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Ivonne Muñoz, entrenadora personal: “La mayoría de personas hacen mal el squat y lo notan en la espalda baja y en las rodillas”

Es el ejercicio rey para unos glúteos de acero, pero también puede ser tu peor pesadilla. Si después de una serie de squats (o sentadillas) lo único que sientes es una punzada en las rodillas o una tensión insoportable en la zona lumbar, algo no va bien. Y no, no es que no estés hecha para el deporte.

La entrenadora Ivonne Muñoz ha dado en el clavo con una advertencia que corre como la pólvora: la mayoría de nosotros estamos haciendo squats «de rodilla» en lugar de squats «de cadera». Un matiz técnico que marca la diferencia entre el éxito y la lesión.

Seguro que te suena. Te pones frente al espejo, bajas con toda tu buena intención y, de repente, notas que todo el peso recae sobre tus articulaciones. El glúteo, ese que querías trabajar, ni se entera de la fiesta. Estás gastando energía y comprando boletos para una visita al fisioterapeuta.

La experta es tajante: si el squat no quema en el músculo objetivo, es que la arquitectura de tu movimiento está fallando. El cuerpo es una máquina de compensar y, si no usas los músculos grandes, tus rodillas y espalda pagarán los platos rotos.

La falla del «ascensor»: Por qué tus rodillas sufren

El error más común es bajar como si fueras un ascensor, en vertical, proyectando las rodillas demasiado hacia adelante. Este movimiento genera una tensión mecánica brutal en la rótula. Ivonne Muñoz explica que el primer movimiento no debe nacer en las piernas, sino en la pelvis.

Imagina que tienes una silla invisible detrás de ti. Si intentas sentarte bajando recta, caerías. Tienes que lanzar la cadera hacia atrás. Es aquí cuando el glúteo se estira, se activa y se prepara para empujar. Si no hay «bisagra de cadera», no hay glúteo.

Dato clave: El squat es un ejercicio global, pero el motor principal debe ser el tren inferior posterior. Cuando el peso recae en las puntas de los pies, las rodillas sufren. El peso debe estar siempre repartido, con especial atención al talón.

A diferencia de lo que nos han dicho siempre, no pasa nada si la rodilla sobrepasa un poco la punta del pie, siempre que el talón no se levante y la espalda mantenga su curvatura natural. El problema es la falta de control, no el ángulo.

Espalda lumbar: El peligro de la «curva»

Otro punto crítico que destaca la entrenadora es la espalda. Si al bajar sientes que tu zona lumbar se arquea o, al contrario, se redondea (el famoso «ojito de glúteo»), estás transfiriendo toda la carga a tus discos vertebrales. Un riesgo innecesario que frena tu progreso.

La clave está en el core. Mantener el abdomen activo es lo que protege tu columna. Si dejas que el tronco caiga hacia adelante como si te estuvieras rindiendo, el dolor aparecerá antes de que termines la primera serie. Mira al frente, saca pecho y mantén el bloque.

*(A nosotros nos ha pasado mil veces: nos centramos tanto en bajar mucho que nos olvidamos de bajar bien. Recuerda que la calidad siempre gana a la cantidad).*

Truco: Antes de añadir peso, haz el squat frente a una pared. Si tus rodillas o tu cara chocan contra ella, es que estás bajando demasiado vertical. Aprender a tirar la cadera hacia atrás es el mejor seguro de vida para tus articulaciones.

¿Cómo saber si lo estás haciendo bien?

La señal definitiva es la sensación muscular. Al terminar, deberías sentir una fatiga agradable en los cuádriceps y, sobre todo, en los glúteos. Si el dolor es articular o se localiza en la espalda baja, para inmediatamente. No fuerces un movimiento mal ejecutado.

Ivonne Muñoz recomienda comenzar con un rango de movimiento que controles. No hace falta bajar hasta el suelo si a mitad de camino pierdes la técnica. La profundidad vendrá con la movilidad, no con las prisas. Escuchar tu cuerpo es la parte más difícil, pero la más rentable del entrenamiento.

Invertir tiempo en corregir la técnica hoy te permitirá entrenar durante décadas. El squat es una herramienta increíble para mantener un metabolismo activo y unos huesos fuertes, pero solo si la respetas como se merece.

Veredicto: Menos peso, más técnica

La lección de Ivonne Muñoz es clara: deja el ego en la puerta del gimnasio. No por cargar más discos tendrás mejores resultados si el squat te está destrozando por dentro. El entrenamiento inteligente es aquel que construye, no el que destruye.

Revisa tu posición, ajusta tu cadera y siente cómo tus músculos trabajan de verdad. Tus rodillas te lo agradecerán ahora y tu espalda te lo agradecerá dentro de diez años. Es hora de hacer que cada repetición cuente.

¿Vas a seguir haciendo squats a ciegas o aplicarás hoy mismo el truco de la cadera? Yo ya he corregido mi postura y te aseguro que la «quemazón» en el glúteo es otro nivel.

¿Te gustaría que preparara una rutina de movilidad de cadera para que tus squats sean perfectos y profundos?

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