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José Martín del Pliego, psicólogo: «La distancia física no rompe el vínculo: los abuelos siempre aportan calma y bienestar»

La figura de nuestros abuelos es, casi siempre, un ancla vital. Un refugio seguro, un amor incondicional que atraviesa generaciones y que parece inmune al paso del tiempo. Pero la vida moderna nos ha llevado a una realidad desconcertante: ahora viven lejos, a cientos de kilómetros, o incluso en otro país.

Esta distancia física, que amenaza con cortar los hilos invisibles de la familia, nos ha preocupado siempre. Nos preguntamos, con una ansiedad creciente, si nuestros nietos perderán esta conexión única, si el vínculo se romperá definitivamente con la reducción de las visitas. Es un dolor silencioso que muchas familias sienten.

El secreto revelado: los abuelos siempre están ahí (aunque estén lejos)

Prepárense para respirar aliviados. El psicólogo José Martín del Pliego, en una reveladora entrevista para la revista ¡Hola!, desmonta este miedo como nadie. Su mensaje es claro, tranquilizador y, francamente, viral: la distancia física no rompe el vínculo emocional con los abuelos.

Según Martín del Pliego, los nietos continúan percibiendo a sus abuelos como una figura clave de seguridad y apoyo emocional incondicional. Es un lazo invisible que se mantiene firme, a pesar de los kilómetros que separan a las familias. (Sí, nosotros también hemos sentido una ola de alivio al saberlo).

Saber que mi abuelo está ahí para mí genera una respuesta de calma, bienestar y consuelo.

Esta percepción de que hay una figura siempre disponible, una especie de red de seguridad emocional, es, para el psicólogo, fundamental para el desarrollo infantil. Aporta una regulación emocional a los niños que es invaluable y les brinda una seguridad que ninguna otra relación puede replicar con la misma profundidad. Los abuelos son su «puerto seguro», una base sólida que fortalece la autoestima y la sensación de pertenencia a un clan. Un beneficio estrella que perdura en el tiempo.

Martín del Pliego insiste en un punto clave que deberíamos grabarnos a fuego en nuestra agenda mental de crianza consciente: el apego no depende de la cantidad de tiempo juntos. «Lo que fortalece el vínculo no es tanto la cantidad de tiempo compartido como la calidad de las interacciones«, afirma rotundamente. Esto es poderoso, porque nos abre un abanico de soluciones hasta ahora poco exploradas.

Piénsalo: un abuelo que se preocupa, que conoce las inquietudes reales de su nieto, que mantiene un contacto frecuente y significativo, puede construir una relación sólida y duradera. Incluso si viven lejos y no forman parte de la rutina diaria. Esto es una solución definitiva para miles de familias modernas que buscan mantener vivas sus conexiones.

Cómo mantener viva la llama: trucos infalibles para la distancia

La buena noticia es que hay soluciones prácticas y trucos imprescindibles para nutrir este vínculo tan especial, sin importar la distancia. No hay una fórmula mágica única, pero sí estrategias efectivas que se adaptan a cada familia. Desde las videollamadas (que se han convertido en nuestra salvación digital) hasta los mensajes de voz, pasando por las cartas escritas a mano, las fotografías intercambiadas o las llamadas telefónicas regulares. Todas son herramientas válidas si detrás hay un interés auténtico y genuino.

La clave, según el psicólogo, es que las conversaciones no se limiten a preguntas superficiales sobre las notas o la escuela. Hay que ir más allá, hacia el corazón de su mundo. Interésate por su universo real: sus amigos, los juegos que le gustan (aquellos que lo hacen reír a carcajadas), sus preocupaciones (por pequeñas que parezcan a nuestros ojos de adultos) o cómo se siente en casa. Esta escucha activa y empática hace que el menor se sienta aceptado, comprendido y, sobre todo, amado.

Compartir historias familiares, transmitir tradiciones (como esa receta secreta de la abuela que nadie más conoce) o pequeñas anécdotas es un secreto poderoso para reforzar la sensación de pertenencia. Incluso desde la distancia, cocinar una receta de la abuela (con la videollamada abierta), leer un cuento juntos cada semana o intercambiar dibujos y fotografías crea recuerdos compartidos imborrables. Son micro-dosis de dopamina emocional para todos.

El papel crucial de los padres: facilita, no obligues

Nosotros, los padres, tenemos una responsabilidad vital e insustituible en este proceso. Nuestro papel es facilitar el vínculo, crear las condiciones para que florezca, pero nunca, bajo ningún concepto, imponerlo como una obligación más. El niño debe sentir que hablar con sus abuelos es algo que le apetece, una alegría esperada, no una tarea impuesta más a su ya llena agenda.

Habrá días que la conversación dure apenas unos segundos, y otros que se alargue durante media hora o más. Ambas situaciones son perfectamente normales y, de hecho, saludables. Lo importante es que la conexión sea orgánica, libre y auténtica. Esta libertad, esta ausencia de presión, es lo que realmente fortalece y perpetúa el lazo de amor.

En un mundo donde las familias están cada vez más dispersas geográficamente, este conocimiento del psicólogo Martín del Pliego es un auténtico tesoro. Nos da las herramientas definitivas para asegurar que nuestros hijos disfruten del amor de los abuelos, estén donde estén, sin que la distancia sea un obstáculo infranqueable. De hecho, es una oportunidad oculta para reforzar estos lazos tan importantes.

Porque, al final, la calma, el bienestar y la seguridad que aportan los abuelos es invaluable. Y ahora sabemos que nada, ni la distancia, puede robárnoslo. ¿Estás preparada para implementar estos trucos virales en tu familia y ver los resultados inmediatos en la felicidad de tus hijos y abuelos?

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