Melcior Comes (la Pobla, Mallorca, 1980) ha publicado recientemente L’home que va vendre el món (Proa), una novela que narra la vida de Simó Diarte, un publicista que trabaja en la campaña electoral de Rosa Dorca, la candidata a la alcaldía de Barcelona de un partido populista. Comes recupera la capital catalana como escenario de sus libros porque considera que había muchas cosas por explorar y tratar, como la demografía, la masificación turística o los efectos del Procés y del post-Procés. Como acérrimo defensor de una literatura comprometida y en catalán, el autor se muestra muy crítico con la beca de 80.000 euros anunciada por el Ayuntamiento de Barcelona en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara (México) para que un autor latinoamericano realice una estancia en la ciudad y escriba un libro. Considera que esta no debería ser la función del Ayuntamiento y cree que discrimina a los autores que escriben en catalán, que, según alerta, «se están muriendo de hambre». Incluso duda de la legalidad de esta ayuda porque es excluyente: «Es más que expolio fiscal».

Con L’home que va vendre el món recupera Barcelona como escenario. ¿Por qué este regreso?

Había estado haciendo muchas novelas sobre Mallorca y creo que había dicho muchas cosas interesantes sobre la sociedad mallorquina de los últimos 30 o 40 años. Y pensé que hacía mucho tiempo que vivo en Barcelona. Hace más de 20 años, y creo que había cosas muy interesantes por explorar. Y, como cualquier persona que haya estado en Barcelona los últimos 25 años, he visto muchas transformaciones de la sociedad catalana. De la demografía, del espacio urbano, de los problemas sociales, socioeconómicos, ideológicos, el Procés y el post-Procés. Son cosas estimulantes para escribir, al menos desde mi punto de vista. 

¿Es un retrato de la Barcelona actual, o quizás de la Barcelona que tendremos en el futuro?

Creo que es un retrato de la Barcelona de ahora mismo. Lo que pasa es que, para englobar toda una realidad, siempre te ves en la obligación de crear una imagen. En el fondo, si quieres decir una cierta verdad, objetiva, tienes que ser más listo que la misma realidad, y debes deformarla un poco para hacerle decir las cosas que habitualmente se podrían escapar de un lenguaje demasiado literal. El lenguaje literario debe ir más allá de lo literal, y, además, creo que lo literal ya nos lo explican los diarios. Y el trabajo de los periodistas es explicarnos lo que es literalmente la realidad. Pero después está esa explicación literaria, que es la consecuencia de intentar deformar un poco las cosas. Darles una otra óptica, hacerles significar cosas algo inéditas desde determinados puntos de vista. Aquí viene el juego literario, que no es diferente del que hacen los pintores o lo que hace cualquier otro tipo de creador.

Pero este juego literario también muestra una preocupación, ¿verdad?

Evidentemente. Creo que los escritores debemos posicionarnos y debemos decir cosas comprometidas con un determinado valor, con un determinado estilo de vida y con unas determinadas opciones. El libro no debe ser una exposición de estas ideas, pero debe servir para inclinar la balanza a favor de algunas cosas que realmente el autor cree que son más importantes que otras. Esto siempre pasa. Es decir, que no escribes una novela para convencer a nadie, pero esa visión del mundo, en el fondo, debe ser convincente y debe ayudar a crear una determinada sensibilidad. Sea cual sea. Creo que esto es un trabajo que siempre hace la literatura, y debe hacerlo.

Melcior Comes, escriptor. Barcelona 16.12.2025 | Mireia Comas
Melcior Comes, escritor. Barcelona 16.12.2025 | Mireia Comas

Simó Diarte es el protagonista. ¿Cómo lo definiría?

Es un sabio en horas bajas. Un intelectual a la deriva algo idiotizado por el trabajo. Es un tipo inteligente, pero al mismo tiempo avergonzado. Sobre todo por el mismo estrés del trabajo. Por la misma exigencia de sobreatención y de sobretensión que le provoca un trabajo de estas características. Tampoco es una persona tan joven para tener tantas cosas en la cabeza, ¿no? Y llega un punto en que, si no tienes 23 años, o incluso 20, este ritmo mental y de atención que te exige un trabajo de estos puede pasar factura. Es un estudioso, un analista de tendencias, un antropólogo del consumo, como él mismo se llama, y que, en cierto modo, siente que lo que podría ser un oficio digno, que es el oficio de intentar convencer que las cosas que quieres vender son interesantes, se ha convertido en una farsa total. Es peculiar.

