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Justin Laínez, entrenador personal: «Empieza por el mínimo que puedas mantener y lo demás vendrá solo»

La pereza para ir al gimnasio no suele aparecer por falta de ganas: aparece cuando el entrenamiento compite con una agenda real. Las recomendaciones oficiales insisten en moverse con regularidad, pero convertirlo en un hábito exige bajar la fricción del día a día y hacerlo compatible con tu semana. Puedes consultarlas en las recomendaciones oficiales de la OMS sobre actividad física.

Justin Laínez, entrenador personal y creador de un enfoque integral de bienestar, lo resume así: el problema rara vez se arregla con más fuerza de voluntad. Se arregla con una decisión previa que se toma antes de pensar en series, máquinas o peso, y que cambia por completo la manera en la que el cuerpo y la mente llegan al entrenamiento.

La clave que defiende Laínez es planificar una rutina sostenible y adaptada a tu vida. No se trata de entrenar más, sino de entrenar de forma que puedas repetirlo semana tras semana sin que tu calendario te expulse del hábito. Cuando esa planificación existe, el gimnasio deja de ser una discusión diaria y pasa a ser una tarea concreta, con hueco y propósito.

Por qué aparece la pereza aunque tengas motivación

La motivación es variable: sube cuando empiezas y baja cuando se acumulan trabajo, familia, imprevistos o cansancio. Si tu sistema depende de sentirte con energía todos los días, tarde o temprano se rompe. La pereza, en muchos casos, es la señal de que tu plan está pidiendo más de lo que tu semana puede dar.

La fricción diaria que te hace abandonar

Hay fricciones pequeñas que, sumadas, pesan más que un entrenamiento duro: desplazarte, elegir qué hacer al llegar, esperar turno en máquinas, no saber si la sesión va a durar 40 minutos o 90, o sentir que si no entrenas perfecto no cuenta. Cuando el entrenamiento se percibe como una tarea grande e incierta, el cerebro busca la opción rápida: posponer.

Por eso una rutina que funciona no es la que te entusiasma en un buen día, sino la que puedes ejecutar en un mal día sin negociaciones internas.

El error de intentar hacerlo perfecto desde el día uno

El perfeccionismo es una trampa frecuente: plantear cinco días a la semana, sesiones largas, cambios bruscos de alimentación y un objetivo enorme. Al principio puede salir, pero el primer tropiezo suele generar una cadena: pierdes un día, luego dos, y aparece la sensación de haber fallado. En realidad, lo que falló fue el diseño: el plan no contemplaba tu vida tal y como es.

El enfoque de Justin Laínez para que el gimnasio sea repetible

La propuesta de Laínez no empieza con una rutina ideal, sino con una rutina posible. La sostenibilidad se construye con decisiones simples: cuántos días puedes cumplir de verdad, cuánto dura cada sesión y qué alternativa existe si un día no puedes ir al gimnasio.

En la práctica, este enfoque prioriza tres ideas: mínima fricción, progresión medible y flexibilidad sin culpa. La rutina se adapta a tu vida, no al revés.

Empieza por el mínimo que puedas mantener

Un punto de partida útil es definir un mínimo semanal que, pase lo que pase, sea alcanzable. En muchas personas, ese mínimo es dos sesiones. Para otras, tres sesiones cortas encajan mejor que dos largas. La clave es que el mínimo sea realista incluso en semanas complicadas.

  • Mínimo viable: 2 días a la semana, sesiones de 30 a 45 minutos.
  • Si tienes margen: 3 días a la semana, sesiones de 40 a 60 minutos.
  • Si te motiva y puedes: 4 días, con una sesión más corta de descarga o movilidad.

Lo importante es que tu plan no dependa de la semana perfecta. Si puedes cumplirlo en una semana mala, entonces tienes un sistema.

Define el contenido para evitar improvisar

La improvisación aumenta la pereza: llegas, dudas, saltas ejercicios o alargas sin rumbo. Una rutina planificada reduce esa carga mental. No necesita ser compleja, pero sí concreta. Por ejemplo:

  • Fuerza: movimientos básicos, con progresión gradual.
  • Cardio: dosis realista que no te deje sin energía para el día siguiente.
  • Movilidad: breve, constante, orientada a prevenir molestias.

Si entrenas fuerza, la consistencia suele ser más determinante que la variedad extrema. Cambiarlo todo cada semana puede parecer entretenido, pero dificulta medir progreso y sostener el hábito.

Una tabla sencilla para elegir tu semana tipo

Esta estructura ayuda a decidir rápido sin caer en el todo o nada. No es una receta universal: es un marco para que tu planificación tenga opciones.

OpciónDíasDuraciónObjetivoPlan B
Base sostenible230 a 45 minMantener hábito y fuerza generalRutina en casa 15 min
Progreso estable340 a 60 minMejorar fuerza y composición corporalPaseo rápido 25 min
Rendimiento435 a 60 minMás volumen con recuperación controladaMovilidad y core 12 min

El detalle que más cambia el cumplimiento es el Plan B: una alternativa breve para los días en los que el gimnasio no encaja. No sustituye siempre a la sesión completa, pero evita que una semana se convierta en cero.

Cómo reducir la pereza sin depender de la fuerza de voluntad

Si la planificación es el esqueleto, la adherencia es la piel: lo que hace que se mantenga. Para reducir la pereza, conviene trabajar sobre señales, entorno y expectativas.

Bloquea el hueco y protege ese tiempo

Hay una diferencia práctica entre querer entrenar y tener un hueco reservado. El bloqueo en agenda convierte el entrenamiento en una cita. Si tu semana es cambiante, funciona mejor reservar dos ventanas amplias y elegir dentro de ellas el momento exacto, en lugar de fijar una hora rígida imposible de cumplir.

También ayuda reducir decisiones: deja la mochila preparada, define la ruta al gimnasio y elimina obstáculos logísticos. Cada microdecisión que resuelves antes, te quita una excusa después.

Haz que el entrenamiento sea fácil de empezar

El inicio es el punto crítico: una vez empiezas, suele ser más sencillo continuar. Por eso funcionan estrategias como:

  • Entrar con un objetivo mínimo: empezar por el calentamiento y un primer ejercicio.
  • Evitar sesiones interminables: termina antes de que tu mente lo perciba como castigo.
  • Medir lo básico: anotar cargas o repeticiones para ver progreso sin obsesión.

La sensación de avance, aunque sea pequeño, es un motor más estable que la motivación puntual.

Recomendaciones oficiales y seguridad para entrenar con cabeza

La rutina sostenible también es una rutina segura. Las guías oficiales recomiendan acumular actividad física semanal y combinarla con trabajo de fortalecimiento. Para ampliar el enfoque y ver orientaciones prácticas en español, puedes revisar el documento de recomendaciones de actividad física para la salud del Ministerio de Sanidad.

  • Progresión: aumenta carga o volumen de forma gradual para evitar lesiones y abandono.
  • Técnica: prioriza la ejecución correcta antes que subir peso.
  • Recuperación: dormir y descansar también forman parte del plan sostenible.
  • Señales de alerta: dolor agudo, mareos o síntomas inusuales requieren frenar y consultar a un profesional sanitario.

Cuando el entrenamiento se diseña para encajar en tu vida y se apoya en hábitos simples, la pereza deja de mandar. No desaparece para siempre, pero deja de decidir por ti. El cambio real llega cuando tu rutina no exige heroicidades: exige coherencia.

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