La relación entre alcohol y salud cardiovascular vuelve a situarse en el centro del debate. Mientras la OMS y las autoridades sanitarias españolas recuerdan que el consumo de bebidas alcohólicas siempre implica riesgo, nuevos datos presentados por la Fundación para la Investigación del Vino y la Nutrición (FIVIN) han reabierto la discusión sobre qué se puede considerar hoy consumo moderado. Más contexto oficial en esta página del Ministerio de Sanidad sobre alcohol y estilos de vida saludables.
Los cardiólogos implicados en estos trabajos apuntan que, en determinados adultos sanos y dentro de un estilo de vida basado en la dieta mediterránea, pequeñas cantidades de vino tinto durante las comidas podrían asociarse a un menor riesgo de infarto y otras complicaciones del corazón. Sin embargo, advierten que este posible beneficio se mueve en un margen muy estrecho y que, una vez superado un límite concreto de consumo, el riesgo vuelve a aumentar rápidamente.
¿Qué dicen los últimos estudios sobre el vino tinto?
La FIVIN ha recopilado en la Universidad de Barcelona varios estudios internacionales que analizan la relación entre consumo moderado de vino y salud cardiovascular. En conjunto describen un patrón en forma de curva en J: las personas que beben poco parecen tener menos eventos cardiovasculares que aquellas que no beben nada o que se exceden, siempre que el consumo se integre en una dieta mediterránea rica en frutas, verduras, legumbres, frutos secos, aceite de oliva y actividad física regular.
En esta síntesis se destaca especialmente un trabajo ligado al ensayo PREDIMED, en el que se midió el ácido tartárico en orina como biomarcador objetivo de ingesta de vino. Las personas con consumos bajos y regulares mostraron un riesgo significativamente menor de infarto, ictus o muerte cardiovascular en comparación con quienes no bebían vino o lo hacían en cantidades más altas. Otros proyectos financiados por FIVIN han estudiado los metabolitos del resveratrol y han encontrado asociaciones entre una mayor presencia de estos compuestos y una menor inflamación vascular, un factor clave en la aterosclerosis.
Los investigadores subrayan, sin embargo, que la mayor parte de la evidencia disponible es epidemiológica. Es decir, se basa en observar qué ocurre en grandes poblaciones y vincular patrones de consumo con estados de salud, pero sin poder demostrar causalidad. Además, patrones de estilo de vida más saludables suelen ir de la mano de consumos más moderados, lo que complica separar qué parte del efecto se debe al vino y cuál al conjunto de la dieta y los hábitos.
Por qué el vino tinto no es igual que otras bebidas alcohólicas
Una de las claves de estos trabajos es el papel de los polifenoles. Estas moléculas antioxidantes se concentran en la piel y las pepitas de la uva, que permanecen en contacto con el mosto durante la maceración del vino tinto. Por eso, esta bebida contiene hasta diez veces más polifenoles que un vino blanco elaborado sin este contacto prolongado con las pieles.
Entre estos compuestos destaca el resveratrol, asociado en estudios experimentales con efectos antiinflamatorios, mejora del perfil de lípidos y posible neuroprotección frente al deterioro cognitivo. En modelos animales se han observado menos lesiones ateroscleróticas o menor depósito de proteína beta-amiloide en el cerebro cuando se añaden polifenoles del vino a la dieta. Pero trasladar estos resultados al ser humano no es directo: las dosis, las condiciones de los ensayos y la complejidad del organismo humano obligan a ser prudentes.
Por eso, los expertos que apoyan la integración del vino en la dieta mediterránea insisten en que no se puede extrapolar cualquier consumo de alcohol. La posible protección cardiovascular que detectan los estudios se asocia a pequeñas cantidades de vino tinto consumidas con las comidas y en el contexto de otros hábitos saludables. No sirve como argumento para justificar excesos del fin de semana, combinados de alta graduación o beber fuera de las comidas.
El límite diario que proponen los expertos
Cuando se concreta este patrón de consumo «cardioprotector», el umbral que manejan los especialistas vinculados a FIVIN es muy preciso. En hombres adultos sanos se habla de un máximo de dos copas de vino tinto al día, y en mujeres de una copa diaria, siempre integradas en las comidas principales y repartidas a lo largo de la semana, sin excesos y sin llegar a la embriaguez. La recomendación excluye menores, embarazadas, personas con enfermedades hepáticas, antecedentes de adicción u otras patologías en las que el alcohol está desaconsejado.
En los estudios de referencia se observa que los beneficios cardiovasculares se concentran en quienes se mantienen por debajo de una copa y media diaria de media. Por encima, la curva en J se aplana y luego se invierte: el riesgo vuelve a subir. Además, algunos trabajos encuentran asociaciones similares con consumos aún más bajos, de media copa de vino al día, lo que refuerza la idea de que el margen de posible beneficio es muy estrecho y que más cantidad no significa más protección.
- Máximo de dos copas diarias en hombres y una en mujeres adultas sanas.
- Solo vino tinto, por su mayor contenido en polifenoles frente a otras bebidas.
- Siempre durante las comidas, no en ayunas ni para calmar la sed.
- Integrado en una dieta mediterránea y en un estilo de vida activo, sin tabaco.
- Evitar completamente los excesos y limitar los días de consumo a varios en la semana, sin concentrar todas las copas en una sola ocasión.
Los mismos autores de estos trabajos recuerdan que nada de esto debe interpretarse como una invitación a comenzar a beber por motivos de salud. Las personas que no consumen alcohol no obtienen una ventaja demostrada por incorporar vino a su dieta. Y quien ya bebe debe valorar con su profesional sanitario si esta pauta encaja con su situación médica, la medicación y los riesgos individuales.
