Elisenda Carod (Barcelona, 1981) publica La mare dels ous (La Campana), un antimanual de supervivencia para madres novatas que necesiten leer la verdad sobre las miserias que nadie te cuenta de los primeros meses con un bebé. La presentadora de Catalunya Ràdio se sincera sobre las luces y sombras en un diario personal que permitirá que muchas dejen de sentirse incomprendidas. El Món la entrevista para averiguar cómo son las madres millennials y cómo ha vivido ella el nacimiento del pequeño Guillem, que pronto cumplirá un año.
La mare dels ous no tiene nada que ver con ninguno de los libros de maternidad que hemos leído las que hemos sido madres recientemente.
Yo no soy nadie para hacer un libro sobre maternidad, lo que quería era contar mi caso y este es el fruto de la investigación de muchos meses. Pensé que estaría bien ahorrarles tiempo a algunas madres y, sobre todo, acompañarlas porque, a veces, nos falta esa red de amigas.
Esta tribu tan necesaria con quien poder compartir las dudas.
Exacto, esa madre con quien ahora empatizas al 100%. En este libro relato la obsesión, el problema y la extrarumiación que haces cuando nace tu bebé. He preparado unas cápsulas del tiempo que he escrito en tiempo real, en unas etapas que quemas superrápido. Al cabo de un tiempo, te preguntas cómo podías estar tan preocupada por eso hace un par de semanas.
Muchas madres se verán reflejadas en el capítulo, precisamente, en que narra las dudas que tenía cada semana del bebé. ¿Qué preocupaciones tenemos cuando llega a las tres semanas? ¿Y cuando tiene dos meses? Porque es tal cual.
Exacto, quería que todas se sintieran reflejadas en la maternidad real, la que no encuentras en los libros que están escritos desde la distancia y desde la experticia. Yo necesitaba este acompañamiento desde la empatía y desde aquello que hace que te des cuenta de que hay madres en la misma mierda que tú.

Este libro nace de unas conversaciones en una clase de posparto.
Sí, allí precisamente compartía mis dudas de cada semana y veía que todas se reían. Si te ríes es que empatizas y que te toca. ¿Cómo es que no estábamos encontrando este espacio en ningún lado? Quizás era el momento de escribirlo y crear un antimanual de supervivencia para que se identificaran e inmediatamente redujeran la ansiedad que te genera pensar que quizás estás loca.
¿Qué hay detrás de esta sensación? ¿Por qué muchas madres acaban pensando, en algún momento, que han enloquecido?
Desde la perspectiva psicológica nos pasa que, cuando tienes un bebé, creas un hiperfocus total en él. A nosotros nos parece lo más normal del mundo estar preocupadísimas por el lunar que le ha salido porque no sabes qué es. Estás allí, full lunar. Y, claro, desde fuera no tienen esta implicación emocional con tu criatura y lo ven como una locura. Y, entonces, tú entras en el bucle de pensar que desde fuera pareces loca, pero al mismo tiempo sabes que estás ultrapreocupada por el lunar. Siempre te ayuda el hecho de hablar con otras madres que están en la misma locura que tú, cuando te dicen que no estás loca porque ellas también estuvieron así dos días antes.
Es importante eso que comenta de ‘estuve así hace dos días y lo hemos superado’. Qué esperanza da eso cuando te encuentras en un momento difícil.
La esperanza, en mayúsculas. Por eso hay muchos capítulos en los que explico cómo ha cambiado aquella situación tres meses después, si realmente lo hemos superado o si hemos tardado seis meses en salir de aquello.
¿Cómo ha gestionado tener un bebé tan pequeño con el proceso de escribir un libro? Cuesta mucho encontrar tiempo los primeros meses de maternidad.
