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Pablo Ojeda, nutricionista, aclara: lo que engorda en verano no es la paella del domingo, sino las microdecisiones diarias

Llega el domingo y la tentación es inevitable. La paella, icono absoluto de nuestra gastronomía, se coloca en el centro de la mesa con todo su esplendor y sabor.

Sin embargo, el nutricionista Pablo Ojeda ha lanzado una advertencia directa a todos aquellos que intentan mantener la línea durante el verano sin renunciar al arroz. El problema no es el plato en sí, sino lo que sucede antes y después de comerlo.

La trampa del hambre invisible

Es muy común llegar a la hora del almuerzo con un hambre voraz después de haber saltado desayunos o haber hecho un ejercicio intenso durante la mañana del domingo. Este es nuestro primer gran error táctico.

Cuando el cuerpo detecta una carencia prolongada de nutrientes, el cerebro activa un modo de supervivencia. El resultado es que devoramos el arroz mucho más rápido de lo que nuestro sistema digestivo puede gestionar con calma.

El cerebro tarda aproximadamente 20 minutos en recibir la señal de saciedad. Si comes deprisa, consumes el doble de calorías antes de sentirte lleno (sí, nosotros también hemos caído en esta trampa más de una vez).

Ojeda explica que esta urgencia nos hace perder el control sobre las cantidades reales que ingerimos. El arroz es un carbohidrato de absorción rápida que, en exceso, se convierte en el enemigo número uno de nuestra glucosa sanguínea.

El acompañamiento que lo cambia todo

A menudo, la paella llega acompañada de entrantes que parecen inocuos, pero que esconden una carga calórica abrumadora. Las patatas fritas, el alioli o el pan son los sospechosos habituales que disparan el ticket energético de tu comida.

La clave que propone el experto es sencilla: no se trata de eliminar la paella, sino de rodearla de fibra. Comenzar la comida con una ensalada generosa o verduras a la plancha es la estrategia definitiva para domar el hambre voraz.

Al introducir fibra antes que el arroz, conseguimos que la absorción de los carbohidratos sea mucho más lenta. Esto evita que nuestro páncreas trabaje en exceso y, sobre todo, impide que esa energía sobrante se almacene como grasa en nuestro cuerpo.

La técnica de la moderación inteligente

¿Y qué pasa con el resto del día? Muchos cometen el error de no cenar absolutamente nada después de una comida copiosa. Ojeda desaconseja totalmente esta práctica porque genera un efecto de ansiedad por la comida al día siguiente.

Lo ideal es optar por una cena ligera, rica en proteínas y verduras, que ayude al cuerpo a estabilizarse. Saltarse comidas nunca es la solución; es simplemente postergar un atracón inevitable para la siguiente jornada.

Pablo Ojeda desvela la verdad

El factor social y el placer

No olvidemos que la paella es un acto social. El nutricionista insiste en que el componente emocional de disfrutar con amigos o familia también es parte de nuestra salud. Comer con estrés o culpa es, irónicamente, más perjudicial que comerse un plato de arroz extra.

La próxima vez que te sientes frente a esa paella, disfruta cada bocado. Si controlas el orden de los alimentos y evitas llegar al plato con un hambre desmesurada, tu peso no tiene por qué sufrir las consecuencias del domingo.

¿Realmente estamos dispuestos a privarnos de uno de los mejores momentos de la semana por un mal hábito fácilmente corregible? La solución está en tu mano, y es mucho más sencilla de lo que parece a simple vista.

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