El foco de la futura ampliación del aeropuerto de Barcelona se pone en la tercera pista, la Ricarda o las conexiones intercontinentales. Pero mientras la discusión política continúa abierta, Aena ha anunciado una de las transformaciones más importantes de la historia reciente de El Prat: la remodelación integral de la terminal T2. La directora del aeropuerto Josep Tarradellas Barcelona-El Prat, Eva Valenzuela, ha presentado los detalles de un proyecto que movilizará unos 700 millones de euros y que convertirá una terminal concebida hace más de tres décadas en una infraestructura adaptada a las necesidades de las próximas décadas. El objetivo es aumentar la capacidad operativa, mejorar la experiencia de los pasajeros y redistribuir mejor el tráfico entre las diferentes instalaciones aeroportuarias.
La T2 actual es heredera directa de la antigua terminal olímpica inaugurada en 1992. A pesar de las reformas puntuales de los últimos años, buena parte de sus espacios mantienen una configuración pensada para un aeropuerto muy diferente al actual. El Prat ha pasado de mover poco más de 10 millones de pasajeros anuales a superar los 55 millones antes de la pandemia y a recuperar ya cifras récord de demanda. La infraestructura se acerca progresivamente a sus límites operativos, especialmente en lo que respecta a las conexiones internacionales e intercontinentales.
Un edificio prácticamente nuevo
La reforma afectará prácticamente todos los espacios de la terminal. Aena prevé renovar las zonas de facturación, los controles de seguridad, las áreas comerciales, las salas de embarque y los espacios destinados a los servicios aeroportuarios. También se reordenarán los flujos de pasajeros para hacerlos más eficientes y reducir los tiempos de espera. Una de las principales apuestas será la incorporación de más luz natural y la creación de espacios más amplios y diáfanos, siguiendo el modelo de las grandes terminales internacionales construidas durante los últimos años. La terminal ganará superficie útil y mejorará sustancialmente su accesibilidad y sostenibilidad energética. El proyecto también incluye una modernización profunda de los sistemas tecnológicos, con nuevos procesos automatizados de facturación, control y embarque, así como una actualización de las instalaciones de gestión de equipajes.

La pieza clave para crecer antes de la ampliación
Más allá de la mejora arquitectónica, la nueva T2 tiene una función estratégica. Según los planes de Aena, la terminal deberá ganar protagonismo dentro del conjunto aeroportuario y absorber una parte más grande del tráfico de pasajeros. La reforma permitirá elevar su capacidad hasta los 20 millones de pasajeros anuales, mucho por encima de las cifras actuales. Esto dará margen al conjunto del aeropuerto mientras se definen y tramitan las actuaciones de mayor envergadura asociadas a la ampliación de El Prat. La nueva T2 actuará como una válvula de oxígeno para una infraestructura que lleva años funcionando muy cerca de sus límites en determinadas franjas horarias.
Aena defiende que la remodelación de la T2 y la ampliación del aeropuerto son actuaciones complementarias y no alternativas. La reforma permitirá aprovechar mejor las instalaciones existentes, mientras que la eventual ampliación de la infraestructura servirá para incrementar la capacidad global y reforzar especialmente las conexiones de largo radio. La renovación de la T2 aparece como una de las pocas actuaciones que ya disponen de un calendario claro y de una inversión definida. Cuando las obras estén completadas, Barcelona dispondrá de una terminal prácticamente nueva para asumir una parte importante del crecimiento previsto del tráfico aéreo durante la próxima década.

