MónEconomia
La condonación de la deuda catalana queda en manos de las mayorías del 29-N en Madrid

El endeudamiento de la Generalitat es una de las consecuencias más visibles de los desequilibrios acumulados por el sistema de régimen común de financiación español, pero la solución política que se había puesto sobre la mesa tampoco cerraba todas las costuras abiertas de las finanzas catalanas. La condonación parcial de la deuda de las comunidades autónomas debía permitir que el Estado asumiera 17.104 millones de euros del pasivo catalán vinculado al Fondo de Liquidez Autonómica (FLA). Pero el adelanto electoral ha dejado la iniciativa sin recorrido en esta legislatura y traslada la decisión al nuevo Congreso. Para la Generalitat, esto significa que el alivio financiero previsto no se materializará por el momento; para los partidos catalanes, abre una nueva disputa sobre el alcance del acuerdo, su cumplimiento y las condiciones que debería tener una eventual recuperación de la medida.

La propuesta nació del acuerdo entre ERC y el PSOE, en el marco de las negociaciones políticas que han sostenido la legislatura de Pedro Sánchez. En febrero de 2025, Oriol Junqueras anunció que el Estado asumiría 17.104 millones de euros de la deuda catalana con el FLA y, posteriormente, el gobierno español extendió la iniciativa al conjunto de gobiernos de régimen común, con una asunción prevista de hasta 83.252 millones de euros. Cataluña tenía asignada la segunda cantidad más elevada, por detrás de Andalucía, con 18.791 millones.

La iniciativa superó el primer obstáculo parlamentario en julio de 2026, cuando el Congreso rechazó las enmiendas a la totalidad del PP y Vox. Junts permitió que la tramitación continuara, advirtiendo que quería introducir mejoras. Pero el proyecto no ha culminado el recorrido legislativo antes de la disolución de las Cortes. Para que la condonación se pueda aplicar, será necesario retomar la iniciativa en la próxima legislatura y reunir los apoyos necesarios después del 29-N.

El Govern celebra un Consell Executiu al Palau de la Generalitat. Autor: Enric Sitjà Rusiñol / ACN

Una quita que no equivale a ingresos nuevos

En cualquier caso, la Generalitat no debía recibir ese dinero en efectivo ni disponer de nueva financiación para ampliar directamente el gasto público. El mecanismo preveía que el Estado asumiera una parte del pasivo que Cataluña mantiene con el FLA, reduciendo así la deuda contabilizada a cargo de la administración catalana. La operación podía aliviar la carga financiera y mejorar algunos indicadores de las cuentas de la Generalitat, pero no generaba por sí misma nuevos ingresos tributarios ni modificaba el sistema de financiación.

La consejera de Economía, Alícia Romero, había estimado que la medida podría representar un ahorro de unos 250 millones de euros anuales en intereses. Con la tramitación interrumpida, este alivio no se puede dar por hecho y la Generalitat tendrá que seguir gestionando las obligaciones de deuda vigentes. La cantidad que eventualmente se ahorre dependerá de las condiciones definitivas de aplicación de la quita y de la evolución del pasivo.

Por otro lado, el ahorro financiero no debe confundirse con una bolsa de recursos que el Gobierno pueda destinar libremente a nuevas políticas sociales. El diseño de la medida preveía limitar el uso del ahorro para evitar que la operación se tradujera en un incremento del gasto sujeto a las reglas fiscales. Por lo tanto, la condonación podía mejorar la posición financiera de la Generalitat y reducir el peso de la deuda, pero no equivalía a una transferencia directa para ampliar presupuestos de salud, educación o servicios sociales. La distinción es importante, porque el debate político ha tendido a presentar la quita como un beneficio inmediato para las finanzas catalanas. El su efecto principal era patrimonial y financiero: reducir el pasivo de la Generalitat y aliviar su coste. No resolvía, en cambio, la cuestión de fondo sobre si los ingresos de que dispone Cataluña son suficientes para financiar las competencias que tiene asumidas.

El presidente de ERC, Oriol Junqueras, artífice del acuerdo con el PSOE para condonar parte de la deuda de la Generalitat. Autor: Nazaret Romero / ACN

Una bandera de ERC

Para ERC, la condonación se ha convertido en uno de los compromisos más destacados de la negociación con el PSOE. Los republicanos pueden reivindicar haber situado la asunción de una parte de la deuda catalana en la agenda estatal y haber conseguido que el proyecto avanzara en el Congreso. Pero, mientras no haya una ley aprobada, el resultado continúa siendo un acuerdo político pendiente de ejecución. La disolución de las Cortes impide que la Generalitat incorpore la reducción del pasivo a sus cuentas en los términos previstos y obliga a los republicanos a volver a negociar su futuro.

