La posibilidad de que Cataluña recupere algún sistema de pago por uso de las autopistas ha vuelto a poner los peajes en el centro del debate. Pero la realidad es que, a pesar de la desaparición de la mayoría de barreras en el año 2021, aún hay varias vías rápidas donde los conductores continúan pagando por circular. El 1 de septiembre de 2021 terminaron las concesiones de las autopistas AP-7, AP-2, C-33 y del tramo norte de la C-32. Esa decisión puso fin a un modelo muy criticado durante décadas, en el que Cataluña concentraba buena parte de los peajes del Estado. Desde entonces, millones de conductores pueden circular gratuitamente por estos corredores estratégicos.
Aun así, todavía hay cuatro infraestructuras que mantienen el pago porque continúan bajo régimen de concesión.
La principal es la C-32 entre Castelldefels, Sitges y el Vendrell, la única gran autopista de la costa catalana que todavía es de pago. El precio varía según el recorrido y el tipo de vehículo, pero un turismo que atraviesa el tramo principal paga 8,42 euros por trayecto.
También continúa siendo de pago la C-16 entre Sant Cugat del Vallès y Manresa, una de las principales vías de acceso al Bages. El costo para un turismo en el recorrido completo es de unos 9 euros, con diferentes tarifas según los accesos utilizados. Por lo tanto, el precio varía mucho según el recorrido.

A estas dos autopistas se deben añadir los Túneles de Vallvidrera, que conectan Barcelona con el Vallès. En este caso, el peaje es dinámico y varía según la hora del día, con importes que habitualmente oscilan entre los 4,70 y los 5,28 euros. Los usuarios habituales disponen de bonificaciones.
Finalmente, el Túnel del Cadí sigue siendo una de las infraestructuras más caras de la red catalana. El peaje para un turismo se acerca a los 15 euros por trayecto, aunque los residentes de la Cerdanya, el Berguedà y el Ripollès, así como otros colectivos, disponen de descuentos y, en algunos casos, de gratuidad.
Este mapa de peajes podría volver a cambiar en los próximos años. El Gobierno catalán estudia un modelo de pago por uso vinculado a los kilómetros recorridos, el tipo de vehículo y las emisiones contaminantes, una fórmula inspirada en varios países europeos. Si prospera, el sistema sería muy diferente de los peajes tradicionales, pero reabriría un debate que muchos conductores daban por cerrado.
