también puedo entender que me diga eso una persona. Es que al final no puedes gustar a todos, sinceramente, y alguien puede pensar que somos una puta mierda. Eso es posible. Ahora, cabrón, ven a vernos en directo. Y cuando veas el directo, entonces opina. Puedes coger un disco y decirme: “No, este disco no me gusta, estas canciones no me gustan”. De acuerdo. Ahora, mira el directo. Porque en el directo te pueden o no gustar las canciones, pero no podrás decir que el grupo no suena de la hostia. Eso sí.

¿Por qué hacen discos todavía?

Porque nos gusta hacer música.

No, no le pregunto por qué hacen música, sino por qué hacen discos. Porque pueden colgar las canciones en Spotify o en su web…

Ah, ¡los vinilos!

Sí, vinilos o lo que sea, o CDs.

Solo hacemos vinilos. Por romanticismo. Poética pura.

Si no actúan, no los pueden vender en las actuaciones… Ganas de perder dinero…

Mira, te los regalo a ti y a la fotógrafa de El Món hoy. [Ríe]. Es verdad, ¿qué quieres que te diga?

Pero si actúan poco…

Es que me la… No quiero hablar mal, porque luego me dicen que digo palabrotas, pero… Es que me da igual, tío. Antes me importaba mucho. Yo iba y preguntaba: “¿Cuántos hemos vendido? Y el corazón, sabes?, se te encogía. Cuando acababas un bolo te habían comprado tres discos. Y dices, hostia, ¡qué triste! Todo este trabajo… Me ha gustado mucho, pero ahora, veinte pavos por un vinilo… Soy capaz de irme a cenar a un lugar de mierda y pagar treinta o treinta y cinco euros, pero por un vinilo, ¿veinte pavos? ¡Ni de coña! Cinco, cuatro, quizás. ¿Crees que un vinilo vale cinco euros? La producción del vinilo ya vale mucho más. Entonces…

Pero los hacen…

Los hacemos, los hacemos. Y tenemos cajas llenas. [Ríe]. Pero ¿qué quieres que hagamos? Es que es lo que hay…

Es puro romanticismo.

Es romanticismo, sí, puro. Y después, Soyla ha invertido mucho dinero estos últimos años. Mucho dinero en marketing, en no sé qué…

Lo invierte usted.

Totalmente.

Que es el que gana dinero del grupo.

Que soy el que gana dinero.

Con otra actividad.

Con otra actividad, claro. No la música. Los últimos cinco o seis años he invertido una locura. Ahora ya he dicho basta. Me los quedo e invierto una parte para las cosas que valga la pena, para nosotros… Bueno, yo y el Pege, perdón. Porque Jordi Pegenaute durante seis años no ha ganado nada. Ha ganado 0,000 y ha invertido todo su tiempo. Eso vale mucho dinero. O sea, no yo, él y yo. Los otros músicos han sido satélites, excepto… Bueno, satélites, no. Son parte del grupo, pero no han arriesgado. Ellos han venido cuando había trabajo, cuando había que hacer cosas, pero el resto del tiempo, no. Y también han perdido mucho dinero. Y también han invertido, porque, si dices David Simó, lo que cobra aquí en un bolo o lo que cobra con Bisbal, pues, claro, es que es una vergüenza. Pero él lo decide, yo no obligo a nadie. Estoy feliz de que estén aquí… Mucha pasta, tío.

Son una vieja banda de lobos solitarios y románticos…

Yo no creo que seamos solitarios, porque a todos nos gusta el reconocimiento. Quien diga que no le gusta el reconocimiento es un hipócrita. Claro que nos gustaría estar en listas donde pudiera la gente escuchar todo lo que hacemos… Y no solo eso, todo lo que hemos hecho antes…

Quiero hablar un poco de cómo se gana usted la vida. Hemos hablado de la actividad que realmente le motiva, pero usted es socio de una empresa que se llama Laborde Marcet, de asesoría inmobiliaria…

Laborde Marcet, sí. Yo soy abogado, también. Y soy socio de una empresa que se dedica al asesoramiento para la compra de inversiones patrimoniales inmobiliarias, que es de donde saco el dinero para poder continuar haciendo música.