No sé cómo lo he hecho, de verdad. Supongo que renunciando, evidentemente, ya que ser madre es renunciar al tiempo para ti, a ducharte con tranquilidad y a sentir un aburrimiento que con la maternidad deja de existir. Creo que he logrado terminar el libro porque soy una persona que se compromete con las cosas y se lo había prometido a la editorial. Yo siempre he tenido mucho respeto a la literatura, pero empecé a sentir ganas de lanzar este salvavidas a las futuras madres que vengan. Lo que he hecho es escribir mucho mentalmente con el niño en brazos, mientras paseábamos con el cochecito -cuando lo aceptaba- y elaborando las ideas mentalmente mientras tomaba notas del móvil. Después, le pedía a Xavi la hora y media que calculaba que necesitaba para cada capítulo. Hacía la vomitada y después lo repasaba cuatro y cinco veces. Pero sí, no sé cómo lo he hecho porque la conciliación…
Ay, la conciliación. Hablemos de ello.
No hay mucho de qué hablar, no existe. Punto. Solo hay culpa, la constante culpa que sentimos. El mundo no está pensado para maternar y eso me parece imbécil porque el futuro pasa por las criaturas. Aunque seas una persona cero empática, también te interesan, o aunque te dediques a fabricar colillas de cigarros, y quizás es el peor ejemplo que podía poner, pero también te interesan porque los futuros fumadores también serán niños. Aunque sea por interés, las empresas deberían poner de su parte para que las madres pudieran criar. Porque os interesa a vosotros, porque los que comprarán vuestros productos serán los niños.

¿Tiene la sensación de que cada vez hay más odio o rencor hacia los niños? O más mujeres que dicen que no quieren ser madres porque no les «gustan» los niños.
Yo siempre matizo, en este caso, diciendo que no es que no les gusten los niños, sino que no les gustan algunos niños. Como pasa con los adultos, también hay niños simpáticos y niños imbéciles. Pero sí que es cierto que se ven los niños, muchas veces, como algo molesto porque hacen ruido o porque se quejan… pero es lo que debe hacer un niño, ¿no? Es algo que no he analizado mucho en profundidad, pero me choca mucho que te molesten los niños per se. A mí no me molestan las personas per se, me molestan las personas imbéciles. Creo que todo esto va más allá, como que el tiempo debe ser productivo y cualquier disruptor de ese tiempo productivo es una molestia. La sensación de entender a los niños como un “ladrón de tiempo”, un disruptor a nuestras vidas productivas.
De libros sobre maternidad tan reales como los suyos hay pocos. Quizás el único ejemplo que se le asemeja, salvando las distancias, es el de Cristina Pedroche por el que la han criticado tanto.
No lo he leído, pero en mi caso me resulta difícil que se me critique por este libro cuando, aquí, no estoy sentando cátedra y tampoco estoy dando consejos a nadie. Simplemente cuento mi experiencia. Pero, vaya, a mí tampoco es que me penetren mucho las críticas. Si alguien critica cómo me he sentido, tampoco invalidará cómo me siento. La gente que critica con estas cosas tan gratuitas, como ese momento en que te dicen que te crees que eres la única que ha tenido un parto malo… ¿Qué significa? ¿Que debes ser única en tu especie que haya vivido algo para poder comentarlo?
Ha hablado abiertamente del parto y de los problemas que tuvo el pequeño Guillem, que tardó casi cinco minutos en respirar cuando nació. ¿Por qué hace este ejercicio y por qué se abre tanto sobre un tema tan delicado?
Quería que los lectores entendieran de dónde vengo y creo que es sensato decir la verdad, la verdad de una madre sufridora y ansiosa. Yo siempre me he adelantado a qué podría pasar y la vida me dio una bofetada que no me esperaba. Por lo tanto, amigas, primera lección: la ansiedad no sirve de nada porque cuando te tiene que venir una bofetada fuerte no te la esperas ni la ves venir. Y, además, creía que era de justicia decirle al lector que yo venía de una situación complicada y, por eso, puedo relativizar todas estas cosas; porque vengo de un susto muy feo que, por suerte, ha terminado perfectamente bien. Creía que era necesario explicar que no todos los partos salen bien.
En las clases de preparación al parto te dicen que el parto puede acabar siendo inducido o que puede acabar en cesárea de urgencia, pero es cierto que te lo venden como una posibilidad muy remota.