¿Y populista?

Claro. En el fondo, la novela es una reflexión sobre de qué manera el lenguaje del populismo, que es el lenguaje de la publicidad, ha impregnado el mundo de la política. El libro viene de esta preocupación más o menos intelectual. Es decir, desde qué punto de vista el lenguaje de las redes, el de comunicación de masas, ya prepara todo lo que ha venido en los últimos 10 años y que ya asomaba dentro del panorama político. Y que no es otra cosa que el ascenso del populismo de derechas e izquierdas. Pero es eso, el lenguaje de las redes, el lenguaje de la publicidad…

¿La polarización social y política?

La polarización, en el fondo, es una derivada más de este tipo de lenguaje y de este tipo de mentalidad. Es como si las redes, el vivir tan pegado a las pantallas, la fragmentación de la atención inevitable, que hemos tenido que sufrir todos los que no nos quedaba más remedio que vivir volcados a las redes, preparara el terreno para que llegaran todas estas opciones políticas a gobernarnos. Entre una cosa y la otra, hay un vínculo directo.

¿Y por qué definirlo como populista y no neofascista o de extrema derecha?

Bueno, son maneras de decir eso. A mí me gusta pensar que todas estas cosas pueden llevar al fascismo. Se parecen a las cosas que llevaron al fascismo hace justo cien años. Son una especie de populismo prefascista. En los años 10 y 20, todas estas opciones estuvieron diciendo exactamente lo mismo que dicen toda esta gente. Y derivaron hacia Mussolini, hacia Hitler, y sobre todo allí donde esto tuvo unas derivadas electorales claras y explícitas. En España no, porque se impuso ganando una guerra, pero creo que es interesante eso. Es una antesala del fascismo, porque, de hecho, el fascismo se basa en abolir el sistema electoral y en implantar un líder único que arbitre y que lo decida todo. Pero esta gente no te habla de eso. No te dicen «ganaremos dos elecciones para acabar con el Parlamento y nos pondremos nosotros a gobernar el país durante 10 años». Dicen otras cosas, pero hay muchas similitudes y muchos puntos de coincidencia con lo que son los proyectos fascistas, aunque también tienen sus propios valores, alternativas y discursos. Creo que también es interesante distinguirlo, porque pienso que, incluso calificándolos de fascistas les haces el juego y les favoreces a ganar.

¿Por qué?

Los estigmatizas, y los votará la gente que es visceralmente fascista. Y la gente que es de centro, que tiene un cierto sentido común, piensa que diciendo que son fascistas, los estigmatizas, los quieres marginar y son gente que tiene propuestas decentes. Y que lo primero que te dice hoy en día la gente es que tienen razón en muchas cosas como, por ejemplo, la inmigración, porque están señalando cosas que los otros no se atreven a decir. Entonces, te preguntas si vale la pena.

¿En quién se ha inspirado para construir el personaje de Rosa Dorca, la candidata a la alcaldía que aparece en el libro con un talante populista?

He hecho un personaje arquetípico, porque creo que todas estas opciones, sea un populista de izquierdas o uno de derechas, son casi personajes de manual. Casi no tienes que inventarlos porque ya están creados. Y solo con que te vuelques a las redes, mires un poco la prensa internacional o los ensayos que hablan sobre estos temas, te das cuenta de que es un tipo de discurso muy similar. Ya sea en Italia, en Francia, en Austria o en Estados Unidos, como nos ha acostumbrado bestialmente Donald Trump. En el fondo, se trataba de amalgamar un tipo de discurso que suene así, pero dándole una resonancia un poco diferente. Más digna literariamente y algo irónica, porque la novela se basa siempre en decir las cosas de una manera entretenida y diferente. No podemos decir exactamente lo mismo que lo que ya se ha dicho. Básicamente, tampoco podemos copiar lo que ya sale en los diarios, pero que el lector lo pueda reconocer como un arquetipo. El objetivo de la novela es mostrar que siempre nos engañan de la misma manera la misma clase de personas. Y eso es lo que nos debe hacer abrir los ojos.