[Sonrío]. O sea, que cualquiera diría que usted es un artista, un virtuoso, y después resulta que es un especulador…

Sí, pero también me da igual lo que piense la gente. [Ríe]. De verdad. Es que me da igual. O sea, en España… en el mundo, quizás… España es el país de la envidia. Si tú tienes un coche chulo, eres un hijo de puta porque tienes un coche chulo. Si tienes una casa chula, seguro que la has ganado robando o que te la han regalado tus padres. Yo llevo desde los doce años trabajando como un animal. Es decir, a mí nadie me ha regalado nada. No es que hayas tenido mucho cariño a nivel familiar. Me lo he tenido que ganar todo trabajando como una bestia. He trabajado en todo. Descargando camiones, en Decathlon, de vendedor en l’Illa Diagonal, trabajando en las noches de árbitro de fútbol. Aquí y en unos barrios de la hostia, donde me he llevado una puñalada y donde me han roto la nariz… He trabajado absolutamente en todo para poder pagarme la carrera, para poder pagarme la escuela. Entonces, cuando alguien me viene y me dice: “Ah, no, es que tienes tanto…”… Puto desgraciado, envidioso de mierda. Yo vengo de la nada. Nadie me ha regalado nada, tío. Por tanto, ¿sabes?, me da igual lo que me digan.

El negocio inmobiliario en Cataluña sufre grandes tensiones sociales y muchas presiones políticas porque la gente considera que es horrible y que es un pecado que haya quienes no puedan pagarse un piso mientras haya quienes ganan mucho dinero alquilando o vendiendo uno.

Yo te hago una reflexión y quiero que pienses en lo que te diré ahora. Primer problema, la administración pública. La administración pública no hace absolutamente nada para paliar esta situación.

Bueno, sí, se queda con el 30 por ciento de todas las promociones inmobiliarias para viviendas sociales.

No, no, te lo explico. Déjame hablar un segundo y te lo explico, porque es muy fácil. ¿Quién hace las promociones?

Promotores particulares.

De acuerdo. ¿Quién hace, quién levanta los edificios?

Los promotores particulares.

Y los constructores, ¿no?

Y los constructores, a instancias de promotores.

Correcto. Muy bien. ¿De dónde sacan el margen de beneficios los constructores y los promotores?

Obviamente, de las promociones.

Si tú les quitas el 30 por ciento del beneficio, ¿quién quiere construir? Barcelona ha sido una de las ciudades con menos construcción del mundo los últimos doce años. ¿Qué está pasando? Que esa norma no funciona. ¿Qué tienes que hacer? No seas idiota. Da incentivos fiscales a los promotores y a los constructores para que hagan vivienda de protección oficial. Y para que construyan. Entonces, ¿la culpa de quién es? ¿De la promotora o el constructor? ¿O de un gobierno que aprueba medidas populares para hacerse el gorrión, que les digo yo, pero luego esas medidas no son efectivas? Eso es un problema, que no se hacen bien las cosas y lo que se hace es ir tirando, ir tirando, ir tirando. Después, falta vivienda. Un abuelo, hostia, deja a su nieto o a su hijo o a quien sea el piso. Este va hasta aquí. O se lo queda o lo pone en alquiler. Ahora no lo puede poner en el alquiler al precio que quiere porque hay una regulación de norma porque hay una tensión sobre el alquiler. ¿Correcto?

«El tema de la ocupación ahora es la rehóster»/ Anna Munujos

Dicho a las bravas, sí.

Tampoco lo puede vender porque entonces es un especulador. Entonces, a ver…

O le puede entrar alguien dentro…

El tema de la ocupación es ahora la rehóster. ¿Por qué la derecha sube de esta manera brutal? Porque la gente está harta. Un tío que votaba Esquerra y ve cómo está Esquerra Republicana, cómo está la izquierda catalana en general, ¿qué hace? Se va a la derecha, se va a los Orriols, se va incluso a VOX o al PP. Gente que votaba la izquierda. ¿Por qué? Porque siguen ocupando pisos… Si tiene un piso y se lo han ocupado, y en veinticuatro horas entran dos tíos, ponen dos hijos y piden una pizza, no los sacas. ¿Cuánto tiempo te cuesta sacar a estos tíos? ¿Y no hace nada la policía? Si yo voy por la calle o me salto un semáforo, me tratan como un delincuente, porque es lo que hace la Guardia Urbana de Barcelona a veces. Te hablan fatal, te tratan fatal, te ponen la multa y a pagar. Y si no, te embargan la cuenta.

