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Fermí Rubiralta ha dedicado toda una larga vida de investigación a los movimientos y las convulsiones independentistas catalanas. En 1985 se doctoró en Ciencias Políticas en la Universidad del País Vasco y allí hizo nido académico. Ha desgranado el presente y ha despejado el pasado del independentismo. Desde los orígenes en Cuba, pasando por Daniel Cardona y Miquel Badia, hasta el PSAN y Esquerra Republicana. De las armas a las urnas. Sabe mucho, quizás lo sabe todo, y cuando habla parece que recoge cerezas y todo toma un aire de articulación resuelta. Si vislumbra el futuro es categórico: el tsunami volverá porque las causas objetivas que lo alimentan se mantienen. Algo ha cambiado ahora, sin embargo. Algo que puede angustiar, porque “lo que está en juego ahora es la pervivencia de la nación catalana misma”.

Toda una vida académica dedicada a estudiar el independentismo. ¿Qué conclusiones ha sacado?
Hay una frase que dice que detrás de cada catalán hay un separatista en potencia. En Madrid afirman que todos los catalanes son separatistas. Esa es su impresión en el fondo. Eso pensaban de Jordi Pujol, que hasta los últimos años no se declaró abiertamente independentista. Antes no se había declarado nunca de manera consciente, aunque creo que Jordi Pujol hizo mucho más por el independentismo que mucha gente que se proclama abiertamente.

La historia del catalanismo desde que comienza a articularse políticamente a finales del siglo XIX es, una tras otra, una serie de propuestas. Josep Maria Solé i Sabaté da la cantidad exacta. Y una tras otra son rechazadas. A comienzos del siglo XXI, a raíz del Estatuto de Miravet, el catalanismo se da cuenta de que había hecho tantas propuestas, y nos habían engañado tantas veces, que eso ya no valía. Si yo te hago una propuesta para vivir contigo y tú me la rechazas día tras día, no tengo otra salida que la de irme. Esta es la historia del catalanismo. Por eso el independentismo, por la represión o por esta situación, siempre ha vivido a la sombra del catalanismo.

En el independentismo hay una historia, que dura décadas, minoritaria y otra, de hace poco, que abarca a mucha más gente…
El independentismo, por culpa de la represión y por culpa del contexto internacional, hasta los años ochenta, que es cuando se ha podido expresar libremente, había optado más por la ruptura, por la insurrección, que no por la pedagogía de la independencia. Los independentistas ya daban por hecho que los catalanes ya querían la independencia y que, por tanto, solo hacía falta llevarla adelante. Y la única manera de hacerlo era mediante una insurrección más o menos armada. En cambio, a partir de los años 80, cuando se abre la posibilidad de dar cuenta de esta alternativa, se ha hecho pedagogía. A partir de ese momento no es solo algo que sale del corazón, sino que se puede defender con las ideas. Es decir, los Países Catalanes, la nación catalana, podrán desarrollarse mucho mejor con la independencia, económicamente, políticamente, culturalmente, que no continuando ligada más o menos al Estado español o al Estado francés.

El independentismo de comienzo del siglo XX siempre había sido insurreccional. A menudo se basaba en el modelo irlandés. El actual durante el Proceso ha sido todo paz y amor, ni un papel en el suelo… “La revolución de las sonrisas”, decían…
Políticamente, todas las alternativas que había antes de la guerra, hasta la desaparición en los años 60 y 70 de la alternativa tercermundista, que también tuvo su momento de gloria en aquellos años, se montaban de esta manera. Toda la política se montaba de esta manera. El independentismo catalán era insurreccional, pero también lo era la extrema derecha, la extrema izquierda, el socialismo y el comunismo. Menos algunas alternativas digamos de orden, que también recurrían en última instancia a las armas. Y pienso en la Lliga de Cambó, por ejemplo. La política se hacía de esta manera. Cualquier cambio revolucionario se entendía siempre por medio de las armas. El principal cambio del independentismo histórico al actual, de las dos últimas décadas, es el cambio de las armas por las urnas. Para concretarlo en dos arquetipos.

