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Washington y Pekín intensifican la guerra por la IA en favor de las grandes tecnológicas

La creciente industria de la inteligencia artificial se ha convertido en el último campo de batalla geopolítico entre Estados Unidos y China. Tras años de guerras comerciales y tensiones por el control de la cadena de valor de los microchips, Pekín y Washington chocan ahora por el entrenamiento, la programación, el uso y la difusión de sus modelos de lenguaje masivos y otras herramientas vinculadas con la IA. El gobierno de Xi Jinping comienza a activar medidas para garantizarse «la autonomía tecnológica», construyendo sinergias entre los proveedores de servicios automatizados del país -como el famoso LLM DeepSeek- y los gigantes de la tecnología móvil y la computación local, especialmente Huawei. Por su parte, la administración de Donald Trump se arma de batallas por la propiedad intelectual para acusar a su rival de robos industriales, mientras favorece las inversiones cruzadas entre sus actores estratégicos, con aliados de la talla de Intel, Oracle o Alphabet -matriz de Google- en el centro de la ecuación.

El gobierno federal trumpista ha atacado los últimos desarrollos de la industria de la IA en China con una ofensiva legal contra varias compañías especializadas, con DeepSeek como víctima preferida. Según ha adelantado la agencia Reuters, el departamento de Estado que dirige el ultraconservador Marco Rubio ha iniciado una investigación por supuestas infracciones de las normas de propiedad intelectual contra una multitud de actores del sector. En una comunicación interna, el equipo de Rubio expresa «preocupaciones por el uso y destilación de los modelos de IA estadounidenses» por parte de sus enemigos económicos. Las acusaciones del Departamento apuntan que las empresas chinas estarían utilizando contenidos generados por las IAs americanas, como el ChatGPT de OpenAI o el Claude de Anthropic, para entrenar sus modelos; un procedimiento que abarataría sustancialmente los costos de estudio de DeepSeek y su ecosistema. Las alegaciones han sido desmentidas por las autoridades chinas, que consideran que «no tienen fundamento» y son únicamente un «ataque deliberado contra el progreso y desarrollo chino» en las altas tecnologías.

Mientras la administración ataca a los rivales, las empresas estadounidenses del mundo tecnológico continúan con sus inversiones gigantescas en plataformas e infraestructuras dedicadas a la IA. Anthropic, la empresa creada por ex técnicos de OpenAI, ha anunciado una nueva financiación de hasta 40.000 millones de dólares comprometidos por Alphabet, la matriz de Google. El contrato asegura 10.000 millones inmediatos a la emergente encargada de Claude, y otros 30.000 millones si su modelo alcanza los objetivos pactados entre ambas corporaciones. Anthropic, cabe decir, es una de las firmas mejor posicionadas para establecerse entre las ganadoras de la carrera de la IA, y ha multiplicado por tres sus ingresos en solo tres meses: este año ya ha facturado más de 30.000 millones de dólares, frente a los 9.000 millones en que se quedó en todo el año 2025. En los últimos meses, ha conseguido varios contratos con corporaciones de la talla de Broadcom o CoreWeave para asegurarse la capacidad de computación necesaria para sus proyectos de IA.

La propietaria de Claude no es la única firma estadounidense que ha visto cómo se disparaba su actividad gracias al boom del sector, que continúa bien entrado el 2026. Intel, uno de los grandes fabricantes de microchips del planeta, había caído en desgracia en los últimos cursos por la percepción del mercado de que se estaba quedando atrás respecto de competidoras como la taiwanesa TSMC o la coreana Samsung. Este año, sin embargo, ha visto cómo sus acciones se han disparado un 28%, hasta una capitalización superior a los 400.000 millones de dólares, gracias a las esperadas inversiones masivas en nuevos centros de datos, que aumentarán la demanda del tipo de productos que ofrece la multinacional que dirige el sino-americano Lip Bu-Tan. Entre otras inversiones alrededor de Intel, destaca la de uno de los aliados más fervientes de Donald Trump en el mundo tecnológico, el magnate Larry Ellison, y su joya de la corona, Oracle. Solo esta semana, el histórico de Silicon Valley se ha asegurado una inversión de 16.000 millones de dólares para construir un nuevo centro de datos en Michigan. A estos montos se deben añadir otras apuestas masivas, como la de la misma Anthropic, que asegura que dedicará 50.000 millones en 2026 a la infraestructura para la IA en Estados Unidos.

El logo del modelo de IA chino DeepSeek / EP
El logo del modelo de IA chino DeepSeek / EP

La respuesta china

Más allá del combate con las denuncias estadounidenses, la industria china de la IA está replicando la estrategia de su competidor de realizar grandes apuestas por la infraestructura. Parten, sin embargo, con una ventaja: la vigilancia estatal sobre buena parte de las empresas de la cadena de valor, desde los centros de datos hasta los dispositivos móviles, permite planificar el desarrollo y adaptar las inversiones a las capacidades reales del país y los consumidores. Sin ir más lejos, DeepSeek ha revelado esta semana un nuevo modelo de IA que está específicamente optimizado para los chips de Huawei, en un paso de gigante hacia la autonomía industrial de Pekín respecto de EE.UU.

La aplicación china sufría, a ojos del mercado, de una dependencia excesiva de los productos de una de las firmas de bandera de EE.UU., como es Nvidia. Ahora, con la adaptación a la microcomputación local, corta los lazos con el gigante de Jensen Huang. Se trata de un escenario penoso, a ojos del directivo, porque impide que la Casa Blanca pueda sancionar o controlar el avance tecnológico de su gran rival geopolítico, como estaba haciendo hasta ahora. En declaraciones a principios de abril, el CEO de Nvidia llegó a asegurar que «el día que DeepSeek salga primero en Huawei, será un resultado terrible para la nación». El anuncio, además, ha servido para disparar la cotización de los fabricantes chinos de microchips, que cerraron la semana con rallies del 15%, en el caso de Huahong Semiconductor, y del 10% para SMIC.

El choque, cada vez más explícito entre las partes, ha provocado que muchas empresas del sector busquen espacios neutrales donde hacer negocio con tecnologías de ambas partes. Según diversas voces sectoriales han declarado a la agencia Reuters, el bastión elegido es Singapur, un lugar históricamente apreciado por el capital por su capacidad de mantener cierta distancia de Washington y Pekín sin renunciar a abrazar a las principales operadoras tecnológicas. Según declaraba el CEO del hedge fund Kamet Capital, Kerry Goth, a la agencia, supone un «lugar cómodo» para todas aquellas iniciativas que busquen superar la guerra de trincheras; incluidas empresas de ambos lados centradas en expandirse más allá de sus fronteras políticas. Esto ha abierto la puerta a inversores de Singapur para sumarse a algunas de las grandes operaciones de los últimos años: de hecho, la última ronda de inversión de Anthropic, valorada en unos 30.000 millones de dólares, la lideró el fondo soberano de la ciudad-estado, GIC.

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