Desde el 2 de abril de 2025, conocido como el Día de la Liberación, los inversores han tenido que acostumbrarse a un mundo nuevo. Cuando el presidente de los Estados Unidos Donald Trump lanzó su primera bomba al mercado en forma de aranceles universales, la bolsa entró en una montaña rusa de valor, con caídas diarias y recuperaciones fortuitas, con poca explicación para quien no consulta ciertos rincones de internet. El mandatario, con cierta conciencia, ha encendido o deprimido los ánimos de los principales selectivos bursátiles del planeta con tuits, declaraciones a pie de pista y conversaciones dentro del avión presidencial. Con los meses, sin embargo, los inversores han conseguido delinear una tendencia: ya en los primeros meses de las guerras arancelarias, el presidente lanzaba un mensaje incendiario a modo de globo sonda -por ejemplo, la amenaza de disparar los impuestos a las importaciones farmacéuticas hasta el 200%- solo para, unas horas después, acobardarse y echar atrás la decisión. Este comportamiento le ha ganado el apodo, en los pasillos de Wall Street, de TACO, o «Trump Always Chickens Out«; la certeza de que el mandatario hará «la gallina» poco después de lanzar alguna de sus propuestas más extremas. En los peores momentos económicos de su administración, hay quienes se han enriquecido gracias al TACO: accionistas que compran títulos de empresas deprimidas por un berrinche del Despacho Oval, esperan que Trump se eche atrás, y deshacen la posición cuando el valor se revierte. La estrategia de inversión se ha popularizado tanto que ya ha sido, incluso, bautizada: TACO Trade.
Según indican varios analistas de mercados, la tendencia estuvo muy viva durante 2025, con las sacudidas arancelarias, los compromisos retirados y los acuerdos a última hora de Trump con varios socios comerciales. Sin embargo, gran parte del capital no lo percibía como una nueva realidad estable -al menos, mientras Trump permaneciera en la Casa Blanca-, sino como un signo de inestabilidad momentánea que acabaría desapareciendo y ajustando los beneficios de los apostadores más cortoplacistas. Esto hizo que «muchos inversores perdieran las subidas del año pasado».
Ahora, capaces de navegar las olas bursátiles de la guerra en Irán, «no quieren repetir el error», según comenta Manuel Pinto, experto de la firma de análisis XTB. En este sentido, tras cualquier declaración abiertamente agresiva de Trump -como cuando amenazó con «destruir toda la civilización iraní en una noche», sin ningún hecho que lo fundamentara- acelera el TACO Trade. Lejos de asustar a los accionistas, los berrinches del mandatario «generan un gran interés», porque las grandes carteras toman posiciones generales con cada caída de valor, y ganan millones cuando la Casa Blanca se echa atrás y los selectivos se estabilizan.

TACO en el petróleo
El TACO Trade no solo se ha aplicado, sin embargo, a la renta variable. En una guerra en Irán marcada por el colapso energético a raíz del cierre del estrecho de Ormuz, que concentra el 25% del tráfico mundial de petróleo, los futuros del crudo han sido la víctima preferida de los inversores que esperan el chicken out. Solo dos semanas después del inicio del conflicto, con el barril West Texas por encima de los 100 dólares -en máximos de casi tres años- Trump concedió una entrevista a la cadena aliada CBS, propiedad del multimillonario Larry Ellison, para ofrecer novedades bélicas.
Unos minutos antes de las declaraciones, múltiples inversores realizaron ventas muy agresivas de futuros petroleros con el valor en máximos, embolsándose millones de dólares. Luego, el mandatario aseguró -también sin fundamento, como se ha podido comprobar con el paso de las semanas- que «la guerra estaba prácticamente terminada». En ese punto, los futuros petroleros se desplomaron, con un pánico vendedor de los capitales que habían entrado poco antes a la espera de subidas aún más intensas. La tendencia es tan clara que varias voces políticas han llegado a acusar a la Casa Blanca de manipular conscientemente el mercado a favor de sus intereses. La realidad, sin embargo, es que el TACO Trade funciona.
«El futuro en Truth Social»
Trump, cabe decir, es más que consciente de los efectos que sus declaraciones tienen sobre los mercados; y también deja que las tendencias bursátiles modulen su acción política. Según la lectura de la firma de análisis financiero Intacapital Swiss, la inversión TACO tiene tres etapas marcadas: primero, un choque inmediato, cuando «el presidente Trump hace un anuncio excesivo, como los aranceles o ataques militares». Aquí se movilizan los inversores, que aprovechan las salidas en masa de las posiciones más procíclicas o más afectadas por la declaración y compran activos. Ante la presión económica, sin embargo, el Despacho Oval tiembla y recoge el globo sonda; o, a menudo, rebaja sustancialmente sus ambiciones. O, en otras instancias, su interlocutor -en este caso, Irán- lo desmiente. Así, la bolsa rebota, eufórica, y los inversores que aprovecharon la parte baja del TACO pueden salir con ganancias generosas. «El presidente se retira de sus apuestas y, como resultado, la bolsa sube, o los futuros petroleros caen. El TACO ha vuelto y, con los mercados con tanta volatilidad, los inversores pueden comenzar a leer el futuro en las publicaciones de Truth Social», apunta la gestora suiza.
En este sentido, los analistas han visto cómo las herramientas de diagnóstico financiero caen a un segundo plano de prioridad, por debajo del sentimiento general de los inversores. De hecho, a ojos de Pinto, la bolsa permanece eufórica en gran medida gracias a este TACO Trade, y a las lecturas generales que el capital hace de los movimientos de Trump. La renta variable, asegura, vive en una burbuja, ajena a su entorno material. «Por un lado, la bolsa crece por el optimismo, la liquidez y el FOMO. Por otro, el entorno macro es muy complejo, marcado por las tensiones energéticas, la incertidumbre bélica y unas perspectivas de crecimiento frágiles», reflexiona. De esta manera, el futuro inmediato de los accionistas dependerá de qué factor gane más peso: o bien las tensiones en la economía real, o bien los ciclos trumpistas de euforia y depresión. «La clave no es solo qué pasa, sino qué narrativa acaba imponiéndose. Dos realidades no pueden convivir de forma indefinida», concluye Pinto.