El bloqueo también pone de relieve los límites de una estrategia basada en acuerdos parlamentarios que necesitan el apoyo de diversas fuerzas y que pueden quedar interrumpidos por un cambio de calendario electoral. El compromiso entre ERC y el PSOE no garantiza por sí solo que la quita se apruebe en la próxima legislatura, ni que lo haga con las mismas condiciones. La continuidad de la medida dependerá de la composición del Congreso, de la voluntad del futuro gobierno español y de las demandas que planteen los grupos que tengan capacidad de condicionar su aprobación. Para el PSC, la situación también deja pendiente una de las medidas económicas que el gobierno español defendía y que debía contribuir a mejorar la posición financiera de la Generalitat. El Gobierno de Salvador Illa tendrá que seguir trabajando con la deuda existente mientras no se retome la iniciativa.

La portavoz de Junts en el Congreso de los Diputados, Míriam Nogueras / EP
La portavoz de Junts en el Congreso de los Diputados, Míriam Nogueras / EP

Junts reclama el 100% de la deuda del FLA

La posición de Junts introduce una discrepancia de fondo sobre el alcance del acuerdo. La formación de Carles Puigdemont criticó inicialmente la propuesta porque consideraba insuficiente la cantidad asignada a Cataluña y cuestionaba que la quita se extendiera al conjunto de las comunidades de régimen común. Junts defiende que la Generalitat debería aspirar a una condonación del 100% de la deuda con el FLA, muy por encima de los 17.104 millones pactados entre ERC y el PSOE. El partido permitió que la iniciativa continuara la tramitación parlamentaria en julio de 2026, pero dejó claro que quería introducir mejoras y ampliar la cantidad asignada a Cataluña. Su posición respondía al objetivo de negociar una quita más elevada. Junts también ha insistido en que la condonación del FLA y la reforma del sistema de financiación son dos cuestiones diferentes y que una no puede sustituir a la otra.

En todo caso, la discrepancia entre ERC y Junts va más allá de la cantidad. Los republicanos defienden un acuerdo que ya habían negociado con el PSOE y que preveía un beneficio concreto para la Generalitat; Junts considera que la propuesta es insuficiente y que no reconoce suficientemente las particularidades catalanas. Con la tramitación interrumpida, ninguna de las dos posiciones se ha traducido en una reducción efectiva de la deuda. El debate vuelve a quedar pendiente de la nueva aritmética parlamentaria y de la capacidad de cada partido para condicionar una eventual ley en el Congreso que surja de las urnas del 29-N.

El reparto territorial no cierra el debate

La extensión de la condonación al resto de territorios ha sido otro de los puntos controvertidos. La propuesta preveía que el Estado asumiera hasta 83.252 millones de euros de deuda autonómica, con importes diferentes según los criterios de cálculo. Andalucía era la comunidad con la quita más elevada, con 18.791 millones de euros; Cataluña, con 17.104 millones, se situaba en segundo lugar, seguida de la Comunidad Valenciana, con 11.210 millones.

El PP y Vox se opusieron a la iniciativa con argumentos relacionados con el coste para el conjunto del Estado, la responsabilidad financiera de las administraciones y el reparto territorial. Junts, desde una perspectiva diferente, denunció que la fórmula general no reconocía suficientemente las particularidades catalanas. El debate no se limita a decidir si se debe condonar deuda, sino que afecta también a qué criterios se deben utilizar, qué parte debe asumir el Estado y cómo se debe evitar que una quita puntual se convierta en un precedente sin cambios en el sistema de financiación.

El presidente del gobierno español, Pedro Sánchez, en el Congreso de los Diputados. Autor: Javier Barbancho / ACN

La operación quería aliviar parte del endeudamiento acumulado por los gobiernos territoriales, que creció durante la crisis financiera y los años posteriores, en parte a través de los mecanismos extraordinarios de liquidez del Estado. Pero la gran carpeta financiera continúa abierta: una reducción del pasivo no resuelve los desequilibrios entre los recursos disponibles y las obligaciones de gasto de la Generalitat. El adelanto electoral traslada estas decisiones a la próxima legislatura. El futuro gobierno español deberá decidir si recupera el proyecto, si mantiene las cantidades previstas o si abre una nueva negociación. ERC deberá defender el compromiso que pactó, Junts intentará ampliar su alcance y el PSC deberá gestionar el impacto del aplazamiento sobre las finanzas de la Generalitat.

Nou comentari

Comparteix

Icona de pantalla completa