El levantamiento de las sanciones de Estados Unidos contra los combustibles rusos ha abierto la puerta a una nueva ‘discusión’ entre Estados Unidos y la Unión Europea. Los organismos comunitarios han cerrado la puerta a reabrir la importación de combustibles rusos -suspendida a raíz de la guerra en Ucrania- a pesar de la postura de Estados Unidos. Bruselas ha vuelto a rechazar la importación de la energía rusa, tal como ha afirmado el comisario europeo de Energía, Dan Jørgensen, antes de la reunión del Consejo de Ministros de Energía de la Unión Europea (UE), en declaraciones recogidas por la ACN. Jørgensen ha señalado que el ejecutivo comunitario prohibió la importación de gas ruso después del estallido de la guerra en Ucrania y que desde las instituciones europeas se está trabajando para poder bloquear la compra de los combustibles rusos para evitar un ‘financiamiento’ de la guerra del Kremlin contra el régimen de Kiev.
«Es extremadamente importante que sigamos en esta línea. No podemos ayudar indirectamente a financiar la guerra ilegal rusa. Durante mucho tiempo hemos dependido de la energía de Rusia, lo que ha posibilitado que Putin nos chantajeara y utilizara la energía como arma contra nosotros», ha enfatizado Jørgensen. En paralelo, los ministros de Energía de los países comunitarios se reunirán este lunes para evaluar posibles acciones para evitar una escalada descontrolada de los precios de los combustibles y la energía derivada de la guerra en Irán.
El Estado español apuesta por mantener la presión sobre Rusia
Quien también se ha pronunciado sobre volver a importar gas y petróleo ruso ha sido el ministro de Asuntos Exteriores, Unión Europea y Cooperación del gobierno español, José Manuel Albares, quien ha asegurado que relajar la presión comunitaria sobre Rusia es «un error». Según Albares «las guerras se conectan» y asegura que «no es el momento de relajar la presión sobre Rusia» por la guerra en Irán y el bloqueo del tránsito del petróleo y el gas por el estrecho de Ormuz.

El ministro español ha pedido que «la diplomacia europea y la voz de la diplomacia europea debe sentirse con fuerza» y que, además, esta voz, debe ser «independiente, soberana, una voz que introduzca razón, diplomacia, diálogo y negociación».