Y el problema es que pasa mucho, más de lo que nos dicen, y creo que debemos estar preparados para que sea una posibilidad. En mi caso, quizás me habría impactado un poco menos lo que me pasó si hubiera sido realmente consciente de que aquello podía pasar. Algunas dirán que no se debe contar que has tenido un parto malo. Pues mira, yo tuve un parto malo y lo cuento para que la gente no se encuentre luego con una sorpresa. Saber que hay experiencias así te prepara y evita que te sientas un bicho raro porque, muchas veces, oyes a madres que se preguntan por qué le ha pasado aquello a ella y sienten que son las únicas que lo han vivido. Pues contémoslo. Es lo mismo que los duelos perinatales, hablemos de ello. Hablemos de los embarazos que no prosperan porque forman un porcentaje más elevado de lo que nos dicen.

Y si hablamos de tabúes en la maternidad, podemos abrir el melón de la reproducción asistida. Usted también ha compartido públicamente que tardó en quedarse embarazada, un episodio que hace público para luchar contra ese relato social que premia a las parejas que se quedan embarazadas a la primera.
Aún hoy, muchos hombres sobre todo presumen de esos embarazos a la primera y eso no hace ningún favor a las mujeres porque nos sentimos estropeadas si no lo logramos. Y sí que ahora empieza a hablarse más de la fertilidad porque cada vez nos ponemos más tarde y, desafortunadamente, cada vez tendremos que recurrir más a las técnicas de reproducción asistida. Pero la verdad es que a mí tampoco me ha dado ninguna vergüenza hablar de ello, ya que he pensado que, quizás, así estoy mejorando la vida de alguien que se siente mal por tener que ir a un tratamiento de fertilidad.
¿Ha sido una experiencia dura, en su caso? No siempre hay un acompañamiento muy bueno.
En mi caso, no ha sido una experiencia especialmente complicada porque he tenido un acompañamiento increíble de mi doctora y, por eso, no me detengo en este tema en el libro y comienzo directamente en las clases de preparación al parto. También es cierto que empecé en este mundo de la fertilidad asistida desde la conciencia, de saber que me encontraría con esto porque había comenzado a buscar el hijo con 40 años. No ha sido especialmente duro, aunque recibí muy malas noticias hasta que no tuvimos un desenlace positivo. Me imagino que también hace mucho dónde vas a parar y qué profesionales te atienden. Yo encontré unas personas muy éticas y una doctora muy empática y muy humana. Creo que eso la hace una experiencia radicalmente diferente a otras compañeras que lo han vivido muy traumáticamente.
El mundo de la ginecología es aún muy machista.
Menstruaciones, endometriosis… Todo, todo, todo. Si fuera el otro 50% de la población quien lo tuviera que sufrir, esto estaría mucho más resuelto. Esto está demostrado, no lo digo yo, que hay un sesgo de género en la ciencia y especialmente en la medicina que no se estudia en nuestros cuerpos. No sé si en la obstetricia en concreto, pero si la endometriosis la padecieran ellos, ¿tú crees que estaríamos aún con 7 años de diagnóstico? No, hombre, no. Eso seguro.

Somos la generación de las madres hiperinformadas con el Chat GPT. ¿Esto nos ayuda o nos perjudica?
Nos encontramos en un mundo de la información, en un mundo del Chat GPT, de Google, de libros… y, al mismo tiempo, siempre vamos muy perdidas. ¿Cómo puede ser que tenga tanta información contradictoria? ¿Cómo puede ser que esté abrumada? Creo que las millennials como nosotras somos unas personas que hemos nacido en un mundo analógico y, de repente, nos ha llegado un mundo digital que nos pisa este mundo digital con tanta información. Somos muy perfeccionistas, queremos hacerlo todo bien… Y hay esta cosa que coexistimos con un modelo de crianza antiguo, el que nos han dado nuestros padres. Nosotras queremos dar un modelo de crianza nuevo y, ante todo esto, entramos en el análisis-parálisis totalmente. A mí lo que me ha ido bien es documentarme y solo validar fuentes validadas. Además de la intuición, que me ha funcionado mucho.
¿Cómo somos las madres millennials en comparación con nuestras madres?
