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Barcelona limitará el crecimiento de cruceros tras una década récord

Barcelona comenzará en 2026 a poner límites físicos al crecimiento de los cruceros después de una década de expansión casi ininterrumpida. El 30 de octubre hará la última escala la actual terminal C del muelle Adossat y el 31 de diciembre llegará el último crucero a la terminal Sur del World Trade Center. El cambio hará que el Puerto de Barcelona pase de siete terminales de cruceros a cinco, pero no implica una reducción directa de pasajeros, sino de la capacidad máxima del mapa portuario, pensado para reducir la concentración de turistas en los días de máxima actividad.

La decisión llega, precisamente, cuando los cruceros viven su mejor momento en Barcelona. En 2025 el Puerto registró 3,999 millones de pasajeros, un nuevo récord histórico y un 9,4% más que en 2024. Diez años antes, en 2015, había registrado 2,54 millones. El salto es del 57%, con casi 1,46 millones de pasajeros anuales más. Entre estos dos extremos ha habido el máximo previo a la pandemia, con 3,14 millones en 2019, el hundimiento de 2020 hasta solo 198.842 pasajeros y una posterior recuperación que ha llevado a Barcelona muy por encima de los niveles previos al Covid. En 2022 ya se superaron los 2,33 millones, en 2023 los 3,56 millones y en 2024 los 3,66 millones.

Barcelona cierra terminales cuando los cruceristas alcanzan su máximo histórico. Pero lo que cambia no es tanto la demanda como la manera de gestionarla. El Ayuntamiento de la capital y el Puerto han acordado concentrar la actividad en el muelle Adossat y reducir la capacidad de los picos de máxima afluencia, en un intento de limitar el impacto sobre la movilidad y el espacio urbano.

La actual reorganización de los cruceros tiene su origen en un acuerdo de 2018 rubricado entre la entonces alcaldesa de Barcelona, Ada Colau, y el presidente del Puerto de Barcelona, Sixte Cambra. Ese pacto ya fijaba un máximo de siete terminales y preveía concentrar toda la actividad crucerística en el muelle Adossat, alejándola del frente marítimo más próximo a la ciudad y liberando espacios de los muelles de Barcelona y Drassanes para el uso ciudadano. Aquel proyecto no establecía un límite a la capacidad de las terminales ni al número de cruceristas: de hecho, entre 2018 y 2024 el número de pasajeros creció un 20%. El cambio llega con Jaume Collboni en la alcaldía, quien en 2025 firmó con el Puerto un nuevo protocolo que iba más allá del acuerdo inicial: mantiene la concentración de las terminales en el Adossat, pero reduce de siete a cinco el número final de instalaciones y, por primera vez, pone un límite explícito a la capacidad simultánea de cruceristas. El mismo Collboni resumió el cambio afirmando que «por primera vez en la historia se pone límite al crecimiento de los cruceros en la ciudad» y que la política turística debía pasar por «establecer límites y gestionar mejor».

Un récord antes de comenzar el recorte

Las dos terminales que desaparecen tienen una capacidad conjunta de 5.200 pasajeros simultáneos. La actual terminal C puede gestionar hasta 3.800, mientras que la terminal Sur está dimensionada para 1.400. Pero esta cifra no se puede convertir en una previsión de 5.200 cruceristas menos al año ni siquiera en 5.200 menos cada día. La capacidad de una terminal indica cuántos pasajeros puede procesar al mismo tiempo, no el volumen anual que pasa por ella, de modo que una misma instalación puede recibir varios barcos a lo largo de una jornada y acumular cientos de escalas durante una temporada.

De hecho, en el caso de la terminal Sur, el Puerto prevé trasladar parte de la actividad hacia las instalaciones del muelle Adossat. Por eso, el cierre no equivale a la eliminación automática de los pasajeros que actualmente operan allí, sino a una redistribución de las escalas entre menos terminales. El cambio es especialmente visible en la capacidad máxima del conjunto: de los 37.000 pasajeros que pueden coincidir hoy en el sistema se pasará a 31.000, es decir, 6.000 menos y un 16% de recorte en la capacidad máxima.

La terminal C, además, no desaparecerá definitivamente. La actual instalación dejará de funcionar el 30 de octubre de 2026, pero será sustituida por una nueva terminal pública en el mismo ámbito, prevista para entrar en servicio en 2028. Y la nueva infraestructura será más grande: tendrá capacidad para 7.000 pasajeros simultáneos, frente a los 3.800 de la actual C. Esto significa que la sustitución de la terminal C, considerada de manera aislada, supondrá incluso un aumento de 3.200 plazas de capacidad simultánea. La reducción global del sistema llegará, sobre todo, por la desaparición de la terminal Sur y de la reorganización del resto de instalaciones.

Menos terminales, pero no menos cruceristas

El nuevo modelo quiere concentrar las terminales en el muelle Adossat y alejar la operativa más intensiva del frente marítimo más próximo al centro de Barcelona. La configuración prevista mantiene cuatro terminales privadas, D, E, G y H, e incorpora la nueva C como terminal pública. Esta última deberá priorizar los cruceros que tengan a Barcelona como puerto base y los barcos de menor dimensión, de acuerdo con la voluntad expresada por el Puerto y el Ayuntamiento de avanzar hacia un modelo con más retorno económico y menos presión sobre la ciudad.

El trasfondo de toda esta operación es una actividad que ha crecido mucho más que la capacidad urbana de absorber sus picos. En 2015 Barcelona recibía 2,54 millones de pasajeros de crucero; cuatro años después ya había superado los tres millones y en 2025 prácticamente ha llegado a los cuatro. La recuperación posterior a la pandemia ha sido especialmente intensa y ha llevado al puerto a alcanzar un volumen un 57% superior al de hace una década. En 2025, además, se registraron 895 llegadas de cruceros.

Es importante tener en cuenta que los casi cuatro millones de pasajeros del balance portuario no equivalen a cuatro millones de personas diferentes que hayan visitado Barcelona. Las estadísticas del Puerto contabilizan movimientos de pasajeros e incluyen diferentes tipos de operaciones, mientras que las estadísticas turísticas calculan los visitantes que efectivamente entran en la ciudad. En 2024, por ejemplo, frente a los 3,66 millones de movimientos registrados por el Puerto, el Observatorio del Turismo de Barcelona estimaba que unos 2,2 millones de visitantes de crucero habían visitado la ciudad. Esta distinción es clave para entender el cambio de modelo. Barcelona no está decidiendo que quiere pasar de cuatro millones de cruceristas a menos de cuatro millones. Lo que está haciendo es reducir la capacidad del sistema para concentrar pasajeros al mismo tiempo.

El calendario concentra el cambio en pocos meses: el 30 de octubre de 2026 dejará de funcionar la actual terminal C y el 31 de diciembre hará la última escala la terminal Sur. Barcelona cerrará el año de su récord histórico con dos terminales menos e iniciará una nueva etapa en la que el crecimiento de los cruceros ya no se traducirá necesariamente en más capacidad portuaria. Barcelona no renuncia a los cruceros, pero pone un techo más bajo a su capacidad de concentración.

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