Por tanto, y a su parecer, ¿cuál sería la solución para intentar que hubiera un alquiler más asequible y para que el precio de la propiedad tampoco fuera tan caro?

Una intervención fiscal de la administración pública y ya está. Incentiven la promoción, incentiven que haya más pisos, incentiven la construcción. ¡Es que no motivan! Si yo a ti no te motivo a hacer algo y lo único que hago es quitarte de lo que ya ganabas, pues no lo hago aquí. Me voy a Madrid a construir. Me voy a Málaga y dejo Barcelona sobreviviendo, como estamos.

Ustedes no viven de eso. Viven más bien del alquiler y la venta de locales en zonas importantes de Barcelona…

Nosotros nos dedicamos a lo que son las zonas de mucho paso en Barcelona. A la venta de locales, edificios y hoteles comerciales o industriales.

La construcción de nuevos hoteles también está muy restringida por el ayuntamiento…

¿Qué hace el ayuntamiento? Hace ocho o diez años hizo una normativa en la que determinaba que no se pueden convertir edificios de oficinas o residenciales en hoteles. ¿Y eso qué significa? Eso afecta solo a los hoteles que hay en Barcelona, pero en el entorno se pueden hacer tantos como los promotores quieran. Las cadenas hoteleras pensaron: “Estos tíos son imbéciles, porque yo quiero estar en el centro”. ¿Qué consiguen con eso? Que suba el precio de los hoteles que hay en Barcelona, suben el ticket por habitación y no permiten la apertura de ningún hotel más. Porque va en contra de lo que es la nueva vivienda. Son imbéciles, sinceramente. Haría falta solo un poco de sentido común. ¿Por qué Sílvia Orriols sube tanto? Porque habla con la lengua sin pelos. Te puede gustar o no te puede gustar lo que dice, pero lo dice tal como lo piensa.

Orriols ahora centra el discurso, sobre todo, en la islamofobia y el rechazo a la inmigración.

¡Un momento! Ella puede decir islamofobia, antiinmigrantes, lo que sea, pero después está en el lado de los antiocupas. Ves que hay mucha gente que toma lo que es la islamofobia, lo separa, no mira y se va hacia allí. Por eso hay una subida de esta opción.

También Aliança sube porque mucha gente que votó independentismo se siente estafada.

Totalmente.

Y ella en ese sentido tampoco tiene pelos en la lengua. Después, ¿qué hará? ¿Lo hará mejor que los otros partidos que se proclaman independentistas? En todo caso, mucha gente que han votado a Junts, Esquerra o la CUP ahora la votarán a ella. Es una opción de castigo.

Como periodista, sabes que el 50 por ciento de la gente que la vota no es independentista.

Eso dice la demoscopia. No lo tengo tan claro. En todo caso, el 50 por ciento restante serían independentistas decepcionados. Conozco mucha gente que dicen que la votarán porque los otros les han decepcionado. Y quien dice los otros dice CUP, Esquerra o Junts.

Estoy totalmente de acuerdo.

Por tanto, sube por muchas cosas. Continuemos, pero, con su negocio. Ustedes alquilan, venden, compran locales por el centro de Barcelona…

Para familias o particulares que quieren invertir.

Es curioso que en la web corporativa cada vez que cierran un alquiler o una venta de esas importantes ponen “éxito” con letras bien llamativas… ¿Eso es un éxito?

