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El BCE mantiene las armas cargadas para subir tipos antes del verano

La guerra en Irán ha trastocado todas las previsiones económicas para 2026. Cuando el presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, siguió las demandas de su homólogo israelí, Benjamin Netanyahu, que lo arrastró a su conflicto con los ayatolás, los principales analistas financieros alertaban que un conflicto rápido podría ser inofensivo; pero que una guerra de meses supondría un riesgo estructural para toda la actividad económica comunitaria. La primera víctima ha sido la estabilidad de precios: tanto la inflación en los 27 como en Cataluña se ha disparado, hasta el 2,6% y el 3,1% respectivamente, lejos del objetivo monetario del 2% del Banco Central Europeo. Todos los cálculos desde enero, que incluso avizoraban una rebaja de los tipos de interés durante el curso, han quedado obsoletos, y el mercado ya asume que el único movimiento que ordenará Frankfurt en los próximos meses será alcista. El Euríbor, que «hace los deberes antes de tiempo», ha retomado la tendencia alcista, y ya roza el 2,8%. La ratio comunitaria de préstamos interbancarios, que marca el ritmo de los intereses de las hipotecas, escala con las previsiones del precio del crédito; y el nuevo incremento indica que la banca de los 27 asume un financiamiento más caro de forma inminente. Según la encuesta mensual a los economistas europeos de la agencia Reuters, sin embargo, la subida de tipos no es inminente: la próxima semana, cuando los gobernadores de los bancos centrales de la Eurozona se reúnan, mantendrán los tipos intactos; y dejan la pólvora seca para disparar el próximo 11 de junio, a la espera de una resolución del conflicto en Oriente Medio que permita una normalidad monetaria duradera.

De acuerdo con el sondeo de la agencia europea, los economistas de la Unión esperan que la reunión del próximo jueves sirva para mantener los tipos congelados. Los indicadores de precios, razonan los expertos, ya podrían servir para implementar una subida; pero los gobernadores estatales estarían guardando la ropa para dar tiempo a la frágil tregua que reina ahora mismo entre los EE.UU. e Irán antes de tomar medidas drásticas. Cabe recordar que el precio del petróleo se ha disparado respecto de las últimas semanas de febrero, y tanto el barril Brent como el West Texas Intermediate -las referencias europea y norteamericana de los futuros del crudo- rondan los 100 dólares. Ahora bien, según se desprendía de las actas de la última reunión del consejo de gobierno del BCE, aún no se detectan efectos inflacionistas de segunda ronda. Es decir, el motor del encarecimiento general son todavía las energías y los derivados del petróleo; pero no se ha trasladado de forma estructural al resto de la cesta de la compra. De hecho, los observadores financieros consideran que el movimiento del banco central serviría, precisamente, para prevenir contra este tipo de efectos: si se suben los tipos demasiado pronto, Frankfurt se quedaría sin respuestas viables a una nueva ola de incrementos del IPC.

La expectativa es, pues, que la subida llegue el próximo 11 de junio, cuando los gobernadores celebren su quinta reunión del año. El encarecimiento del crédito sería, a ojos de la mayoría de los economistas consultados por Reuters, ligero, de 25 puntos básicos. Así, la ratio de depósitos se quedaría en el 2,25%, aún en un umbral asumible para el entorno económico europeo. Cabe decir que la encuesta revela poco consenso al respecto: de los 85 expertos que la han respondido, solo 44 consideran que los tipos subirán a las puertas del verano, mientras que otros 35 opinan, aún, que no habrá subidas durante todo 2026. El argumento de los defensores de la flexibilidad monetaria es que un movimiento conservador demasiado abrupto podría hundir las ya escasas previsiones de crecimiento para muchas economías europeas. Sin ir más lejos, los cálculos de crecimiento del PIB alemán y francés para 2026 se han hundido en las últimas semanas, hasta el 0,7 y el 0,9% respectivamente; mientras que el correspondiente al conjunto de los 27 ha caído tres décimas, hasta el 0,9% en el acumulado del curso.

Imagen de la sede del BCE / Europa Press
Imagen de la sede del BCE / Europa Press

Los gobernadores evitan dar pistas

Mientras tanto, los gobernadores nacionales se han aferrado a la certeza a corto plazo para esquivar cualquier pregunta sobre los tipos de interés en la segunda mitad del año. Cabe decir que incluso los representantes que más reivindican una política de crédito barato han abierto la puerta a subidas a partir del verano. Es el caso del presidente del Banco de Grecia, Yannis Stournaras, considerado como uno de los coloms monetarios del consejo de gobierno. En una intervención en el Foro Económico de Delfos, el banquero heleno ha alertado que «si es necesario, actuaremos inmediatamente». Sin embargo, sostiene que «todas las estimaciones a corto plazo indican que la inflación, de momento, podría estar por debajo de lo esperado». Por tanto, aboga por esperar los desarrollos del conflicto en Oriente Medio antes de mover el timón de la política monetaria del continente. Similar ha sido la posición del dirigente lituano, Gediminas Simkus, que ha sido aún más tajante: «no debemos aumentar los tipos de interés en la reunión de abril», ha sentenciado.

Los miembros más conservadores del consejo, sin embargo, se han dejado las puertas abiertas de par en par a encarecer el dinero en la Unión Europea. La misma presidenta del organismo, Christine Lagarde, ha evitado en sus declaraciones cualquier certeza futura, y se ha negado a «comprometerse» con ninguna senda monetaria. «Estamos decididos a garantizar que la inflación se estabilice de nuevo en el objetivo del 2%», espetó la pasada semana; una declaración que el mercado ha leído como una promesa de tipos más altos. Por otra parte, el economista en jefe del banco central, el irlandés Philip Lane, ha reivindicado una hoja de ruta pasiva hasta que la guerra ofrezca más certezas. «Nadie sabe cuánto durará la situación, y dudo que la próxima semana haya claridad al respecto», ha argumentado. Con todo, los economistas europeos esperan con especial expectación la rueda de prensa tradicional de Lagarde, que ofrece después de cada reunión. Entonces, sostienen los expertos, la exministra de finanzas francesa ofrecerá «indicaciones» sobre cómo se podrá comportar el BCE a principios del mes de junio.

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