Nosotras sobrepensamos, mucho. Estamos todo el rato preocupadas pensando que, quizás, esta acción en concreto que haga con esta criatura puede condicionar su desarrollo de por vida. ¿Le estoy creando un trauma? Nuestras madres, que fueron madres mucho más jóvenes, eran la primera generación full time inmersas en el trabajo y nos dicen que no pensaron ni la mitad de cosas que pensamos nosotras… actuaban más por instinto.
La relación con nuestras madres, ahora convertidas en abuelas, cambia mucho cuando tienes una criatura porque las redescubres. Y muchas no entienden esta fijación por intentar cambiar el modelo de crianza que ellas usaron con nosotras. ¿Ha sido su caso?
Yo he tenido suerte porque mi madre es una persona ultrarespetuosa y debo decir que me ha sorprendido pensar que se ha mordido la lengua a pesar de haberme visto sufrir. Mi madre me ha abrazado en mi sufrimiento y me lo ha preguntado todo, ha respetado mucho mi proceso. Ella que era una madre estricta y que con una mirada nos controlaba, ahora con su nieto es la mujer más tierna del mundo. Y dices… ¿Quién eres? Es muy loco ver esta transformación en ellas. Pero he tenido suerte, porque sí que lo veo mucho en mi entorno que algunas madres intentan imponer un modelo de crianza cuando la hija está intentando hacer algo diferente.
Ese comentario típico de «nosotros lo hacíamos así y no habéis salido tan mal», ¿no?
Sí, un comentario que molesta. La única conversación que recuerdo de este estilo tuvo que ver con el sueño, cuando me preguntaron si no creía que el pequeño estaría mejor en la cuna. Les dije que sabía que esa era una manera de decirme que estaba haciendo algo mal cuando, en realidad, no lo estaba haciendo. Yo estaba haciendo que mi hijo sobreviviera y mi niño, en ese momento, no quería la cuna. ¿Qué hago? Todos queremos dormir. No es un capricho que mi hijo duerma todo el tiempo pegado a mí. Tuvimos una conversación con ellos y creo que me expresé muy bien y muy asertivamente. Lo entendieron.

La guardería es todo un mundo desde el momento de escoger una hasta la gestión de la ansiedad por separación. ¿Cómo lo ha vivido?
Guillem solo tenía cuatro meses y medio cuando empezó en la guardería… La vida me dio problemas en el embarazo y un parto de mierda, pero me premió cuando permitió que me tocara una de las cuatro plazas de la guardería que más me había gustado en la jornada de puertas abiertas.
Otro melón, el del concurso para recibir plaza en una guardería pública.
Me costó mucho entender cómo funcionaba, ¿eh? Menuda. Pero, vaya, en nuestro caso tuvimos suerte porque nos tocó una de las plazas y porque hemos podido hacer una adaptación superrespetuosa con él gracias a que yo soy autónoma y a que su padre tiene horario flexible. Que sí, iré de culo, pero al menos podemos llegar a un cierto nivel de conciliación. Porque pensar que hay padres y madres que tienen que llevar a los bebés de cinco meses de ocho de la mañana a cinco de la tarde… Yo he llorado más por otros casos que por el mío, que al final solo va de 9 a 12 y lo recogen los abuelos. Se me rompe el alma con los niños que hacen tantas horas en la guardería desde tan pequeños. Es inhumano.
Hace años que se clama por una ampliación de las bajas de maternidad y paternidad, que aún son irrisorias.
Deberíamos tener una baja de dos años. Dos años, uno para cada progenitor o un par en casos de padres solteros. ¡Es que son cachorros cuando tienes que volver al trabajo! Y luego, otro tema son los sueldos que tienen en la escuelita de 0 a 3. Que eso se debería decir, los sueldos que tienen del 0 a 3 con la trabajada que hacen. Tienen que mantener en vida a niños que buscan mil maneras de morir y esa es una responsabilidad gigante… ¡Y les pagamos 1.200 euros! Es una vergüenza. Hasta que en los altos cargos no haya señoras que tengan que maternar, creo que aquí no veremos un cambio y eso me entristece mucho. Pienso que es triste que tengamos que subcontratar la crianza de las personas a quienes más queremos en el mundo a partir de los 4 meses y medio. ¿4 meses y medio? Que han estado más tiempo dentro de la barriga que fuera.