Es muy gracioso, porque tenemos un CEO nuevo. Yo, ¿sabes qué pasa?, yo soy muy platanero, muy de andar por casa con las zapatillas y con los calcetines. Pero sí que es cierto que la empresa estaba haciendo un cambio hacia arriba. Y yo soy demasiado llano para poder hacerlo. Tomamos, pues, un tío que venía de una multinacional, Carlos Bajo, un tío fantástico. Él cree mucho en lo que es el marketing publicitario, en el cual tenemos que hacer la hormiga más grande. Si tú tomas una hormiga y la pones bajo una lupa muy grande, tendrás siempre una hormiga muy grande.

Un hormigón.

Pues, él hace eso realmente muy bien. Yo me entero muy poco de las publicaciones de Linkedin, pero delego en él, y mi socio Gerard, también, porque Gerard es todavía más llano que yo. Nosotros con esta empresa hemos duplicado la facturación en un año, de hace un año solo. Y pensamos [Ríe]: “Debe tener razón, debe tener razón”…

Cuando alguien se mira en informes más o menos especializados su trayectoria, parece que ustedes sean un milagro empresarial. “Este año Laborde Marcet factura el doble y ahora se han instalado en la plaza de Cataluña…”. “El año que viene prevén el mismo aumento o más…”.

Realmente nos va muy bien. También tenemos una filosofía muy, muy, muy marcada. Por mi parte, piensa que yo asesoro familias, asesoro personas. Cuando no juegas con tu dinero parece todo mucho más fácil… Para mí no lo es. Como vengo desde el cero patatero, si tú me das un euro para que te lo invierta, te aseguro que lo miraré muy bien. Muchas veces perdemos un montón de operaciones porque no creemos en ellas o creemos que no es eso. Viene la competencia te la hace y te la pasa por la cara… Pero es que no falla. Te lo juro, si tú haces bien las cosas y haces ganar a los demás dinero, el word of mouth es que lo multiplica por dos mil. Porque muchas veces… Es un negocio muy difícil porque pasan muchos dineros por delante, y hay mucha gente que dice me agarro aquí porque, si me agarro aquí, ya lo tengo. Es mucho más difícil decir: “Deja que fluya”. Mira, da tu opinión, haz que la familia gane el dinero. Muchas veces yo tengo familias que se han cabreado conmigo absolutamente por perder una operación inmobiliaria. Y yo digo: “Tío, es que la hemos perdido porque has presionado demasiado por aquí o has hecho esto”. Si no lo tengo claro, ¿qué quieres? Coge a otro, vete a la competencia o te buscas a otro tío. Pero yo tengo que estar realmente seguro de lo que hago, porque cuando salga mal me vendrás a buscar a mí.

«El 95 por ciento de la gente que yo trato para inversiones son familias o particulares que se han vendido empresas grandes»/ Anna Munujos

Los propietarios de esos hoteles, de esos grandes locales, en el centro de Barcelona –en el Portal de l’Àngel o en el paseo de Gracia–, ¿son catalanes o son fondos de inversión multinacionales?

El 95 por ciento –más, el 99 por ciento– de la gente que yo trato son familias o particulares que se han vendido empresas grandes, tecnológicas, industriales… Yo casi no trato con fondos de inversión. Carlos, por ejemplo, y otros compañeros de la empresa sí lo hacen.

Pero, en general, el volumen de negocio más importante del centro de Barcelona, eso que hacen ustedes, ¿son fondos o son particulares?

Depende del importe de la operación sabes. Hay de 150 millones de euros, donde suelen entrar los fondos de inversión. Hay de 20, 30, 40, 50 millones, donde entran particulares o familias. O sea que quizás las operaciones más grandes, las que tienen más volumen o más ruido, acaban en manos de fondos. Es muy gracioso, porque al final todo el mundo piensa que los fondos de inversión son algo intangible. Y los fondos de inversión…

Hombre, deben operar con dinero de orígenes muy diversos… También con particulares que han ahorrado…