Ni armas ni urnas.
¿Ni armas ni urnas?

Ni funcionaron las armas ni han funcionado las urnas.
Bien. Cuando digo urnas me refiero evidentemente al movimiento de desobediencia civil, movimiento teóricamente democrático. Creo que el 1 de octubre ha sido en la Europa occidental el movimiento antisistema o para cambiar cosas de este sistema más importante desde Mayo del 68. Y además, el que ha sido articulado políticamente de una manera más clara. Porque Mayo del 68 fue un batiburrillo ideológico, mientras que la hoja de ruta ideológica del 1 de octubre al menos era concreta y clara.

Otra cosa serían las alternativas políticas concretas. Un movimiento nacional siempre es interclasista. Quien lo olvide pierde toda la visión del tema. El 1 de octubre fue precisamente un modelo revolucionario, en el sentido del siglo XXI no del siglo XIX, de cambio real. Eso asustó mucho a las instituciones europeas a la hora de darle un apoyo práctico. Veían que eso era una muestra de cómo se podía hacer un cambio importante en nuestras sociedades. Es decir, la desobediencia civil, la estrategia no de las armas, sino una estrategia adaptada a la nueva situación.

¿Hace usted una lectura positiva? ¿Todo tuvo un sentido? ¿Sirvió para algo?
Evidentemente. Hay una catarsis social y general del catalanismo. Estoy convencido de que la gente cuando el 1 de octubre iba a votar –y a votar mayoritariamente independencia– estaba convencida de que esa era la única solución para cambiar muchas cosas.

Pero no solucionó ninguna. Estamos donde estábamos.
No solucionó ninguna porque no se llevó adelante, pero ahora la gente tiene claro que la independencia es la única solución. Y de hecho, aunque ya es un mantra repetido, ninguno de los independentistas de entonces ha dejado de serlo.

¿Eso usted se lo cree?
Sí.

Conozco muchos independentistas que han pasado a la reserva de la indiferencia o el escepticismo. Hay mucha gente también, más tibia, que se apuntó a lo que creían una ilusión y que ahora la han descartado totalmente…
Esta es la gente que se apunta a una ola cuando avanza.

Pueden ser muchos.
Porque vivimos en unas sociedades muy desmovilizadas políticamente. No podemos pretender que todos estén movilizados políticamente. Toda esta gente cuando vuelva a avanzar la ola se apuntarán. Estoy convencido de que volverá a formarse este tsunami que se creó aquellos años. De diferente manera, evidentemente. Y esta gente volverá a hacerse independentista. Porque en el fondo las causas objetivas continúan manteniéndose.

El estado no ha cambiado la actitud. Quizás incluso la ha empeorado… Y la puede empeorar mucho más…
Hay tres factores que precipitaron aquel movimiento: una crisis económica, una crisis institucional y una crisis política. El catalanismo entendió que lo que está en juego es la pervivencia de la nación catalana misma. Y ahora la gente está mucho más concienciada incluso que hace diez años. Actualmente cualquier catalanista de verdad, no de estos que utilizan la carta del catalanismo para hacer carrera propia individual, es independentista. No hay espacio para un catalanismo no independentista. El catalanismo no independentista es el que se ve en la Cataluña Norte, por ejemplo. El de la butifarra y las judías, la barretina y poco más. Pero eso no es catalanismo político, es un catalanismo folclórico.

¿El PSC es catalanista? ¿Todavía tiene catalanistas?
Yo creo que ya no están. El gran cambio, el gran tsunami, fue precisamente los catalanistas que había en estos dos sectores de alternativa autonomista. De un lado, la gente que votaba en general Convergència i Unió, y del otro, la que votaba socialista. Como mucha gente que votaba Iniciativa con todas sus variantes, ahora Comuns, antes PSUC. Los que eran realmente catalanistas dieron el paso hacia el independentismo.

