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Javier Hurtado, oftalmólogo, advierte: «Podemos acostumbrarnos a ver peor y no darnos cuenta de la pérdida de visión»

Imaginas una mañana cualquiera. Te levantas, preparas el café y, sin darte cuenta, tu cerebro ya te está jugando una mala pasada. Una que podría costarte la visión, lentamente, sin dolor, y tú ni siquiera lo sabrías. Esto, que parece sacado de una pesadilla, es una realidad más común de lo que pensamos. (Y sí, nosotros también alucinamos con la capacidad de adaptación de nuestro cuerpo, incluso cuando es perjudicial).

¿Cómo es posible que perdamos visión y nuestro propio organismo nos lo oculte? El secreto, o mejor dicho, el gran peligro oculto, reside en la sorprendente habilidad de nuestro cuerpo para compensar. Es aquí donde entra en juego la advertencia de un experto que nadie debería ignorar, especialmente ahora que la información nos llega con cuentagotas, pero con una potencia brutal.

El oftalmólogo Javier Hurtado, una voz con la autoridad que necesitamos para desvelar estas realidades, lo deja claro: «Podemos acostumbrarnos a ver peor y no darnos cuenta de la pérdida de visión». Esta afirmación no es un titular a la ligera, sino una llamada de atención con motivo del Día Mundial de la Retina. Un recordatorio imprescindible para nuestra salud ocular, la que con demasiada frecuencia damos por sentada.

La traición silenciosa de nuestro ojo

Muchas enfermedades que afectan la retina, la delicada estructura de nuestro ojo que lo capta todo, avanzan sin ningún tipo de dolor ni pérdida evidente de visión inicialmente. El doctor Hurtado explica un fenómeno clave: si un ojo empieza a fallar, el otro, sin que lo pidamos, toma las riendas y compensa la deficiencia. Esta «solidaridad» ocular, aunque parezca útil, se convierte en un auténtico error de vigilancia que puede pasar desapercibido durante meses o años.

La lista de patologías retinianas es amplia y preocupante. Desde la degeneración macular asociada a la edad (DMAE), una de las más frecuentes y lo que Hurtado describe como un envejecimiento acelerado, hasta la retinopatía diabética, las oclusiones de vasos sanguíneos o los temidos desprendimientos de retina. Algunas de estas enfermedades tienen una evolución lenta, casi imperceptible; otras, en cambio, desencadenan una pérdida visual súbita que exige una atención médica urgente.

No podemos permitir que nuestro propio cuerpo nos engañe. Hay que conocer las señales de alarma para actuar a tiempo y proteger nuestra visión, nuestra ventana al mundo.

Síntomas: La alarma que debes escuchar

No todas las alteraciones se manifiestan de la misma manera. Cuando el daño afecta la periferia de la retina, las primeras señales son tan sutiles que pueden ser ignoradas: una dificultad para ver con poca luz o una sensación de visión menos nítida sin una causa aparente. Pero si el problema se localiza en la zona central, los cambios son más evidentes y alarmantes. Hablamos de imágenes que se deforman, de dificultad para leer, o de partes del campo visual que quedan afectadas.

En el caso de la DMAE, Hurtado nos ilustra con un ejemplo cotidiano: es como si una membrana estira la retina, deformándola. «Es como si pongo una mano sobre un papel de aluminio y cierro un poco los dedos. El aluminio se arruga y deja de ser plano; algo similar pasa con la retina cuando una membrana la tracciona y la visión comienza a aparecer distorsionada». Esta analogía nos ayuda a entender la gravedad de un proceso que puede robarnos la nitidez de nuestra mirada sin que casi nos demos cuenta.

Señales que exigen una visita urgente al oftalmólogo

Hay síntomas que no admiten demora. Una pérdida súbita de visión, la aparición inesperada de muchas «moscas volantes», destellos de luz o una sombra que avanza por el campo visual son indicadores de un problema grave en la retina que requiere una valoración inmediata. En estos casos, el tiempo es oro; la rapidez en el tratamiento puede ser la diferencia entre preservar la visión o afrontar un daño irreversible.

El doctor explica que las «moscas volantes» no siempre son motivo de alarma. A menudo aparecen con la edad. Pero si surgen de repente y en gran cantidad, o si van acompañadas de destellos o de una sombra que parece un «telón negro» que avanza por tu visión, puede indicar un desgarro o desprendimiento de retina. En estas circunstancias, la espera podría ser una sentencia. «Si he perdido visión por un ojo en las últimas horas o días, no puedo esperar un mes a que me vea un oftalmólogo porque probablemente ya sea tarde», subraya el especialista. Es una advertencia crucial, una que debemos interiorizar.

Tu rutina diaria: tu aliado secreto contra la pérdida de visión

La salud ocular no depende solo de las revisiones. La prevención comienza mucho antes, en nuestros hábitos más cotidianos. Lo que comemos, la actividad física que hacemos, nuestro peso, la tensión arterial y, por supuesto, el tabaco, son factores decisivos para la salud vascular y, por tanto, para la retina. Una alimentación rica en verduras, frutas, legumbres, pescado y frutos secos no solo beneficia nuestro cuerpo, sino que protege nuestros ojos.

Para la DMAE, concretamente, se recomienda un consumo elevado de verduras de hoja verde y pescado, junto al control de la presión arterial y el colesterol. No hay un alimento mágico, eso lo sabemos, pero sí hay un patrón de hábitos que reducen drásticamente los factores de riesgo. El doctor Hurtado es categórico: «no fumar, una alimentación sana, controlar la tensión arterial, evitar el sobrepeso y acudir a las revisiones oftalmológicas son las recomendaciones con mayor evidencia científica que todos deberíamos practicar». Dejar de fumar, por ejemplo, es una de las acciones más efectivas para reducir el riesgo de DMAE.

La solución definitiva: prevención y reacción rápida

Detectar una enfermedad de la retina no es el fin del camino. Gracias a los avances médicos, hoy en día existen tratamientos capaces de preservar la visión o frenar el avance de lesiones, como las inyecciones intraoculares de fármacos anti-VEGF. Pero la mejor estrategia sigue siendo la prevención y la acción rápida. Una revisión oftalmológica rutinaria puede descubrir alteraciones que aún no han dado síntomas, permitiendo un seguimiento adecuado según la edad, los antecedentes familiares o la presencia de factores de riesgo como la diabetes o la hipertensión. (Un ahorro en salud, que es el único ahorro que realmente importa).

La retina, al fin y al cabo, es una parte vital de un organismo que funciona como un todo; el ojo es una verdadera ventana a nuestro cuerpo. Cuidar nuestra visión significa, antes que nada, estar atentos a las señales que nos envía el organismo. Pero, ¿realmente somos capaces de escucharlas antes de que sea demasiado tarde?

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