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Beneficios récord en tiempos de crisis: ¿qué sucede en el sector energético?

Las grandes compañías energéticas españolas continúan mostrando una notable capacidad para generar beneficios en un contexto de profunda transformación del sector. Iberdrola ha cerrado el primer semestre con un beneficio de 4.336 millones de euros, un 22% más que el año anterior, impulsada principalmente por el negocio de redes. Naturgy ha registrado un beneficio récord de 1.215 millones, un 5,9% más, gracias a la fortaleza del negocio gasista y de las actividades reguladas. Enagás ha presentado una evolución menos favorable, con un beneficio de 126,9 millones de euros, un 27,9% inferior al del mismo periodo del año pasado, aunque mantiene sus previsiones anuales.

Más allá de las diferencias entre compañías, los resultados confirman una tendencia de fondo: las grandes energéticas obtienen cada vez una parte más importante de sus ingresos de negocios vinculados a las infraestructuras, las redes y la transición energética. A primera vista, los resultados parecen contradictorios en un contexto marcado durante los últimos años por la crisis energética, la volatilidad de los mercados y el encarecimiento de los suministros. Pero la realidad es que el modelo de negocio del sector ha cambiado profundamente y hoy los beneficios dependen de factores muy diferentes a los que predominaban hace una década.

Cuando Europa entró en la crisis energética desencadenada por la invasión rusa de Ucrania en el año 2022, muchos analistas pronosticaron años de incertidumbre para el sector. El encarecimiento del gas, la volatilidad de los mercados y la necesidad de acelerar la descarbonización parecían dibujar un escenario complejo para las grandes energéticas. Pero cuatro años después, la realidad es más matizada: las principales empresas del sector continúan generando beneficios multimillonarios en plena transformación energética, aunque por motivos muy diferentes a los que predominaban hace una década.

Cuatro grandes áreas de negocio sostienen los beneficios

La principal razón es que si tradicionalmente los beneficios dependían sobre todo de la producción y comercialización de electricidad o gas, hoy una parte creciente de los ingresos procede de cuatro grandes áreas de negocio que se han convertido en los verdaderos motores del sector.

La primera son las redes reguladas de transporte y distribución. Es probablemente el negocio menos visible para el consumidor, pero también uno de los más rentables y estables. A medida que aumenta el consumo eléctrico y se conectan nuevas instalaciones renovables, las redes necesitan más inversiones. Estas infraestructuras tienen una remuneración regulada por los estados, lo que garantiza ingresos recurrentes y relativamente previsibles. Iberdrola es uno de los ejemplos más claros de esta tendencia: una parte importante del crecimiento de sus beneficios proviene precisamente de las redes que opera en el Reino Unido, Estados Unidos y Brasil.

La segunda gran fuente de negocio son las energías renovables. Durante años se percibieron como una apuesta de futuro con retornos inciertos, pero hoy ya forman parte del núcleo del negocio energético. Parques eólicos, instalaciones solares, centrales hidroeléctricas y sistemas de almacenamiento generan electricidad con costos operativos relativamente bajos una vez construidos. Además, la demanda de electricidad limpia continúa creciendo tanto por parte de las empresas como de las administraciones públicas.

La tercera fuente de beneficios es el gas, que sigue siendo imprescindible. A pesar del avance de las renovables, el sistema energético europeo aún necesita centrales capaces de producir electricidad cuando no sopla el viento o no hay suficiente radiación solar. Las centrales de ciclo combinado mantienen un papel clave para garantizar la estabilidad del sistema. Este factor ayuda a explicar los buenos resultados de Naturgy, beneficiada tanto por la evolución de los mercados gasistas como por la importancia estratégica que sigue teniendo este combustible durante la transición energética.

La cuarta gran transformación es la aparición de nuevos servicios energéticos. Las grandes compañías ya no se limitan a vender electricidad o gas. Cada vez ofrecen más servicios vinculados a la eficiencia energética, el autoconsumo, la instalación de placas solares, la movilidad eléctrica, la gestión inteligente de la demanda o el almacenamiento energético. Es un mercado aún emergente, pero con un potencial de crecimiento considerable a medida que hogares y empresas electrifican una parte más grande de sus actividades.

las energéticas continúan aumentando sus ganancias en plena transformación del modelo energético PIXABAY

Todo esto coincide con una tendencia de fondo que refuerza estos cuatro negocios: el consumo eléctrico continúa aumentando. La digitalización de la economía, los centros de datos, la inteligencia artificial, el vehículo eléctrico y la sustitución progresiva de los combustibles fósiles implican una demanda creciente de electricidad y, por tanto, más necesidad de redes, infraestructuras e inversiones.

La lucha por el control de las infraestructuras, clave

Los resultados presentados esta semana reflejan precisamente esta transformación. Iberdrola ha impulsado los beneficios gracias al peso creciente de sus redes reguladas y de las inversiones en infraestructuras. Naturgy ha aprovechado la fortaleza del negocio gasista y de las actividades reguladas. Enagás, a pesar de registrar una evolución más moderada, sigue ocupando una posición estratégica gracias al control de infraestructuras esenciales para el sistema energético.

La crisis energética no ha frenado a las grandes empresas del sector, de hecho, ha acelerado su transformación. La necesidad de reforzar las redes, desplegar renovables, garantizar el suministro de gas y electrificar la economía genera nuevas oportunidades de negocio para las compañías que controlan estas infraestructuras. Y de hecho, la gran batalla económica del sector se libra hoy en otro terreno: el control de las redes, las infraestructuras y los servicios que harán posible la economía electrificada de las próximas décadas.

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