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No cada año ni solo cuando hay síntomas: cuándo hacerse un análisis de sangre

Hacerse un análisis de sangre parece una decisión simple, pero en medicina preventiva lo que importa es el contexto: edad, antecedentes y riesgo real. De hecho, la evaluación basada en evidencia de la Generalitat de Catalunya recuerda que en adultos sanos y sin síntomas los análisis rutinarios anuales no están indicados porque no han demostrado reducir enfermedad o mortalidad y pueden aumentar diagnósticos secundarios.

Esto no significa que los análisis no sirvan. Significa que su valor depende de solicitarlos por un motivo claro y repetirlos con una frecuencia razonable, en lugar de convertirlos en un ritual fijo.

El dato clave es este: para la mayoría de adultos sanos, la frecuencia no debería ser cada año por defecto, sino selectiva y ajustada al riesgo. La idea de un análisis anual universal choca con lo que muestran revisiones de evidencia: los chequeos periódicos en población sana no aportan beneficios claros en resultados importantes y pueden empujar a sobrediagnóstico, pruebas adicionales y tratamientos innecesarios.

Por qué un análisis anual puede no ser la mejor idea

El análisis de sangre es una foto parcial de cómo estás en un momento concreto. En personas sin síntomas, muchos hallazgos leves no significan enfermedad, pero sí pueden abrir una cadena de repeticiones, derivaciones y angustia. A esto se suma que algunos valores fluctúan por sueño, estrés, ejercicio, hidratación o infecciones recientes.

En salud pública, el objetivo no es acumular pruebas, sino detectar problemas donde hay evidencia de beneficio. Por eso, organismos como el USPSTF recomiendan cribados concretos en grupos específicos, en lugar de un paquete fijo anual para todos. Su listado de recomendaciones A y B muestra cómo se priorizan pruebas con impacto demostrado, como el cribado de hipertensión o el cribado de diabetes en perfiles de riesgo.

La diferencia entre prevención útil y exceso de pruebas

  • Prevención útil: pruebas con evidencia de que detectar a tiempo cambia el pronóstico en grupos concretos.
  • Exceso de pruebas: análisis repetidos sin indicación clínica, que aumentan falsos positivos y cascadas diagnósticas.

Entonces, ¿cada cuánto conviene hacerse análisis de sangre?

No existe una única respuesta válida para todos. La frecuencia razonable se decide combinando edad, factores de riesgo, medicación, antecedentes familiares y resultados previos. Un adulto joven sin síntomas y sin factores de riesgo suele necesitar menos controles que una persona con hipertensión, obesidad, antecedentes cardiovasculares o tratamiento crónico.

Regla práctica que utilizan muchos médicos de familia

  • Si estás sano y sin factores de riesgo: controles espaciados y centrados en prevención recomendada por edad.
  • Si tienes factores de riesgo: revisiones más frecuentes y análisis dirigidos a objetivos concretos.
  • Si tomas medicación crónica: periodicidad marcada por la seguridad del fármaco y el seguimiento de órganos diana.

Qué pruebas se solicitan con más sentido, según el motivo

El problema no es el análisis, sino solicitar un panel sin objetivo. Estas son las áreas donde suele tener más sentido medir, siempre según criterio clínico:

Riesgo cardiovascular

  • Lípidos: colesterol total, LDL, HDL y triglicéridos, según edad y riesgo.
  • Glucosa o HbA1c: especialmente si hay sobrepeso, antecedentes o tensión alta.

El NHS, por ejemplo, integra colesterol y otros controles dentro de su programa de evaluación de riesgo en adultos de 40 a 74 años mediante el NHS Health Check, que se ofrece cada cinco años a quien no tiene enfermedades previas relevantes.

Función renal y hepática

  • Creatinina y filtrado estimado: útiles si hay hipertensión, diabetes, edad avanzada o fármacos que lo requieren.
  • Enzimas hepáticos: según medicación, consumo de alcohol, hígado graso u otros factores.

Tiroides, hierro y vitaminas

No suelen ser pruebas para repetir por rutina en población sana. Se solicitan cuando hay síntomas o sospecha: cansancio persistente, caída de cabello significativa, alteraciones menstruales, anemia, cambios de peso, palpitaciones o antecedentes relevantes. En personas sin síntomas, su uso indiscriminado aumenta hallazgos dudosos.

Tabla orientativa por perfiles de riesgo

PerfilFrecuencia orientativaQué se suele priorizarQué suele sobrar si no hay síntomas
Adulto sano, sin factores de riesgoEspaciada, según criterio clínicoCribados recomendados por edad y antecedentesPaneles amplios repetidos cada año
40 a 74 sin enfermedad crónicaCada 5 años en programas de riesgoRiesgo cardiovascular, colesterol, medidas preventivasRepetir sin cambios clínicos
Sobrepeso u obesidadMás frecuente que en bajo riesgoGlucosa o HbA1c, lípidos, tensión, hígado grasoMarcadores no indicados para cribado
Hipertensión o prediabetesSeguimiento periódicoRiñón, glucosa, lípidos, control de órganos dianaPruebas no relacionadas con el seguimiento
Medicación crónicaSegún fármaco y seguridadRiñón, hígado, electrolitos u otros parámetrosDuplicar análisis sin cambios

Cómo decidirlo con tu médico en menos de 3 minutos

Si quieres una recomendación personalizada, ayuda ir con tres datos claros. Cambian el plan más que cualquier lista genérica.

Checklist para la consulta

  • Objetivo: prevención por edad, seguimiento de riesgo cardiovascular, control de medicación o síntomas concretos.
  • Riesgo: antecedentes familiares, tensión alta, sobrepeso, tabaco, sedentarismo, glucosa elevada.
  • Historia: si ya hubo valores alterados y si se han mantenido estables en controles previos.

Cuándo sí conviene adelantar un análisis

Hay situaciones donde esperar no aporta nada y medir ayuda a tomar decisiones. No se trata de alarmismo, sino de buen uso de la herramienta.

Motivos frecuentes para solicitar análisis antes

  • Síntomas persistentes: cansancio mantenido, pérdida de peso sin explicación, sed intensa, infecciones repetidas, sangrados anómalos.
  • Inicio o ajuste de medicación: cuando un fármaco requiere monitorización.
  • Cambios clínicos: empeoramiento de la tensión, subida rápida de peso, dolor torácico, edemas.
  • Embarazo o planificación específica según control prenatal.

El mensaje útil para no equivocarse con la frecuencia

La pregunta correcta no es cada cuánto me hago un análisis, sino para qué me lo hago y qué decisión cambia con el resultado. En adultos sanos, la evidencia empuja a evitar la rutina anual automática y a priorizar cribados con beneficio probado y seguimiento dirigido por el riesgo. En personas con factores de riesgo o tratamientos, la frecuencia aumenta, pero siempre con un motivo y un objetivo.

En prevención, menos puede ser más: menos análisis sin indicación y más controles con sentido, en el momento adecuado y con parámetros que realmente aporten información útil.

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