En el caso de Catalunya Sí que es Pot, aquella patética aparición el día 7 de septiembre de 2017 en el Parlamento enseñando la papeleta con el no… Con Joan Coscubiela aplaudido por los sectores más retrógrados del anticatalanismo… Aquello dejó bien clara esta separación. De hecho, este espacio se rompió en dos corrientes. La gente que era realmente catalanista votó independencia y la que no lo era se quedó en la trinchera españolista.

«¿Catalanistas en el PSC? Yo creo que ya no están» / Anna Munujos

Pero todos los partidos han vuelto al autonomismo. Todos los partidos que se dicen independentistas: Esquerra, Junts y la CUP.
Es una desorientación estratégica. No saben qué camino tomar para volver a rearmarse. Aunque ahora, si volviéramos a organizar un 1 de octubre, ya tenemos claras varias cosas que habría que hacer para sacar la cabeza. Ocupar el país, fiarnos menos de Europa, no confiar en la pretendida democratización del Estado español… Desde el 1 de octubre somos muy conscientes.

Quizás convendría que la gente no se fiara tampoco de sus líderes…
Eso pasará cuando esta generación que protagonizó el 1 de octubre se aparte y surja otra. De hecho, ya está surgiendo. El independentismo está intentando renovarse ideológicamente. Otra cosa es que las alternativas no sean posiblemente las que nos llevarán allí. Pero, habiendo unas razones profundas que justifican esta opción, el tema seguirá adelante.

¿Cataluña será independiente?
Independiente en los términos que sean en el momento en que ocurra, sí. No es igual la independencia en 2017 que la de ahora o que la de hace cien años. Las cosas van modificándose. Seremos dueños de nuestra soberanía hasta el punto que sea posible ser dueños de la propia soberanía en ese momento.

No hemos hablado del partido independentista que ahora destaca con fuerza. ¿Qué es Aliança Catalana? ¿Es extrema derecha?
No es fascismo. El fascismo es un movimiento concreto de las décadas de 1920, 1930 y una parte de 1940. ¿Extrema derecha? En algunas cosas, sí, y en otras, no. ¿Genéricamente podríamos decir que es eso? Sí. Pero las etiquetas no nos sirven de mucho. En este sentido, nos pueden perjudicar para entender este movimiento.

¿Quién difunde esta etiqueta políticamente lo hace de manera interesada, instrumentalista?
Muchas veces, sí. Dar palos a este muñeco resulta muy interesante desde muchas posiciones del españolismo. A la hora de menospreciar, de atacar lo que es el independentismo, se utiliza muchas veces. Como se utiliza Junts. Es una catalanofobia muy clara. En cuanto a Aliança, en muchos aspectos también funciona esta catalanofobia. Aunque Sílvia Orriols es una cardonista [de Daniel Cardona] de pura cepa, Aliança Catalana aporta una ruptura en muchos de los planteamientos del independentismo histórico que no había aportado el independentismo del Proceso, por ejemplo.

¿En qué puntos concretos?
En el tema del progresismo social y económico. El independentismo históricamente, aunque solo sea por oposición al españolismo, que ha abrazado las posiciones más derechistas y más ultraconservadoras, siempre ha ocupado la franja más progresista. Y eso lo rompe directamente Aliança Catalana. Hay un elemento que no se ha tenido en cuenta lo suficiente al analizar este partido. Cuando hablamos de fascismo, cuando hablamos de nazismo, de los años veinte y treinta, su programa económico es un programa de estatalización. Un estado muy fuerte que controla la economía directamente. Hay muchas pruebas. CAMPSA o Telefónica nacen en un momento de dictadura de extrema derecha en el Estado español. La misma posición del primer franquismo, sobre todo, es una intervención económica muy fuerte. Mientras que ahora Aliança Catalana se alimenta de las posiciones del ultraliberalismo del capitalismo. Como todos estos movimientos, que lo que hacen es justificar un ultraliberalismo a ultranza.

Sus críticos más declarados dicen que se acabarán entendiendo con VOX…
Abiertamente, no. Pero, tácitamente, como ya se ha visto alguna vez, sí. Porque el programa económico es igual o es muy similar. Cargarse el estado de bienestar es uno de los puntos principales de Aliança Catalana, ¿no?