No, no, no voy por ahí. Cuando inviertes en un fondo de inversión, tú dices: “¡Un fondo de inversión, un fondo de inversión! [Remarca mucho el concepto con voz afectada]. Pero el fondo de inversión son cuatro tíos, tres tíos, de 30 o 32 años y un fund manager que están levantando capital a través de la banca privada del tal y ellos van decidiendo un poco por dónde entran. O sea que al final, al final, el fondo de inversión tiene mucho dinero que tiene que invertir. Por tanto, depende del fondo donde te metas, ten cuidado. Porque muchas veces tienen que invertir sí o sí en inmuebles. Y van a rentabilidades que a veces son más justas y a veces son más ordenadas. Pero como hay muchos fondos de inversión, la competencia es feroz. Y tienen que invertir ese dinero. Por tanto, es mucho más… Parece todo muy grande, pero al final no es tan grande. Es mucho más fácil de comprender, pero mentalmente a veces ves un fondo de inversión y dices: “¡Oooooh!”.

¿Qué le dice la expresión fondos buitre?

No tengo ni idea de qué me dices, no sé qué es eso. Ah, perdona, perdona, ¡fondos buitre! Perdona. Pues, me parece fatal. Son asquerosos. A mí no me gustan nada.

¿Hay?

Había mucho más hasta hace poco, pero creo que se los han ido cargando. 

¿Quién? ¿Las administraciones o la lógica del mercado?

La lógica del mercado. También… Hostia, yo… hay una cosa, ¿no? A veces me he encontrado a alguien que decía la palabra bicho refiriéndose a personas que viven en un piso. Bueno, pues en mi empresa la gente que hable de bicho para referirse a una persona la mando a tomar por saco y no trabajará más con nosotros. Eso que te quede claro. Yo o los treinta que somos en el despacho. Eso sí que es algo que me indigna. Porque al final hay gente en el mercado –me vienen nombres, pero no puedo decirlos– que sí que piensan que todo vale para ganar pasta o que todo vale para hacer lo que ellos creen que se debe hacer. No en nuestro nombre. No en nuestro caso. Pero también te digo que no se me ocurren tantas personas, y al final eso es positivo.

Total, que al final usted se gana la vida y muy bien con esto.

Yo me gano la vida muy bien con esto.

¿Cuántos días a la semana trabaja en la empresa?

Trabajo poco. Sí, sí, sí. Trabajo poco, pero siempre estoy conectado. Esto es el peor invento, esto es eslaving. O sea, somos esclavos de esta cosa y siempre estoy conectado, aunque esté de viaje. Entonces, si hablas con mi mujer, te dirá: “No no, sí que trabaja, porque siempre está conectado”. Pero al despacho voy tres días a la semana. Intento ir el martes, el miércoles y el viernes. Los otros me los paso aquí, donde hago música, pero subo y me conecto. Trabajaría menos aún, si pudiera, porque ahora mismo, ya te lo digo, para mí mi prioridad son mis hijas y mi mujer. Y mi madre, pobre, que está fatal. Pero la verdad es que tampoco te dejan. Es imposible. Cuando tienes treinta personas que trabajan para ti, aunque tengas un CEO, te quieren a ti. Si yo voy con una familia y le digo: “Bueno, escucha, ahora te llevará un poco más las inversiones patrimoniales esta persona”, te dicen: “No, no, las llevas tú”. Entonces es muy difícil. Pero bueno, yo me lo paso muy bien, te lo juro que me lo paso superbién. Voy al despacho, estamos en la plaza de Cataluña, en un edificio precioso, espectacular. Os invito a que vengáis un día porque es espectacular, es muy bonito, y además, tiene mucha historia, por eso también lo compré. Y me lo paso muy bien.

Toda la vida en Cataluña se ha hablado del “negocio del ladrillo”. ¿El negocio del ladrillo funciona o no funciona? ¿Da para tanto? ¿El vuestro sí y los otros, no tanto?

Funciona perfecto. Si tienes que invertir, invierte en ladrillo y cerca de tu casa, que tú lo conozcas. Yo, por ejemplo, de inversiones financieras, no sé. Y si sé, tampoco lo hago porque no lo comprendo. Yo solo hago lo que entiendo, domino y comprendo. Lo que he aprendido en la vida es que, si compro un local en Rambla de Cataluña, al final o lo alquilaré o lo venderé bien. Ya está. No tienes que saber mucho, tienes que tener mucho sentido común.

