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Ángela Fernández, psicóloga: «Las personas con ansiedad tienen tres rasgos de personalidad en común»

Vivir con un nudo constante en el estómago no es normal, aunque nos hayamos acostumbrado a hacerlo. La ansiedad se ha convertido en la epidemia silenciosa de nuestro siglo, pero a menudo olvidamos que no aparece de la nada.

Hay una estructura interna, una especie de plano de nuestra personalidad, que nos hace más vulnerables a caer en este pozo de nervios y preocupación constante. *(Y sí, seguramente te verás reflejado)*.

La dictadura de la perfección absoluta

La psicóloga Ángela Fernández ha puesto el foco en un rasgo que muchos consideran una virtud, pero que puede ser una prisión: la alta responsabilidad. Son personas extremadamente disciplinadas y rigurosas en todo lo que hacen.

Esta búsqueda de la perfección no es gratuita. La experta advierte que el nivel de implicación en las tareas es tan elevado que cualquier pequeño error se vive como una catástrofe personal, generando una frustración inmediata.

Esta rigidez mental proviene de la creencia de que el reconocimiento solo llega si somos impecables. El cuerpo, sin embargo, no entiende de notas excelentes y acaba respondiendo con un estado de alerta que se cronifica en forma de ansiedad.

La solución pasa por trabajar la flexibilidad cognitiva. Aprender que ser «suficientemente bueno» es la única vía para permitir que nuestro sistema nervioso se relaje de una vez por todas.

El peligro de ser «demasiado amable» con los demás

Muchas personas con ansiedad padecen lo que se conoce como people pleasing. Se trata de un exceso de amabilidad que, lejos de ser beneficioso, termina destruyendo el propio equilibrio emocional.

Si eres de aquellos que no saben decir «no» por miedo a decepcionar o para evitar el conflicto, estás poniendo las necesidades de los demás por delante de tu propia salud mental. Esta falta de límites es un motor de estrés gigantesco.

La experta es contundente: poner fronteras no te hace ser una persona egoísta. Al contrario, marcar límites te hace una persona coherente que se cuida a sí misma para poder estar bien con el resto del mundo.

Cada vez que dices «sí» cuando querrías decir «no», estás enviando un mensaje de peligro a tu cerebro. La factura emocional llega tarde o temprano, y suele hacerlo en forma de crisis de ansiedad o agotamiento extremo.

Neuroticismo: La hipersensibilidad del sistema nervioso

El tercer rasgo clave es el neuroticismo, una de las dimensiones fundamentales de la personalidad humana. Las personas con puntuaciones altas en este rasgo suelen ser emocionalmente inestables y muy reactivas.

Esto se traduce en una sensibilidad mucho más alta a las emociones negativas. No se trata de debilidad, sino de un sistema nervioso que es naturalmente más agudo y que reacciona con más fuerza ante cualquier estímulo externo.

Estas personas viven en un estado de vigilancia constante, como si algo malo fuera a suceder en cualquier momento. Esta reactividad es la que alimenta los síntomas físicos de la ansiedad que tanto nos asustan.

Para gestionarlo, Fernández recomienda buscar actividades que fomenten la serenidad diaria. No es una cura mágica, sino una práctica continuada para enseñar a nuestro cerebro que no todo es una amenaza mortal.

Comenzar a desaprender el sufrimiento

Conocer estos tres rasgos —perfeccionismo, falta de límites y reactividad— es la clave definitiva para regular las emociones sin llegar al límite de nuestras fuerzas.

La ansiedad no desaparece ignorándola, sino entendiendo por qué nuestro cerebro ha decidido que debemos vivir en alerta. Si te has sentido identificado, ya tienes el mapa para comenzar a cambiar tus reacciones.

La felicidad y la productividad real aparecen cuando dejamos espacio para la imperfección y comenzamos a priorizar nuestro bienestar por encima de las expectativas externas.

¿Estás dispuesto a comenzar a ser un poco más flexible contigo mismo a partir de mañana?

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