Llevamos años mirando un pequeño bol de almendras o nueces con cierta suspicacia, calculando cada gramo por miedo a ganar peso. Nos han repetido hasta la saciedad que se trata de productos cargados de grasas y con un valor energético demasiado elevado para nuestro día a día. Pero la realidad que nos rodea en la cocina es muy diferente de la teoría que teníamos entendida hasta ahora (sí, nosotros también hemos apartado el bol más de una vez).
Un reciente trabajo publicado en la revista Nutrients viene a cambiar todo lo que sabíamos hasta hoy sobre nuestra dieta. Según esta investigación, las personas que consumen estos alimentos experimentan un control mucho más eficiente del peso y de la grasa alimentaria como fuente de energía. De hecho, incorporarlos de manera habitual no provoca ningún tipo de aumento de peso ni tampoco cambios en nuestra ingesta energética.
El nutricionista Mario Rey advierte de una realidad que hasta ahora pasaba desapercibida para la gran mayoría de consumidores. Según apunta el especialista en nutrición deportiva y en ayuno intermitente tomando como referencia una publicación en Advances in Nutrition, estos productos tienen menos calorías de las que indica su etiquetado oficial. (Y esto, por supuesto, nos cambia totalmente las cuentas al final del mes).
La letra pequeña de nuestro organismo
El motivo de esta diferencia en las cifras hay que buscarlo en nuestro propio cuerpo y en la manera en que procesamos lo que comemos. Cuando consumimos el producto entero, resulta que parte de su materia grasa no llega al interior de nuestro organismo porque no se llega a liberar nunca. Esto se traduce en cifras tan concretas como un 26% menos de calorías en el caso de las almendras y un 22% menos si hablamos de las nueces.
No podemos evaluar si un alimento es saludable solo mirando su tabla nutricional, el cuerpo tiene sus propios filtros.
Estos datos no hacen sino confirmar lo que otros trabajos publicados en The American Journal of Nutrition y European Journal of Nutrition llevan tiempo señalando. Comer estos productos se asocia directamente con una mayor esperanza de vida y con un estado de salud general mucho más óptimo. Al final, contar cada caloría de manera estricta nos hacía perder de vista el verdadero valor de una alimentación equilibrada.
Cómo acertar en nuestro consumo diario
Si hacemos números rápidos, consumir unos 50 gramos de estos alimentos cada día supondría acumular unas 2.000 calorías menos al final del mes respecto a lo que marcan los envases. Hablamos de una cantidad diaria altamente recomendable para cualquier persona que quiera cuidar su organismo sin renunciar al buen gusto. (Un pequeño gesto que nuestro cuerpo agradece desde el primer momento).
Ahora bien, no todo vale a la hora de llenar la despensa de nuestra casa si queremos aprovechar estas ventajas. El grado de procesamiento resulta determinante para mantener intactas sus propiedades saludables, apostando siempre por opciones que lleguen al consumidor de la manera más natural posible. Conviene evitar aquellas variedades que llevan un proceso de tostado excesivo, fritas en aceites o con una cantidad elevada de sal añadida.
La mayoría de estudios científicos apuntan que moverse en una franja de entre 30 y 60 gramos diarios no conduce a un aumento de la masa corporal. Al contrario, ofrecen todo su potencial beneficioso sin alterar nuestro equilibrio nutricional. Quizás ha llegado el momento de volver a poner este pequeño bol en el centro de nuestra mesa habitual sin remordimientos innecesarios.