Tienes que ir contra la gente que quiera comprarlo también como tú y que esté dispuesta a pagar más que tú por ese local.

Exacto. Hay una competencia feroz en eso.

¿Cómo se las arreglan?

Tengo treinta tíos en el despacho y estamos todos trabajando, somos infantería. A nosotros no nos llaman como a las multinacionales, que Telefónica te llama y te dice: “Mira, tengo treinta edificios para vender”. Ojalá me pasara eso. Yo me tengo que buscar las castañas. Tengo que salir a la calle, llamar a todo el mundo, ver quién es este… Pero a mí lo que me ha funcionado mucho es el word of mouth, el boca a boca. De hecho, al final siempre me llaman muchísimo y me dicen: “Hombre, Miquel, mira, tengo esto, ¿tú qué harías?

Una cartera de clientes, se decía antes.

Sí, una cartera al final de amigos. Son amigos muchísima gente que he conocido como clientes. Por ejemplo, mi mejor amigo. Lo conocí hace veinticinco años como cliente y ahora hacemos siempre juntos todos los viajes, las dos familias. Puedo decir que los cinco clientes con los que hago más operaciones para mí son familia.

Por curiosidad, ¿cuánto vale el alquiler de un local grande en el paseo de Gracia o en el Portal de l’Àngel? De un local grande, de 400 o 500 metros cuadrados.

¡Bua! Por 500 metros en paseo de Gracia te pueden cobrar 80.000 euros tranquilamente. Incluso más a veces. Y en Portal de l’Àngel, más aún.

¿Y las ganancias permiten ese gasto? ¿O en realidad los negocios son muchas veces de grandes empresas que lo que buscan es potenciar la propia imagen corporativa?

Eso es. No tiene que ser rentable, pero sí que tiene que proyectar una imagen. En un momento concreto hubo como una histeria colectiva que esparcía que los locales se quedaban vacíos. Cuando apareció el covid. Parecía que se iba todo a la mierda, que los locales se quedarían vacíos, pero la gente no pensó en dos cosas. La primera: les gusta salir. Les gusta salir a cenar, a comer o a tomar algo. Por lo tanto, los restaurantes seguirán abiertos. 

¿Y la segunda?

Tú puedes comprar por internet. De acuerdo. Compras y luego las zapatillas no te van bien. Las devuelves, te las cambian y no te vuelven a ir bien. ¿Qué hago? Voy a la tienda. Lo que sí es cierto es que en un momento concreto hubo una mutación por parte de las marcas, que dijeron: “Hago locales más grandes, que sea una experiencia nueva para la gente”. Foto instagram, foto tonterías, foto música a todo volumen…

Más espectáculo que venta. La gente se apunta al espectáculo.

Exacto. Pero después, ¿qué ha pasado? Nada. Sí, venden online, pero venden también en la calle. Y en Barcelona, ahora mismo, en cuanto a locales comerciales, hay una demanda brutal y una oferta mucho más pequeña.

Antes eran los rusos los que más compraban por el paseo de Gracia, decían. ¿Y ahora quién compra allí?

No, eso no es verdad, hombre. Las familias catalanas son las que siempre buscan paseo de Gracia. De los rusos, decían: “No, es que estos pagan no sé qué…!” Los rusos, pobres, depende de quién les haya tocado como asesor, han comprado cosas que eran muy malas o cosas que eran buenas. Yo tengo unos clientes rusos y…

No, yo quiero decir como clientes de las tiendas.

Ah, ¡vale! Sí, sí…

Pero los rusos ya no vienen a comprar. ¿Quién compra ahora en el paseo de Gracia?

El mercado asiático ha vuelto. Los chinos se habían retirado, pero parece que el mercado asiático vuelve a funcionar superbien. Tú te vas a Loewe  y hay colas, tío. Colas, ¡para entrar en una tienda de Loewe!

Hay colas en muchas tiendas del paseo de Gracia. Siempre me ha dado la impresión de que hay que ser masoquista para aguantar eso como cliente… Ponen un agente de seguridad en la puerta y los dejan a la

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