Cada vez hay menos niños y también menos madres, lo que complica la posibilidad de crear esta tribu a tu alrededor. Y lo que sorprende es que, en este contexto, la crítica y comparación entre las madres sea feroz. En lugar de ayudarnos, optamos por presumir frente a las otras.
En mi entorno me he encontrado, de hecho, con madres que presumen de que su bebé de tres semanas ya sonríe. Pues el mío no lo hacía a esa edad y, ¿qué quieres que te diga?, ambos aún se cagaban encima. El problema es que, en esta comparación, te tocan las entrañas y, realmente, llegas a plantearte que quizás el tuyo ya debería estar sonriendo y quizás hay algún problema que hace que no sonría. No hagáis eso, cada niño tiene su ritmo. Y creo que aquí hay un punto de orgullo como el que decíamos de Me he quedado embarazada a la primera. ¿Piensas que así quedas como el mejor creador de criaturas? Recuerdo, en una clase de posparto, que todas decían que sus hijos dormían toda la noche. Cuando llegó mi turno, felicité a todas… pero dije que mi hijo se despertaba cada hora y media. Pues, casualmente, a partir de mi testimonio todas las demás dijeron que los suyos también dormían mal.
Nos han vendido la idea de perfección, de posparto fácil y bebés bonitos que se crían solos.
Supongo que tenemos miedo de pensar que hemos hecho algo mal y que, por eso, no están durmiendo o están comiendo mal. En Europa el fracaso se entiende fatal… El fracaso te convierte en fracasado y, en realidad, no es así. Continuar intentándolo es el triunfo.
Como con la lactancia materna, que usted ha tenido que batallar porque ha tenido todos los problemas que podían tenerse.
A veces tengo la sensación de que, como estoy muy informada, estoy llamando al mal tiempo. Y que quizás antes te pasaba igual, pero no sabías qué era, no le ponías nombre y no te dabas cuenta. Con la lactancia me ha pasado de todo… quizás la mastitis es la única cosa que no he sufrido. Luego está la señora perfecta. ¿No ha vivido nada de todo esto? Es imposible.

La maternidad la compagina con su faceta de presentadora en Catalunya Ràdio, donde ha cambiado de franja esta última temporada. ¿Cómo se encuentra ahora que se ha alejado de la tarde?
Es guay poder hacer un proyecto que implique concentrarte en una sola cosa, el monográfico me está gustando. O el contacto con los vecinos, sobre todo, que también me está sorprendiendo porque estoy encontrando gente muy potente al otro lado. Sí que es verdad que un magacín como el que hacía por la tarde te da la flexibilidad de tratar muchos temas, porque eran cuatro horas de programa. Ahora tener solo una se me hace corto, no te engañaré, pero también tiene cosas positivas. Echo mucho de menos poder profundizar en el mundo de la comunicación, ahora que todo son reels cortitos…
¿Se ve mucho tiempo en este programa?
Yo me veo haciendo radio hasta que me dejen. La televisión y dirigir formatos me gusta, pero, al final, mi talento es contar historias frente a un micrófono.
Y, desde dentro, ¿cómo ve todo el revuelo que ha generado el cambio de nomenclaturas de las marcas históricas de la Corporación Catalana de Medios?
Yo estoy dentro, pero vivo en una especie de oasis que es Catalunya Ràdio. Quizás este movimiento se ha visto más en la tele, pero a nosotros no nos ha afectado tanto. Y, al final, yo no dejo de ser una persona de fuera que viene a hacer un programa de radio. Lo he visto más por redes que en primera persona, sinceramente. Y tampoco tengo una opinión muy formal al respecto.
No debe quedarle mucho tiempo libre, pero ¿tiene algún proyecto futuro a la vista?
Ahora mismo solo pienso en exprimir fuerte mi presente, que es muy chulo, y hacer un proceso de conciencia. Trabajo en dos programas que me gustan mucho, estoy felicísima con la nueva sección de Està Passant, he escrito un libro que me gusta mucho… absorbamos las cosas del presente. Y más ahora que tenemos algo que nos aterriza tanto como es un niño.

