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120 años de Juanola: el remedio nacido en Gràcia que popularizó las píldoras de regaliz

Hay olores que te transportan directamente a la infancia, al bolso de tu abuela o a aquella tarde de cine donde alguien tosía en la oscuridad. El aroma del regaliz balsámico de las pastillas Juanola es, sin duda, uno de ellos.

Lo que hoy compramos por impulso en cualquier farmacia como un básico imprescindible, nació hace 120 años en un modesto taller del barrio de Gràcia, en Barcelona. Manuel Juanola Reixach, un farmacéutico con visión de futuro, creó en 1906 una fórmula que cambiaría la historia de nuestra salud cotidiana.

No fue un lanzamiento de marketing masivo; fue el «boca a oreja» lo que convirtió aquellos pequeños rombos negros en un fenómeno social. Hoy, más de un siglo después, la caja roja sigue siendo un icono de diseño y eficacia que sobrevive a todas las modas pasajeras.

La fórmula mágica: Mucho más que regaliz

¿Qué tienen de especial? El secreto de su éxito radica en una mezcla magistral de regaliz, mentol y aceites esenciales. Manuel Juanola buscaba un remedio que no solo suavizara la garganta, sino que aclarara las vías respiratorias de manera natural.

Su elaboración sigue siendo un proceso cuidado. El regaliz se extrae de la raíz de la planta Glycyrrhiza glabra, conocida por sus propiedades antiinflamatorias y expectorantes. Es la naturaleza concentrada en una pieza de apenas unos milímetros.

Pero lo que realmente las hace únicas es su forma de rombo. Fue una decisión estratégica para que la pastilla se disolviera lentamente, liberando sus activos de manera progresiva y constante. Ingeniería farmacéutica de principios del siglo XX que sigue funcionando hoy.

Aunque ahora hay versiones de frutas o con própolis, las «clásicas» continúan siendo las más vendidas. El sabor auténtico del regaliz puro tiene una legión de fans que no aceptan imitaciones.

De Gràcia al mundo: Un icono de diseño

La cajita roja de Juanola es un ejemplo de branding perfecto antes de que existiera el término. Es pequeña, discreta y cabe en el bolsillo más ajustado. Su diseño casi no ha variado, manteniendo esa estética retro que hoy nos parece tan «cool».

En sus inicios, se vendían como un remedio casi milagroso para cantantes, oradores y fumadores. Hoy, son el aliado de cualquiera que pase demasiadas horas hablando o que sufra los estragos del aire acondicionado en la oficina.

Es fascinante pensar cómo una pequeña empresa familiar de Barcelona logró resistir la entrada de las grandes multinacionales farmacéuticas, manteniendo su identidad y sus raíces intactas durante más de cuatro generaciones.

Actualmente, bajo el paraguas de Laboratorios Angelini, las Juanola se exportan y se consumen por millones, demostrando que cuando un producto es realmente bueno, no necesita grandes campañas para sobrevivir al paso del tiempo.

En los años 20, las Juanola ya se anunciaban en los tranvías de Barcelona como el remedio definitivo contra la ronquera. ¡Eran las «influencers» de la época!

Por qué siempre deberías llevar una caja contigo

Más allá de la nostalgia, las Juanola son una herramienta de bienestar inmediato. En un mundo lleno de caramelos de azúcar disfrazados de medicina, volver al regaliz puro es una decisión inteligente para tu salud bucal y tu garganta.

No contienen azúcares añadidos (en su versión original), lo que las hace aptas para casi todos. Son ese pequeño autocuidado que te permites en mitad de una jornada estresante: un momento de frescura intensa que te reinicia el día.

Validar productos con tanta historia es una manera de respetar nuestro patrimonio industrial y cultural. Las Juanola no son solo pastillas; son un trozo de nuestra historia que sigue vivo en cada estante de farmacia.

¿Eres de las que muerde la pastilla en cuanto te la pones en la boca o de las que disfruta del proceso lento hasta que desaparece el rombo?

Nosotros confesamos: no podemos vivir sin ellas en el bolso. ¿Te animas a redescubrir el sabor que ha aliviado a medio mundo durante 120 años?

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