Retrocedamos en el tiempo. De ahora hasta comienzos del siglo XX. En los años sesenta y setenta tenemos una sopa de partidos, todos enfrentados. Los PSAN, el provisional y el permanente, Independentistas de los Países Catalanes, los MDT… Eran pocos y muy corrosivos. Siempre enfrentados.
Te refieres evidentemente a las disputas personales, a las escisiones, a los enfrentamientos…

Aquellos partidos parecían esperar sumar diez militantes más para pelearse y escindirse.
Eso es una consecuencia, no la causa, de la debilidad. Las disputas se producen cuando no hay un programa común, una alternativa sólida, viable. Esto también pasa ahora. La división y los enfrentamientos no son nunca la causa. Siempre son la consecuencia de la situación del movimiento. Pero aquella etapa de influencia de los movimientos de liberación nacional supuso una modernización del discurso independentista. Si nos fijamos, el discurso de los ideólogos de aquel independentismo de liberación nacional se incubó al amparo de lo que era la realidad catalana.

He estudiado el fenómeno en mi tesis doctoral con una comparación de estos movimientos en Galicia, en el País Vasco y aquí. En el País Vasco hay una etapa durante mucho tiempo en que se comparan con una colonia. Como si el País Vasco fuera Ghana, Malí o la India. Por el contrario, los ideólogos catalanes se daban cuenta de que la situación catalana, al menos de la Cataluña del Sur, era otra. En la Cataluña Norte el planteamiento de Robert Lafont, que hablaba de colonialismo interno, sí que encajaba. También en Galicia. Por el contrario, los ideólogos de aquí se daban cuenta claramente de que la situación de los Países Catalanes no era asimilable a la de una colonia. Y por eso hablaban más de colonialismo cultural. De una expoliación, también, pero diferente. Pienso en Josep Ferrer o en los hermanos Castellanos, Carles y Rafael. En los años setenta hablan de expoliación, pero dentro de este nuevo capitalismo que entonces comenzaba a desarrollarse.

«El independentismo siempre ha sido quien más ha defendido la nación completa» / Anna Munujos

Carles Castellanos ya se peleaba entonces con Josep Guia. Todavía lo hace ahora…
Se pelearon por cuál debía ser la vía práctica, no por el objetivo final, que era socialismo, independencia y, sobre todo, Países Catalanes. Por cierto, a diferencia de otras posiciones del catalanismo, el independentismo históricamente ha sido quien más ha defendido la nación completa, desde sus orígenes. En la diáspora del 39 los centros catalanes esparcidos por el mundo tienen muy claro que catalán es “todo aquel hijo de Cataluña, Baleares y Valencia”.

Los exiliados valencianos no compartían mayoritariamente esta idea.
Pero formaban parte de estos centros.

Algunos, sí. Muchos otros, no. Ya que habla de los Países Catalanes, ¿qué queda ahora? ¿Son solo un mapa del tiempo? Los independentistas en Cataluña llenan la boca con ello, pero luego eso no tiene ninguna concreción práctica.
Esa es otra de las consecuencias de la colonización de la nación.

Pero la realidad, colonizada o no, es la que es…
Hay un desmembramiento muy claro de esta realidad, sí. En el País Vasco, por ejemplo…

Es diferente. Para el nacionalismo vasco, para el independentismo, la integridad de los tres territorios es de credo.
Lo tienen mucho más claro, ciertamente. Pero también hay esta ambivalencia, esta hipocresía nacional, por decirlo de alguna manera, de no llevarlo adelante.

En todo caso, en Navarra Bildu tiene una presencia sólida e importante, y en Iparralde hay un nacionalismo vasco que tiene una cierta fuerza.
Una cierta fuerza relativa…

Comparado con Cataluña del Norte, diferente, mucho más intensa.
Hay un vasquismo activo sobre todo en pueblos como Hendaia, que tiene un alcalde de Bildu. Ahora, si lo recuerdas, en los años del Proceso más activo también hubo un crecimiento de esta conciencia unitaria en Cataluña del Norte.

