La economía catalana mantendrá el crecimiento en 2026, con una previsión de aumento del producto interior bruto (PIB) del 2,6%, según las estimaciones del Gobierno de la Generalitat. Las perspectivas positivas conviven, sin embargo, con un escenario internacional incierto, marcado por el encarecimiento de la energía y el riesgo de que el aumento de los costos termine afectando la competitividad de las empresas, la inversión y el consumo.
La evolución de los precios energéticos es una de las principales variables que habrá que seguir durante los próximos meses. El encarecimiento de la electricidad, el gas y los carburantes incrementa los gastos de producción y transporte y puede reducir los márgenes de las compañías, especialmente en las actividades industriales con un consumo energético elevado. Las empresas deben enfrentar el dilema de absorber estos incrementos, con el consiguiente impacto sobre la rentabilidad, o trasladarlos a los precios finales.
Esta presión puede ser especialmente difícil de asumir para las pequeñas y medianas empresas, que disponen de menos margen financiero para amortiguar aumentos repentinos de los costos. Si el encarecimiento se prolonga, también puede condicionar las decisiones de inversión y limitar la capacidad de las compañías para ganar competitividad en los mercados internacionales.

El consumo y la inversión, claves para mantener el dinamismo
La demanda interna será uno de los factores determinantes para sostener la actividad económica. La evolución del empleo y de la renta disponible de las familias influirá en el consumo, mientras que las condiciones de financiación y las expectativas empresariales condicionarán el ritmo de la inversión. La capacidad de las empresas para continuar modernizando las instalaciones, digitalizando procesos y mejorando la eficiencia energética será relevante para afrontar el actual escenario. Estas inversiones pueden reducir la exposición a las fluctuaciones de los precios y reforzar la productividad, aunque la incertidumbre puede llevar a algunas compañías a posponer proyectos hasta que haya más visibilidad sobre la evolución de los costos.
El sector exterior también tendrá un papel importante. Las tensiones comerciales, la situación de los principales mercados internacionales y el encarecimiento del transporte pueden condicionar la evolución de las exportaciones catalanas. En este contexto, mantener la capacidad competitiva será esencial para sostener la actividad de las empresas exportadoras.
Un crecimiento expuesto a los riesgos externos
La previsión del 2,6% dibuja un escenario de crecimiento para la economía catalana, pero no elimina los riesgos que planean sobre la actividad. La duración del encarecimiento energético será determinante para establecer su alcance: un incremento temporal de los precios puede ser asumible para una parte del tejido empresarial, mientras que una situación prolongada puede presionar la rentabilidad, alimentar las tensiones inflacionistas y frenar las decisiones de consumo e inversión. El reto para la economía catalana será mantener el dinamismo sin perder competitividad en un entorno internacional volátil. La evolución de los costos energéticos, la fortaleza de la demanda y la capacidad inversora de las empresas marcarán el recorrido de la actividad durante los próximos meses.