UNATI: el gran ensayo que falta por responder
Para aclarar definitivamente si un patrón de consumo moderado de vino puede ser una alternativa aceptable frente a la abstinencia total se ha puesto en marcha el ensayo clínico UNATI, coordinado por la Universidad de Navarra. Este estudio seguirá durante varios años a unas 10.000 personas de entre 50 y 75 años que ya consumen alcohol y las asignará aleatoriamente a dos consejos: reducir hasta la abstinencia o mantener un consumo moderado, priorizando vino tinto con las comidas y sin superar un número concreto de bebidas semanales.
UNATI evaluará no solo eventos cardiovasculares, sino también cáncer, cirrosis hepática, diabetes tipo 2, deterioro cognitivo, depresión y otras causas de ingreso hospitalario o muerte. Sus resultados, previstos para finales de esta década, serán clave para matizar o confirmar las recomendaciones actuales. Hasta entonces, la evidencia sobre los posibles beneficios del vino continuará siendo principalmente observacional.
Lo que recuerdan la OMS y el Ministerio de Sanidad
Mientras una parte de la comunidad científica explora los matices del consumo moderado de vino, los organismos de salud pública insisten en un mensaje sencillo: no existe una cantidad de alcohol completamente segura. La Organización Mundial de la Salud ha publicado en los últimos años documentos en los que recalca que, desde el punto de vista del riesgo de cáncer y de otras enfermedades, no se ha identificado un umbral a partir del cual el alcohol deje de tener efectos perjudiciales en el organismo.
El Ministerio de Sanidad español va en la misma línea. Sus materiales dirigidos a profesionales y a la población recuerdan que el consumo de alcohol siempre implica algún nivel de riesgo, que cuanto menos se beba mejor y que los riesgos solo se evitan no consumiéndolo. Además, destacan que el alcohol está relacionado con más de 200 problemas de salud y lesiones y que, durante años, ha sido responsable de miles de muertes anuales en España, con un impacto especialmente elevado en los grupos socioeconómicos más vulnerables.
| Fuente | Mensaje clave sobre alcohol y salud |
|---|---|
| Estudios sobre vino tinto y dieta mediterránea | En adultos sanos, pequeñas cantidades de vino tinto durante las comidas podrían asociarse a un menor riesgo cardiovascular. |
| OMS | No se ha identificado una cantidad de alcohol sin riesgo; el alcohol aumenta el riesgo de varios cánceres desde consumos bajos. |
| Ministerio de Sanidad | El alcohol siempre implica riesgo; cuanto menos, mejor, y los daños solo se evitan no bebiendo. |
A estas posiciones se suman declaraciones conjuntas de sociedades médico-científicas que alertan sobre el uso publicitario de expresiones como «consumo responsable» o «consumo moderado», al considerar que pueden minimizar la percepción de riesgo. Desde la salud pública, la prioridad es reducir el volumen global de alcohol en la población y evitar especialmente los excesos, el inicio precoz en la adolescencia y el consumo en contextos de alta peligrosidad, como la conducción.
Quién no debería beber y qué hacer si ya se consume
Incluso los defensores del vino dentro de la dieta mediterránea coinciden con las autoridades sanitarias en que hay grupos de población para los cuales cualquier cantidad de alcohol es desaconsejable. Entre estos destacan:
- Menores de 18 años, por el impacto del alcohol en el desarrollo cerebral.
- Embarazadas o mujeres que puedan estarlo, por el riesgo de daños fetales.
- Personas con enfermedades hepáticas, pancreáticas, cardíacas o determinados trastornos psiquiátricos.
- Quien toma medicación que interactúa con el alcohol.
- Personas con antecedentes de dependencia o en recuperación de problemas de consumo.
- Cualquier persona que deba conducir o manejar maquinaria peligrosa.
Para quien ya bebe, el primer paso es conocer el propio patrón de consumo. Hay cuestionarios validados, como el AUDIT-C, que permiten identificar consumos de riesgo y que se utilizan de manera rutinaria en la atención primaria. Los materiales del Ministerio de Sanidad recuerdan que, si se superan determinados umbrales de gramos de alcohol diarios o se concentran muchas consumiciones en pocas horas, el riesgo aumenta de manera clara, independientemente de que la bebida sea vino, cerveza o destilados.
En la práctica, los expertos recomiendan que cualquier decisión sobre el consumo de vino se valore con el profesional sanitario de referencia, que es quien puede analizar enfermedades previas, medicación, antecedentes familiares y otros factores de riesgo. La principal prioridad en prevención cardiovascular continúa siendo dejar de fumar, mantener un peso adecuado, seguir una dieta saludable, hacer ejercicio diario y controlar factores como la hipertensión, el colesterol y la diabetes.
En ningún caso la posible asociación entre pequeñas cantidades de vino tinto y menor riesgo cardiovascular debe utilizarse como argumento para retrasar cambios más contundentes en el estilo de vida o para justificar consumos elevados. Si se elige beber, hacerlo menos, con más conciencia y acompañado de hábitos saludables siempre será preferible a hacerlo más y sin control. Y si no se bebe, continuar sin hacerlo sigue siendo la opción más segura desde el punto de vista de la salud.
Este artículo ofrece información general basada en estudios recientes y documentos de organismos oficiales, pero no sustituye el consejo personalizado de un profesional sanitario. Ante cualquier duda sobre el consumo de alcohol, la recomendación es consultar con el médico de familia o con los servicios especializados en adicciones y salud mental.