Mientras en el sur el independentismo no quería saber nada y proclamaba que cada uno debía tirar derecho en su territorio… El Proceso rechaza la idea de Países Catalanes. En el País Vasco Bildu no quiere saber nada de procesos separados.
Creo que si Bildu viera una llegada a la independencia a diferentes velocidades, también la aceptaría. Irlanda marca el camino en este sentido. Es la oposición entre Michael Collins y Éamon de Valera. ¿Qué hacemos? ¿Aceptamos lo que tenemos y seguimos adelante a pesar de que los territorios del norte queden fuera? ¿O rechazamos la propuesta, que fue la posición de Éamon de Valera que después tuvo que tragarse con patatas?

Independentismo de liberación nacional de los años sesenta y setenta… Aquí hay un episodio que es un fiasco, que es Terra Lliure… Un fracaso total.
Mmmmmm… Yo tampoco pienso que sea un fracaso total. Fue una vía que se experimentó demasiado tarde. Eso no quiere decir que yo esté necesariamente a favor. Intento situar el momento en que habría sido apropiado llevar adelante la acción de Terra Lliure. Terra Lliure llega tarde. Había más condiciones para la lucha armada a comienzos de los años setenta. Entre los setenta y la muerte de Franco. En aquel momento esta propaganda armada habría tenido mucho más impulso. Y habría armado probablemente una izquierda independentista de manera mucho más potente. Mucho más potente de lo que es actualmente. Hay también un problema por parte de esta izquierda independentista, que no entiende que el movimiento independentista, como cualquier movimiento nacional, es interclasista. Puede haber –como se dice a veces de manera muy mecanicista desde el socialismo– un sector social que lleve adelante este proceso, pero eso no lo hará el sector más extremo y más proletario de la sociedad catalana. Lo hará una clase media en proceso de desclasamiento.

Miremos ahora el independentismo de antes de la guerra del 36…
Te has saltado una trayectoria importante en la historia del independentismo en la inmediata posguerra, que es el Front Nacional. Tenemos un gran problema con la historiografía. La historiografía del independentismo no se ha hecho. Y no solo eso, sino que dentro del conjunto de la historiografía catalana ocupa un espacio muy reducido. A veces voluntariamente se ha querido arrinconar.

El Front Nacional de Catalunya es la primera organización que se articula políticamente en nuestro país después del desastre. Antes de cruzar la frontera definitivamente a comienzos del 39, las fuerzas políticas independentistas eran básicamente tres: el Estat Català de Jaume Cornudella, el Estat Català de Vicenç Borrell y los seguidores de Daniel Cardona, que eran la organización militar de Nosaltres Sols. A pesar de que estas fuerzas veían la derrota militar, no se resignaron y, aunque sus líderes se exiliaron, dejaron detrás todo lo posible para organizar otra vez su espacio. Los líderes de estas fuerzas, a pesar de que estaban peleados entre ellos, por el bien de la resistencia del movimiento, se entendieron.

Joan Cornudella había expulsado de Estat Català a Daniel Cardona y le hizo un artículo editorial en el Diari de Barcelona acusándolo de nazi. Se burlaba de su bigotito. Y ambos, a pesar de todo, se entendieron y fundaron el Front Nacional de Catalunya. Porque en el interior los jóvenes que habían dejado para continuar en la organización se pusieron de acuerdo sin saber ni tener en cuenta las diferencias –evidentemente, personales– de sus líderes. Borrell no quiso saber nada y por eso su Estat Català quedó fuera del tablero político.

