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Holaluz: de símbolo catalán de la energía verde a víctima de la crisis energética

Cuando Holaluz salió a bolsa en 2019, se presentaba como una de las grandes historias de éxito de la nueva economía catalana. Fundada en Barcelona en 2010 por Carlota Pi, Oriol Vila y Ferran Nogué tras coincidir en el IESE, la compañía nació con la voluntad de transformar el mercado energético español a partir de un modelo basado en las energías renovables, el autoconsumo y la digitalización. Desde sus inicios vinculados a Barcelona Activa, la empresa consiguió hacerse un lugar en un sector dominado por las grandes eléctricas y se convirtió en una de las marcas más reconocidas de la transición energética.

Siete años después de su salida a bolsa, la compañía afronta el momento más delicado de su historia. El Ministerio para la Transición Ecológica ha iniciado formalmente el procedimiento para extinguir su habilitación como comercializadora de electricidad, un paso que podría acabar comportando la retirada de la licencia para operar en el mercado eléctrico español. Paralelamente, el gobierno español ha activado los mecanismos previstos para que, en caso de que la inhabilitación se haga efectiva, los clientes sean transferidos a comercializadoras de referencia.

la compañía nació con la voluntad de transformar el mercado energético español a partir de un modelo basado en las energías renovables PIXABAY / ARTURO ANEZ

La resolución, adoptada por la Dirección General de Política Energética y Minas, concede a Holaluz un plazo de diez días hábiles para presentar alegaciones. Aunque el ministerio no ha detallado públicamente los motivos concretos del expediente, diversas informaciones apuntan a posibles incumplimientos de obligaciones reguladoras exigidas a las comercializadoras eléctricas. En un comunicado firmado por su cofundadora y presidenta ejecutiva, Carlota Pi, defiende que se trata de un «procedimiento administrativo» y asegura que la actividad continúa desarrollándose con normalidad. Holaluz sostiene que el suministro a sus clientes está garantizado y que trabaja para resolver la situación dentro de los plazos establecidos.

El impacto de la crisis energética

El expediente llega tras varios años de dificultades financieras. El modelo de negocio de Holaluz quedó fuertemente expuesto a la crisis energética desencadenada después de la pandemia y agravada por la invasión rusa de Ucrania. La escalada de los precios de la electricidad en los mercados mayoristas puso bajo una gran presión a las comercializadoras independientes, obligadas a aportar más garantías financieras y a gestionar una volatilidad sin precedentes.

En este contexto, la compañía catalana comenzó a sufrir tensiones de tesorería en un momento en que también necesitaba recursos para continuar desplegando su proyecto estrella: convertir miles de hogares en pequeños productores de energía solar. Paralelamente, el mercado de el autoconsumo fotovoltaico se enfrió después de los años de expansión acelerada.

Las dificultades se reflejaron en las cuentas: en 2025, Holaluz registró unas pérdidas de 22,2 millones de euros, aunque las redujo respecto al ejercicio anterior. Los ingresos cayeron un 41%, pasando de 271 millones a 158,9 millones de euros, y también se produjo una fuerte reducción de plantilla, que pasó de 292 trabajadores a 167 en solo un año. La cartera de clientes también se redujo significativamente, situándose alrededor de los 221.000 contratos activos, lejos de las expectativas de crecimiento que la compañía había proyectado durante los años de máxima expansión.

La reestructuración y la entrada de Icosium

Ante esta situación, Holaluz impulsó una profunda reestructuración financiera destinada a garantizar su continuidad. La operación culminó con la entrada del fondo francés Icosium como accionista de referencia a través de un préstamo convertible que permitió inyectar liquidez y estabilizar temporalmente la situación financiera. La empresa también adoptó medidas de reducción de costos, replanteó algunas líneas de negocio y priorizó la recuperación de la rentabilidad. Durante la crisis abandonó la comercialización de gas para reducir riesgos, aunque posteriormente había anunciado su intención de volver a este mercado.

A pesar de estos esfuerzos, la recuperación no ha sido suficiente para disipar las dudas sobre su situación financiera ni para recuperar la confianza que había despertado entre los inversores durante sus primeros años.

Un caso que va más allá de Holaluz

La situación de Holaluz es especialmente significativa porque la compañía se había convertido en uno de los grandes símbolos de la transición energética en Cataluña y en todo el Estado. Su modelo, basado en la energía verde, el autoconsumo y la descentralización de la producción energética, fue visto durante años como una alternativa innovadora al dominio de las grandes eléctricas.

Pero la apertura del expediente de inhabilitación supone un golpe reputacional de gran magnitud y evidencia las dificultades que han afrontado muchas comercializadoras independientes en un contexto de fuerte volatilidad energética, mayores exigencias regulatorias y necesidad creciente de músculo financiero. Ahora la pelota está en el tejado de la compañía. Las alegaciones que presente durante los próximos días serán determinantes para saber si conserva la autorización para operar o si acaba consumándose el desenlace más delicado para una empresa que, hace solo unos años, se dibujaba como una de las grandes promesas de la revolución energética verde surgidas de Barcelona.

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