Melcior Comes, escriptor. Barcelona 16.12.2025 | Mireia Comas
Melcior Comes, escritor. Barcelona 16.12.2025 | Mireia Comas

¿Y mirar hacia atrás y tener memoria histórica de lo que ha pasado?

También, exacto. Por eso te decía aquello de este populismo prefascista de los años 10 y 20. Todo aquello que desembocó en el fascismo después. A veces con los mismos políticos y, a veces, con unos herederos aún más exagerados como fueron Mussolini y Hitler. Este tipo de discursos siempre han existido. De hecho, es algo tan antiguo como la democracia griega. Este tipo de xenofobia, populismo, de demagogia de masas, de estimular las más bajas pasiones, la sensación continua de peligro y de traición de las élites es de manual. Nos están engañando de la manera más vieja de la historia y volvemos a caer. Es algo que ha pasado tantas veces, y volverá a pasar tantas veces, que…

El hombre es el único animal que tropieza dos veces con la misma piedra.

No son dos veces, son dos mil. Es cíclico esto. La piedra vuelve a caer de la montaña, vuelve a obstruir el camino de la misma manera y vuelve a provocar el mismo tipo de accidentes. Siempre, continuamente. Y, bueno, esto es tragicómico.

¿Y faltan discursos para rebatir los argumentos que propugnan?

Evidentemente, pero también se debe cuestionar hasta qué punto, ya que ellos no operan a través de los razonamientos, son inmunes a los razonamientos. Quiero decir, te pueden salir siempre con cualquier tipo de estrategia, con cualquier tipo de argumentación loca, que no tiene nada de racional. Siempre es una repetición de consignas, insultos, miedos… Incluso, esa esperanza que podamos tener de argumentar y de exponer datos para confrontarlos es algo cuestionable. Se les debe enfrentar con más carisma, con más personalidad e incluso con un cierto sentido de la ironía y del espíritu del juego. Se les podría ganar por la razón si jugaran dentro de este terreno.

¿Pero están fuera de lo que es racional?

Sí, están fuera de aquí, están fuera. Están en su propia liga, donde las cosas se piensan de una manera totalmente diferente. Es evidente que debes tener estadísticas que demuestren que muchas de las cosas que dicen no tienen ni pies ni cabeza, pero mañana te pueden salir con otra estadística elaborada a su manera o harán demagogia con un caso concreto que magnificarán y harán ver que tienen toda la razón del mundo. Es eso, también.

¿Podríamos catalogar la novela de literatura comprometida políticamente y en catalán?

Se habla mucho de la literatura catalana como una literatura que escapa de la realidad. Que se refugia en los mitos, con la novela simbólica o poética, con la novela del lenguaje hecha por poetas y por las palabritas bonitas, la novela con mucho sentido de la ruralidad, de la autenticidad. Yo la llamo la novela de la matanza del cerdo, porque siempre hay esa escena de la matanza del cerdo y esas palabritas los «atuells» y la «vianda», que no faltan nunca en todo este tipo de literatura. Es algo que a mí siempre me ha indignado. Y mi novela está hecha para contestar eso. Es una novela obscenamente política, obscenamente urbana, tan urbana que no sale de las mismas calles del Eixample. Todo está situado en este cuadrado de oro y, además, para marcarlo más he hecho que haya canales navegables. Quiero decir, no es el paseo de Gràcia, sino que lo han vaciado y bajan vaporettos para deformar…

Deformar la realidad, pero también puede ser una forma de denunciar la turistificación de la ciudad, ¿no?

Es claramente una forma de hacer eso. Yo no tengo nada contra esta literatura que te comentaba, pero llega un punto en que ya hace una especie de gracia y ya se convierte en una especie de materia catalana y que la novela catalana debe tratar de eso. Pues no, haremos una literatura que hable del mundo, que hable de la realidad, que lo haga en su lenguaje de la realidad. Y también tenemos un catalán que puede servir para expresar las cosas de internet, las cosas de la red y las cosas algorítmicas. Si la novela sale buena o no sale buena, es una cosa, pero, como mínimo, la idea de fondo es hacer un tipo de literatura que enfrente la realidad con madurez. Se ha reflexionado mucho sobre esto, que la literatura catalana escapa de la realidad porque la realidad no nos pertenece. Porque no nos pertenece lingüísticamente, tanto que también somos una sociedad minorizada, tampoco nos pertenece porque no hemos tenido nunca poder y no podemos hacer novelas sobre el poder. Yo hago una novela sobre el poder, sobre de qué manera el poder actúa, sobre de qué manera se forja el poder mediático, el político, el empresarial… De qué manera se cuecen las cosas en la trastienda del poder. Esa era la idea.