«Para captar la fuerza del Front Nacional de Catalunya debemos tener en cuenta que en 1943 detienen a setenta u ochenta personas» / Anna Munujos

Esa fue una unidad excepcional. Pero cuando entran en Cataluña a organizar una resistencia armada acaban cayendo todos en manos de la policía franquista…
Para captar la fuerza del Front Nacional de Catalunya –en un momento en que evidentemente no había elecciones–, debemos tener en cuenta que en la caída de noviembre de 1943 detienen a setenta u ochenta personas. Eso significa que era un movimiento muy importante. En esa situación que hubiera comprometidas setenta u ochenta personas, aparte de los colaboradores esporádicos, significa que era un movimiento muy potente. Hacían una serie de actividades, como ya había hecho el independentismo antes, de carácter propagandístico. En cuanto a la lucha armada abierta, no tenían suficientes fuerzas para hacerla. Jaume Martínez Vendrell tenía en mente un atentado contra Franco que no se llevó a cabo porque ni la situación ni la fuerza del Front Nacional lo permitían.

En todo caso, los detuvieron a todos.
Los hacen desaparecer en una circunstancia política concreta muy difícil. En el momento en que las grandes potencias para las que había trabajado el Front Nacional les dan la espalda. Comienza la guerra fría y la división entre los dos polos, capitalista y socialista.

¿Cuál fue la importancia numérica real de Estat Català y Nosaltres Sols en la escena política catalana?
La numérica de Nosaltres Sols era muy pequeña, porque no pretendía ser un partido de masas. Daniel Cardona tenía muy claro que él quería un partido milicia. Un partido de cuadros bien formados con el eterno ejemplo irlandés. En cuanto a Estat Català, a partir del año 31, cuando Macià da marcha atrás a la proclamación de la república catalana, hay una ruptura. El independentismo no estaba preparado, porque no había actuado nunca en una situación de participación política. El régimen no le había permitido participar en unas elecciones. El independentismo había tenido mucho éxito bajo una dictadura, pero solo había conocido la situación de trabajar en las catacumbas. Y esa fue su época más dorada. Prats de Molló, etcétera.

Por eso cuando llega la república y, sobre todo, la marcha atrás del abuelo, el independentismo se rompe en cuatro opciones: las JEREC, que continúan, a pesar de eso, dentro de Esquerra Republicana y que comienzan a desarrollar una estrategia como la que se desarrolla al final del franquismo; es decir, desplegamos todas las posibilidades que da un estado autonómico para hacer lo que ya decía el independentismo de comienzo del siglo XX, que era nacionalizar el país. Los grandes capitostes del independentismo –Vicenç Ballester, el mismo Macià…– veían que, después de 200 años, solo había habido algo tan pequeño como era la Mancomunidad, aunque su tarea fue importantísima, y apuestan por llevar el autonomismo a las últimas consecuencias. Esto mismo ha hecho ahora el Proceso.

Íbamos por las JEREC, la primera opción independentista. ¿La segunda?
Nosaltres Sols se dice que fue la traducción directa del Sinn Féin, pero, sobre todo, lo que dice Daniel Cardona cuando le da este nombre es que ellos, la lucha nacional, la harían solos. Sin pactos con las fuerzas del Estado español. En las mismas fechas, en septiembre de 1930, se había firmado el Pacto de San Sebastián. Ahora tiraré un poco fuerte. [Sonríe]. Lo que critica Cardona de Macià es la vía Rufián. Pactar con la izquierda española. Cardona es totalmente contrario: “Solo nosotros solos podemos llevar adelante esta lucha nacional”.

¿El tercero?
El tercero fue el Partit Nacionalista Català. Para entender por qué Aliança Catalana no se presenta a las elecciones, no he visto a nadie que cite en ningún lugar el Partit Nacionalista Català, que es la primera alternativa del independentismo histórico que intenta participar del juego político que se abre de manera diferente. Los historiadores lo desprecian poniéndole la etiqueta de derechas. Allí había gente que se había ido de Estat Català cuando pacta con Esquerra Republicana. Esquerra Republicana durante los primeros años era un batiburrillo de denuncias, de fraude electoral, de caciquismo… El Partit Nacionalista Català se aparta y dice que ellos se presentarán a las contiendas electorales, pero no a las del Estado español. Eso es una visión nacional.

