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Migranya: Sanidad niega fármacos modernos a 2 millones de españoles

El dolor que te paraliza, que te roba los días, el trabajo, la vida social. La migraña es más que un dolor de cabeza; es una condena para millones de personas. Y ahora, cuando la ciencia nos ofrece una luz al final del túnel, la burocracia nos cierra la puerta. (Sí, nosotras también estamos indignadas).

Imagina que existe una solución casi milagrosa, un tratamiento que puede cambiarlo todo. Un fármaco que podría devolverte la vida, pero que te niegan. En España, esta es la cruda realidad para miles de afectadas.

La Sanidad española veta el acceso a unos fármacos modernos, conocidos como anti-CGRP. Son la gran esperanza para los dos millones de españolas (mayoritariamente mujeres, sí) que necesitan un tratamiento preventivo contra la migraña. Pero la verdad es que menos del 10% de estas mujeres pueden acceder a ellos. Eso es, menos de 20.000 personas. Una negación inexplicable.

La lucha contra un dolor invisible y un sistema restrictivo

Estos medicamentos, aprobados en Europa hace hasta ocho años, bloquean una molécula clave, la CGRP. Esta molécula es la responsable de la inflamación y el dolor incapacitante de la migraña. Su funcionamiento es sencillo: previenen los ataques o reducen drásticamente su intensidad. Hablaríamos de una revolución real.

Los beneficios son imparables. Los neurólogos nos cuentan que, si antes ya nos conformábamos con reducir a la mitad los días de migraña, con los anti-CGRP un 25% de los pacientes logran reducirlos a cero. Y esto incluye también todos los síntomas asociados: náuseas, fotosensibilidad, etc. Es un cambio radical para la calidad de vida.

Esta restricción, al fin y al cabo, es una barrera económica que nos condena a tratamientos obsoletos y menos eficaces.

Pero, ¿cuál es la trampa? Los criterios españoles son mucho más restrictivos que los europeos. Mientras la Agencia Europea del Medicamento considera candidato a cualquier paciente con al menos cuatro días de migraña al mes, nuestras autoridades han puesto el listón altísimo. En España, debes sufrir al menos ocho días de migraña al mes y, además, haber probado ya tres tratamientos previos. Tratamientos, por cierto, menos eficaces y con más efectos secundarios. Es absurdo.

Condenados a terapias del siglo pasado

La Sociedad Española de Neurología (SEN), junto con la Asociación Española de Migrañas y Cefaleas (Aemice) y la Fundación Española de Cefaleas, ya han alzado la voz. Enviaron una carta a Sanidad pidiendo la eliminación de estas restricciones. ¿La respuesta? Una negativa contundente, sin firma personal, y con el argumento de que «no se revisarán las normas hasta que no se estabilice su prescripción». (Nosotras diríamos que es la pescadilla que se muerde la cola).

El doctor Robert Belvís, coordinador del Grupo de Estudio de Cefaleas de la SEN, lo califica de «respuesta surrealista». No se puede saber cuántos pacientes necesitan el fármaco si no se les permite acceder a él. Es una lógica que desafía el sentido común.

Esta situación nos obliga a recurrir a medicamentos «de otra época». El Topiramato, por ejemplo, se basa en ensayos de 2007. Pero el Propranolol tiene estudios ¡de los años 80! Sí, la Sanidad nos está obligando a ofrecer medicamentos con evidencias científicas de hace cuatro décadas. Un error gravísimo para nuestra salud.

El coste oculto de una decisión política

La resistencia a levantar estas restricciones se debe, según los expertos, puramente a razones económicas. Se prioriza el ahorro a corto plazo sobre la calidad de vida y la efectividad del tratamiento. Y esto tiene un precio altísimo para las personas afectadas y para nuestro sistema de salud.

Además, Sanidad mantiene estos fármacos como dispensación hospitalaria. Esto significa que no los podemos adquirir en la farmacia de calle. La única opción, si no cumplimos los criterios o si queremos acceder rápidamente, es el circuito sanitario privado. Aquí, el coste inicial del medicamento, que puede ser de entre 100 y 200 euros, se puede multiplicar hasta más de 500 euros, sin contar las consultas y pruebas. Un gasto inasumible para la mayoría.

Forzar a millones de mujeres a tratamientos del siglo pasado cuando la ciencia ha avanzado es una irresponsabilidad. Mi consejo: no callar.

Otros países europeos ya se están moviendo. En Alemania y Portugal, ya se pueden adquirir estos fármacos en las farmacias, de modo que la prescripción es más accesible. Pero España, una vez más, se queda en el «núcleo duro». Nos exigen probar tres fármacos antiguos y esperar que el paciente esté el doble de mal para poder acceder a una solución real. Es una espera innecesaria, una tortura añadida.

La comunidad médica reclama prescribir con libertad, reducir el umbral de días de migraña a cuatro, eliminar la necesidad de tres tratamientos previos y que la dispensación pase a las farmacias, con la posibilidad de que la receten médicos de familia o incluso pediatras. Una solución a nuestro alcance.

¿Cuántas vidas tendremos que ver destrozadas por la migraña antes de que se prioricen la salud y la evidencia científica sobre los intereses económicos?

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