Melcior Comes, escriptor. Barcelona 16.12.2025 | Mireia Comas
Melcior Comes, escritor. Barcelona 16.12.2025 | Mireia Comas

Recientemente, y hablando de realidades y con el Ayuntamiento como protagonista, fue muy crítico con la beca de 80.000 euros. ¿Por qué?

Me parece que no es lo que le corresponde hacer a una institución pública catalana. Me parece que es un derroche de recursos. Como institución pública catalana que es, el Ayuntamiento debe proteger y fomentar la creatividad y la excelencia en lengua catalana, que es la lengua del país y que tampoco está pasando por un momento de gran salud ni cívica, ni lingüística, ni literaria, a pesar de que hay muy buenos escritores que hacen muy buen trabajo. Pero es que los buenos escritores, que hacen muy buen trabajo, se están muriendo de hambre. Es que es literalmente así. Estamos luchando por migajas. Todos los buenos escritores que hay se apuntan a estas becas de 6.000 euros del Ayuntamiento y, a veces, no se las dan. Eso implica que no puedan escribir. Y tú, como Ayuntamiento, vas a dar ese dinero a sistemas literarios que ya tienen también su propio sistema de becas, porque yo lo busqué. Se van a dar 80.000 euros a los mexicanos, y los mexicanos, en primer lugar, tienen una economía que dentro del PIB mundial está prácticamente a escala de España. No están dando dinero a unos pobres que se están muriendo de hambre. No. Y, en segundo lugar, también tienen sistemas de becas para sus escritores. Estas convocatorias de becas están abiertas para sus escritores, no para mí. Y nosotros haremos otra también para ellos.

Son 80.000 euros que servirán para pagar la estancia del autor en Barcelona. Como una especie de Erasmus, pero muy bien pagado.

Es un Erasmus extraordinario. Lo he analizado y lo he buscado, y en todo el panorama mundial en lengua castellana no hay ninguna beca ni privada ni pública con esta dotación. Lo único que hay mejor dotado a escala global son las becas MacArthur, que las da una fundación privada norteamericana, y que pueden llegar a dar medio millón de dólares repartidos en cinco años. Es decir, una ayuda que se da de 100.000 en 100.000 dólares. Si te dan una, es un triunfo para toda la vida. Pero la del Ayuntamiento no tiene ningún sentido.

Es ir a cualquier país y proponer una beca para que un autor de allí venga a Barcelona y escriba lo que le parezca, ¿no?

Exacto, sobre todo cuando tienes escritores de Barcelona que te hacen muy buen trabajo, que te pueden escribir libros muy buenos sobre Barcelona. Vas a buscar a un guatemalteco o un argentino, que yo no dudo que pueda venir un argentino absolutamente genial a escribirte un libro muy bueno sobre Barcelona. Eso no lo dudo en absoluto. Eso es obvio.

Lo que critica es que esa sea la función del Ayuntamiento de Barcelona.

Evidentemente. Si yo fuera muy rico y tuviera 10 millones de euros de patrimonio, también me inventaría un sistema de becas y ofrecería 100.000 euros a la novela catalana que más me gustara. Y por mis huevos daría ese dinero. Como hace la Fundación Finestres, que hay unos señores muy ricos detrás que dan ese dinero. Y lo dan tanto en catalán como en castellano. Pero es que, fíjate, esta beca es algo contra los catalanes, pero también es algo contra los españoles. Quiero decir, si tú eres un escritor catalán que escribe en español o eres un escritor de Extremadura que te estás muriendo de hambre y pagas impuestos en España, tampoco puedes acudir a la beca del Ayuntamiento de Barcelona de 80.000 euros. Incluso dudo de la legalidad de esta subvención. Si ahora el Ayuntamiento de Barcelona se inventara una beca solo para escritores mallorquines o solo para escritores valencianos, creo que iría contra principios constitucionales.

Tras el anuncio hubo una petición para retirar la beca, pero el Ayuntamiento dijo que no y que no entendía dónde estaba la polémica.

