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Nicklas Brendborg habla claro: el ayuno intermitente no es la solución definitiva

El ayuno intermitente se ha convertido en una de las estrategias más repetidas para perder peso, con promesas que van desde «reiniciar» el metabolismo hasta quemar grasa por el simple hecho de comer dentro de una ventana horaria. El problema es que la popularidad no siempre coincide con lo que demuestra la evidencia, y en 2026 hay un documento que está reordenando esta conversación.

La misma organización Cochrane, referencia internacional en revisiones sistemáticas, ha publicado un análisis de la evidencia sobre el ayuno intermitente para adelgazar que ha reactivado el debate: comunicado oficial de Cochrane en español sobre ayuno intermitente y pérdida de peso.

El dato clave es que esta revisión concluye que el ayuno intermitente no parece superior a las dietas de restricción calórica “clásicas” ni a los consejos dietéticos habituales para perder peso en adultos con sobrepeso u obesidad. Dicho de otra manera: puede ayudar, pero no tiene una ventaja consistente frente a comer menos de manera tradicional. Esta conclusión encaja con la advertencia del biomédico Nicklas Brendborg, entrevistado en divulgación reciente: hay poca magia en el método, y su utilidad suele depender de si facilita o no que la persona reduzca calorías sin sentirse atrapada.

Por qué el ayuno intermitente funciona a veces, aunque no sea un atajo metabólico

La idea de que el ayuno intermitente “activa” un mecanismo especial que quema grasa es atractiva porque simplifica el proceso. Pero el peso corporal se mueve, sobre todo, por el balance energético: lo que entra y lo que sale. Lo que cambia con el ayuno no es un botón secreto, sino el comportamiento: para algunas personas, limitar horarios reduce el picoteo, baja la ingesta total y mejora el control del hambre.

Cuando este efecto conductual existe, el método puede ser útil. Cuando no existe, el ayuno se convierte en una rutina difícil de sostener que acaba en atracones, cansancio o abandono. Por eso la evidencia suele encontrar resultados similares a otras dietas: si el déficit calórico final es parecido, el resultado medio también lo es.

Las tres razones habituales por las que la gente “nota” el método

  • Menos oportunidades de comer: una ventana de 8 o 10 horas reduce decisiones y tentaciones.
  • Más saciedad en menos comidas: algunas personas prefieren dos comidas grandes que varias pequeñas.
  • Regla simple: no contar calorías puede mejorar la adherencia en perfiles que se angustian con números.

El problema es que esta misma simplicidad puede fallar si la persona llega con demasiada hambre a la ventana de comer o si su entorno (turnos, familia, trabajo) no permite sostener horarios consistentes.

Lo que dice la evidencia reciente y por qué ha enfriado el entusiasmo

La revisión de Cochrane reúne ensayos clínicos aleatorizados y compara diferentes modalidades: restricción horaria diaria, ayuno en días alternos, métodos tipo 5:2 y variantes. Su conclusión central es que la pérdida de peso es moderada y no claramente mayor que la que se obtiene con enfoques convencionales. Además, subraya un punto que a menudo se omite en las redes sociales: faltan datos sólidos de largo plazo y de satisfacción o calidad de vida.

Esta lectura también ha sido destacada por análisis divulgativos y medios generalistas al resumir la revisión: el ayuno intermitente no sería la “bala de plata” para adelgazar, aunque pueda ser una opción válida para algunos perfiles. La Agencia SINC, especializada en información científica, lo ha explicado en términos similares al presentar el trabajo: la evidencia no está a la altura de su fama. análisis de SINC sobre la evidencia del ayuno intermitente.

Qué significa esto en la práctica

  • Si el ayuno intermitente te ayuda a comer menos sin sufrimiento, te puede servir.
  • Si te hace llegar a la cena con ansiedad, es más probable que fracase.
  • No hay una modalidad que gane siempre: la ventaja suele ser la adherencia, no el formato.

El matiz que más se pasa por alto: no es lo mismo perder peso que mantenerlo

Una parte del éxito del ayuno intermitente viene de cambios rápidos al principio. En algunos casos hay pérdida de peso por reducción de glucógeno y agua, y esto refuerza la percepción de que el método tiene un efecto “especial”. Pero el reto real llega después: el mantenimiento.

En obesidad y sobrepeso, el mantenimiento suele fallar por dos mecanismos: el cuerpo se adapta (más hambre, menos gasto) y la vida diaria empuja a volver a hábitos previos. Por eso las revisiones insisten tanto en estudios largos: perder unos kilos en semanas no responde a la pregunta decisiva, que es sostener el cambio en meses y años.

Señales de que el ayuno está jugando en tu contra

  • Hambre intensa que te obliga a comer deprisa o sin control cuando rompes el ayuno.
  • Bajo rendimiento en el trabajo o entrenando por falta de energía o mala distribución de proteínas.
  • Peor sueño si el método te lleva a cenar tarde o a llegar con ansiedad por la noche.
  • Compensación el fin de semana: “ayuno entre semana y descontrol sábado”.

En estos casos, el método puede ser menos eficaz que un plan clásico con calorías ajustadas y comidas repartidas, porque lo que se pierde por un lado se recupera por el otro.

Lo que recomienda un enfoque prudente: método flexible, no dogma

En divulgación reciente, Nicklas Brendborg resume el punto de manera directa: el ayuno intermitente tiene poca magia, aunque puede ayudar a algunas personas a controlar el peso si les facilita la saciedad y reduce el picoteo. La clave es que el objetivo no es ayunar, sino comer mejor y de manera sostenible. Este enfoque encaja con el mensaje de salud pública que se repite en guías institucionales: priorizar patrones alimentarios saludables y actividad física, evitando soluciones extremas como norma general. Un ejemplo es el material informativo del Ministerio de Sanidad sobre hábitos saludables, que insiste en una alimentación equilibrada y movimiento regular: guía divulgativa del Ministerio de Sanidad sobre alimentación saludable y actividad.

Cuándo tiene más sentido probarlo

  • Si te cuesta controlar el picoteo nocturno y una ventana temprana lo reduce.
  • Si prefieres pocas comidas grandes y esto mejora tu saciedad.
  • Si tu agenda permite horarios regulares y no entrenas con alta exigencia a primera hora sin comer.

Cuándo conviene evitarlo o hacerlo con supervisión

  • Si tienes antecedentes de trastornos de la conducta alimentaria o una relación complicada con la restricción.
  • Si estás embarazada, en lactancia o en etapas con necesidades energéticas altas.
  • Si tienes diabetes tratada con fármacos que pueden causar hipoglucemia, por el riesgo de bajadas de azúcar.
  • Si el método empeora tu sueño, ansiedad o rendimiento laboral.

La versión más útil del ayuno intermitente para controlar el peso

Si se busca una aplicación realista, la estrategia menos conflictiva suele ser la que Brendborg y otros expertos priorizan en divulgación: no convertir el ayuno en un castigo, sino en una estructura que reduzca el exceso. En muchos casos, esto significa desplazar calorías hacia el día y evitar la última comida abundante, más que saltarse el desayuno por sistema.

Esta lectura no vende milagros, pero ayuda a tomar decisiones con menos ruido: si tu objetivo es perder peso, el ayuno intermitente puede ser una manera de organizarte, no una garantía de resultados. La evidencia reciente lo resume en una frase incómoda para la cultura viral: no hay magia. Lo que marca la diferencia es el déficit calórico sostenible, la calidad de la dieta, el sueño y la capacidad de mantener el plan cuando se apaga el entusiasmo inicial.

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