¿Y el cuarto?
Es el sector obrerista de Jaume Compte, que intenta hacer un poco lo que será después el PSAN. Unir las luchas de los trabajadores con el independentismo. Hay un trabajo a punto de publicarse de Marc Santasusana que estudia la ruptura dentro de Estat Català después de Prats de Molló. A partir de ese momento aparecen en su entorno organizaciones o personas que reivindican un independentismo socialista. Cosas de estas como el Partit Comunista Català. Obrerismo más independentismo. Jaume Compte, por ejemplo, que acaba como un mártir el 6 de octubre del 34, y que a comienzos de ese año forma el Partit Català Proletari, el cual después ingresará en el PSUC en el año 36.

Tanta sigla y tanto remolino… Si comparas todo aquel movimiento con la CNT, la FAI, el POUM, la misma Esquerra Republicana o, después, el PSUC, son muy poca cosa…
Esta debilidad es la debilidad de la misma opción política y de una nueva situación, la república, que cambia las cartas del juego político.

Así, llegamos al 6 de octubre, que es una auténtica derrota para el independentismo insurreccional… ¿Por qué fracasa de esa manera la insurrección? ¿Por los enfrentamientos entre Lluís Companys y su consejero de Gobernación, Josep Dencàs?
El mejor libro desde el punto de vista independentista, que resume mejor la situación del 6 de octubre, es el de Manuel Cruells. Según Cruells, Companys pensaba que saldría al balcón del Palau de la Generalitat y pasaría como pasó el 14 de abril, que todo el mundo lo aplaudiría e inmediatamente la república volvería a tener el sesgo progresista que había tenido antes. Y eso no ocurrió.

¿Tan incauto era Companys?
Confiaba en la fuerza de los comunistas y de los socialistas en el Estado español. Y que eso produciría un levantamiento, que no se hizo, salvo en Asturias, donde hubo una carnicería total. Si no, no se explica que él explicara que quería preparar un levantamiento armado y que quien debía hacerlo, que era Dencàs, no lo lograba porque cada vez que pedía presupuesto y armas Companys mismo le decía que no. Josep Dencàs pagó muchas armas de su bolsillo. Ya sabes que he hecho la biografía y me he encontrado con esto.

Los que entendían realmente de estrategia militar, que eran básicamente Josep Maria Batista y Roca y Daniel Cardona, ya veían que este levantamiento fracasaría. Pero tenían la esperanza, que siempre estaba, de la Pascua Sangrienta irlandesa de 1916. Este ejemplo está siempre presente en todos los levantamientos de la época. Cuatro locos querían cargarse el imperio británico en 1916, cuando el imperio británico era el más poderoso del planeta. A pesar de eso, ese sacrificio de sangre provocó el levantamiento del pueblo irlandés. Y en el año 1921-22 llegó el estado libre irlandés. Esto siempre lo tenían en mente.

Aquella sopa de siglas de la que hablábamos antes se acaba con el 6 de octubre. Todo el independentismo prácticamente, salvo el más obrerista, que también era el más minoritario, va detrás de Dencàs, porque ven que es la opción que puede dar lugar a lo que no fue el 14 de abril: una nueva proclamación de la república catalana.

Qué escaso conocimiento de la realidad del país…
El problema del 6 de octubre es que hay un intento de revolución en el campo, un intento de revolución en la ciudad, un intento de revolución independentista… Si nos fijamos durante el siglo XX hubo el 14 de abril del 31 y el 6 de octubre del 34. Y ya en el XXI, el 1 de octubre del 2017. Solo el del 14 de abril no fue reprimido. ¿Por qué? Porque el rey, en lugar de plantear directamente la represión, se fue. Pero la derecha más reaccionaria se recuperó y también tuvo tiempo desde entonces para reorganizarse. Las fuerzas del estado se reorganizaron en contra del gran espantajo que era el separatismo.