Para ellos no la hay porque participan de un nacionalismo banal español que les impide ver que estás creando una desigualdad brutal. Todas las becas en catalán del Ayuntamiento de Barcelona que se dan, todas ellas juntas, no suman los 80.000 euros. Y, además, también dedica 75.000 euros más a pequeñas becas en castellano. Y ahora, además de todo esto, buscaremos a un superhéroe argentino o mexicano que vendrá aquí a escribir la gran novela sobre Barcelona. La ciudad de Barcelona tampoco necesita más promoción literaria internacional, ni literaria ni no literaria. No la necesita. Es como si me dijeras que Scarlett Johansson necesita más focos… Puedes darle una beca a Scarlett Johansson, pero es que no la necesita. Es conocida y acogida por todos.

Hablaba de 75.000 euros más 75.000 euros en pequeñas becas destinados a autores en catalán y en castellano.

75.000 y 75.000 repartidos entre quince, que acaban saliendo de 6.000 euros cada una. 

Melcior Comes, escriptor. Barcelona 16.12.2025 | Mireia Comas
Melcior Comes, escritor. Barcelona 16.12.2025 | Mireia Comas

Pero, claro, con esta beca se está dedicando el doble a la literatura en castellano. ¿Crea una desigualdad?

Es exactamente eso. Con la excusa de que se la das a un sudamericano, le das el doble a la lengua castellana. Al joven de 20 años que quiere ser escritor y es catalán le llega el mensaje de que debe escribir en castellano porque tendrá más ayudas institucionales y un mercado mundial con 400 millones de lectores.

¿Esta beca no choca con la creación del Comisionado del Catalán? 

Y se adscribieron al Pacto Nacional por la Lengua. ¿Te adscribes al pacto y haces esto? No sé qué nos queda… ¿Abrir un prostíbulo del feminismo? Es como si hicieras un pacto por el feminismo y luego dieras dinero público para abrir un prostíbulo en la Rambla. No sé yo si eso es feminismo. Como institución pública deberías hacer otra cosa. Está muy bien que haya una macrobeca, pero no sé si es la función del dinero público llegar a estas grandísimas cantidades. Porque, fíjate, cuando a un viejo que ha escrito toda la vida le dan el Premio Cervantes le dan 125.000 euros. Y el Ayuntamiento dará prácticamente eso.

En un artículo reciente fue muy contundente y escribió que “hay quienes tienen un plan para cagarse encima de nosotros y hacernos desaparecer con nuestros propios impuestos”.

Eso es el mensaje que te están dando. Pagarás impuestos y esos impuestos los dedicaremos a promover una cultura que te eclipsa totalmente y te anula totalmente. Ya es más que expolio fiscal eso.

¿El catalán ha desaparecido de las calles de Barcelona?

Bueno, al catalán, la calle en Barcelona le cuesta mucho. No sé si ha desaparecido, pero cuesta encontrarlo. Intento hablar con todos, y hay mucha gente que se dirige a ti en castellano, y tú le hablas en catalán y después continúa hablando en catalán, pero no es la lengua de inicio. Las estadísticas evidencian muy marcadamente que el catalán no está pasando por un momento pletórico. Y las maneras de revertir la situación no implican precisamente crear una beca internacional para escribir en castellano. Así no mejoras la salud de la lengua.

¿Y el bilingüismo tampoco ayuda?

Yo soy bilingüe, tú también eres bilingüe. Esto del bilingüismo siempre ha sido una mentira. No ha habido nunca una sociedad bilingüe, ha habido unas personas que hemos tenido que ser bilingües dentro de nuestro propio territorio porque otras personas decían y dicen que tienen el derecho de ser monolingües. Ellos tienen el derecho de ser monolingües aquí, pero tú no tienes el derecho de ser monolingüe en tu propia lengua en tu propio país. Ese derecho no lo tienes. Para que ellos tengan el derecho de ser monolingües tú te ves en la obligación de ser bilingüe.

Esto es una imposición del fuerte contra el pequeño.

Exacto. Y, encima, el Ayuntamiento de Barcelona me ha dado la razón. No solo pueden venir aquí a cagarse en nuestra casa en su lengua, sino que encima lo pagas tú.

Melcior Comes, escriptor. Barcelona 16.12.2025 | Mireia Comas
Melcior Comes, escritor. Barcelona 16.12.2025 | Mireia Comas

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