«A nivel historiográfico nunca se ha dado a los independentistas la fuerza que tenían» / Anna Munujos

Todos los intentos, todo el independentismo insurreccional, de las primeras décadas del siglo XX son desconocidos porque eran poco importantes o porque han sido menospreciados o escondidos de manera interesada?
Una mezcla de ambas cosas. En el ámbito historiográfico esto es bastante evidente. No se les ha dado nunca la importancia que tenían. Mañana mismo voy a un congreso que estudia los hechos de Prats de Molló. A veces lees los libros de historia del país y dices: “Escucha, que todo aquello lo impulsó un líder independentista que se llamaba separatista. Y quien lo llevó a cabo fue Estat Català, una organización que, con todos sus problemas, lo que pretendía era cuando cruzaran la frontera y llegaran a Olot proclamar la república catalana y la independencia”. Gracias a eso el 14 de abril de 1931 es un líder del independentismo quien proclama la república catalana. Poco antes había salido al balcón del Ayuntamiento de Barcelona Lluís Companys y había proclamado la república en Cataluña, que no es lo mismo.

Macià se cabrea con Companys y él lo hace de la otra manera.
Se enfada… Y además, había problemas de personalismo. Pero, en todo caso, es un líder independentista quien lleva adelante la unión de Esquerra Republicana. Y no lo ponen al frente porque sea bonito, sino porque es el más conocido. Es el líder evidente de la oposición antimonárquica.

Por tanto, los intentos fallidos de Prats de Molló y de asesinar a Alfonso XIII con el complot de Garraf desembocan en el liderazgo de un independentista que proclama la república catalana el 14 de abril. Y ese es su éxito…
Yo creo que sí. Si nos miramos con perspectiva el independentismo anterior a la guerra, el momento más importante, cuando tiene cierta fama, es en este período. Bajo la dictadura de Primo de Rivera, este independentismo ya lleva años luchando en las catacumbas. Y además, hay una excitación nacional en el país muy grande. Primo de Rivera prohíbe la senyera, la lengua y cierra la Mancomunidad. Los escuadrones de Estat Català se aprovechan y hay una efervescencia nacional. Estos escuadrones comienzan con poca tropa. En 1924 hacen una reunión y dicen que son 54, una cifra exagerada. Pero significa que aquello es la semilla. Y hacen una serie de acciones y van creciendo. Por eso intentan el complot de Garraf, un regicidio que no podía salir bien, porque no había las condiciones necesarias en la misma organización. El que debía disparar al rey, su padre lo encierra y no lo deja salir de casa. Esto es una organización de poca monta. En todo caso, hay un caldo de cultivo que va avanzando.

Volvamos a la actualidad. Dice usted que el tsunami volverá. ¿Qué se hizo mal y que ahora se debería hacer bien para que todo no termine como ha terminado?
El primer punto es que hay que ser conscientes de que el Estado español, no solo no regalará nada, sino que hará todos los imposibles para que esto no funcione. La composición, el futuro, del Estado español, tal como está estructurado actualmente, depende de una manera muy importante de la presencia catalana. Todos somos conscientes de ello. Debemos partir de una conciencia nacional propia. No podemos ir fuera a buscar aliados. En el Estado español no encontraremos ninguno, si no son las otras minorías nacionales sin estado, como la gallega o la vasca. Debemos hacer una propuesta nacional desde aquí y debemos ser conscientes de que nos jugamos el futuro de la nación catalana.

«Cuando veamos las castañas en el fuego creo que la gente reaccionará como es debido» /Barcelona/ Anna Munujos

Con unos grados de compromiso personal, más allá de los líderes, ¿más intenso? No hubo mucha desobediencia civil efectiva durante el Proceso…
Estamos en una sociedad en la que ese tipo de acciones, en lugar de impulsar, echan para atrás. La diferencia entre lo que estaban dispuestos a jugarse los líderes catalanistas de antes de la guerra –o en los años 40, 50 y 60– y los de ahora es muy grande. No quisiera generalizar, porque sí que hay gente que lo da todo por el país, pero la sociedad en general no fabrica estas personas. Pero cuando veamos las castañas en el fuego, creo que la gente reaccionará como es debido. Porque no hay más remedio. Si no es que queremos el aniquilamiento nacional total.

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