El dolor de rodilla asociado a la artrosis suele llegar sin aviso. Un día cuesta levantarse del sofá. Otro, las escaleras se convierten en una prueba diaria. Las guías clínicas insisten en que hay margen para actuar y mejorar la función cuando se combina información, hábitos y ejercicio adaptado, como recogen las recomendaciones del Portal GuíaSalud del SNS sobre artrosis de rodilla.
El problema es que muchas personas quedan atrapadas en una idea: si el cartílago está desgastado, el dolor es inevitable y solo queda parar. Esta lectura rápida encaja con la palabra desgaste, pero no siempre encaja con lo que pasa en la vida real. Hay un detalle que cambia la manera de interpretar los síntomas y, sobre todo, las decisiones del día a día.
Este detalle es que el dolor no depende solo de lo que se ve en una radiografía. En la artrosis, el malestar puede estar impulsado por procesos de inflamación, por el efecto de la inactividad y por la pérdida de fuerza y control muscular alrededor de la rodilla. Esta visión, que también comparten guías y recomendaciones internacionales, es la que repiten muchos fisioterapeutas en consulta: moverse con un plan suele ser parte del tratamiento, no el problema.
¿Por qué duele la rodilla cuando aparece artrosis?
La artrosis es un proceso degenerativo. Implica cambios en el cartílago, en el hueso que hay debajo, en los tejidos que rodean la articulación y en la mecánica del movimiento. Puede aparecer de manera silenciosa y avanzar durante años. En este camino, es frecuente notar rigidez al levantarse, molestias con esfuerzos repetidos o dolor después de estar mucho tiempo sentado.
También hay factores que aumentan el riesgo o empeoran los síntomas. El exceso de peso, las lesiones previas, determinados trabajos físicos, el sedentarismo y la falta de fuerza en piernas y cadera suelen influir en cómo se tolera la carga diaria. El mismo diagnóstico se puede sentir muy diferente en dos personas.
Cuando la imagen y los síntomas no encajan
Una radiografía puede mostrar signos de artrosis y, aun así, que el dolor sea leve. También puede pasar lo contrario: síntomas importantes con hallazgos discretos. La literatura científica describe esta discordancia a menudo y por eso diversas guías recomiendan que la gestión se base en síntomas y función, no solo en la imagen.
En la práctica, esto significa que el objetivo no es perseguir una rodilla perfecta en una prueba, sino recuperar capacidad para caminar, levantarse, subir escaleras y hacer vida normal con menos dolor.
El factor que a menudo se pasa por alto
Inflamación y brotes que amplifican el dolor
La artrosis no es solo un desgaste mecánico. Puede haber episodios de inflamación en la articulación y en los tejidos cercanos. Esto aumenta la sensibilidad y hace que gestos cotidianos se perciban como más dolorosos. En estos períodos, el cuerpo tiende a protegerse con rigidez y menos movimiento, lo que puede empeorar el círculo del dolor.
Las guías clínicas suelen priorizar medidas no farmacológicas, pero también contemplan apoyos como analgésicos o antiinflamatorios en fases concretas, siempre bajo indicación profesional y con prudencia en personas con otros problemas de salud.
Pérdida de fuerza y control: la rodilla se queda sin soporte
La rodilla no trabaja sola. Depende de la musculatura del muslo, la cadera y la pantorrilla para repartir cargas. Cuando se pierde fuerza, estabilidad o coordinación, la articulación recibe impactos más directos y el movimiento se vuelve menos eficiente. El resultado puede ser más dolor con actividades normales, incluso aunque el daño estructural no haya cambiado.
Por eso las recomendaciones clínicas insisten en el ejercicio terapéutico. El NHS, por ejemplo, destaca que la actividad regular ayuda a fortalecer músculos y a mejorar síntomas, aunque al principio pueda haber molestias. También NICE sitúa el ejercicio y la gestión del peso como pilares del abordaje.
El reposo total como trampa
Cuando duele, lo intuitivo es detenerse. El problema es que el reposo prolongado suele llevar a más rigidez, menos tolerancia al esfuerzo y una sensación más grande de fragilidad. Con el tiempo, aparece el miedo al movimiento y se reduce la actividad diaria, lo que empeora fuerza y capacidad cardiovascular.
La idea útil es otra: evitar el sobreesfuerzo brusco, pero mantener movimiento adaptado y progresivo. No se trata de forzar, sino de planificar.
Qué hacer desde hoy sin caer en el reposo total
Reglas de seguridad para empezar
- Comienza con movimientos sencillos y de baja carga. La constancia pesa más que la intensidad.
- Utiliza un umbral de dolor tolerable. Un aumento leve durante el ejercicio puede pasar, pero debe bajar en las horas siguientes.
- Prioriza técnica y control. Mejor lento y bien que rápido y desordenado.
- Alterna fuerza, movilidad y actividad aeróbica suave. Caminar, bici estática o piscina suelen ser opciones útiles.
- Si hay dudas, una valoración de medicina o fisioterapia ayuda a adaptar el plan.
Rutina de tres movimientos para la rodilla
Varios profesionales de fisioterapia proponen una base sencilla que combina movilidad, activación muscular y fuerza progresiva. Estos tres movimientos son un punto de partida habitual y se pueden adaptar:
- Flexión y extensión controlada: tumbado o sentado, haz el gesto de doblar y estirar la rodilla de forma lenta. Si es necesario, se puede colocar una toalla enrollada bajo la rodilla para facilitar la activación al estirar. Mantén unos segundos la extensión y repite.
- Elevación de talones: de pie, con apoyo en la pared o una silla si es necesario, sube de puntillas y baja poco a poco. Este trabajo refuerza la musculatura de la pantorrilla, que contribuye a la estabilidad de toda la pierna.
- Sentadilla asistida o sentarse y levantarse: con una silla como referencia, baja hasta un rango cómodo y vuelve a subir. Se puede empezar con un recorrido corto o con una pausa de pocos segundos en el punto donde el dolor sea tolerable.
Una pauta habitual para empezar es 2 o 3 series de 8 a 12 repeticiones, 2 o 3 días por semana, ajustando según sensaciones. En movilidad, se pueden hacer repeticiones más cortas cada día.
Progresión en cuatro semanas
La progresión ayuda a evitar el ciclo de comenzar fuerte, empeorar y abandonar. Un ejemplo de escalado conservador:
- Semana 1: rangos cortos, poco volumen, enfoque en técnica. Caminar suave en tramos cortos.
- Semana 2: añadir una serie más o ampliar ligeramente el recorrido si la rodilla lo tolera.
- Semana 3: incorporar un ejercicio de cadera, como puente de glúteos o abducción, para mejorar el soporte de la rodilla.
- Semana 4: integrar un estímulo funcional, como subir un escalón bajo, y ampliar el tiempo total de actividad aeróbica suave.
Ideas extendidas que frenan la mejora
| Idea extendida | Qué señalan guías y evidencia |
|---|---|
| Si hay artrosis, moverse desgasta más | El ejercicio terapéutico es un pilar del manejo y suele mejorar dolor y función cuando está adaptado |
| La radiografía dicta el nivel de dolor | La correlación no es perfecta; se prioriza la valoración clínica y la limitación funcional |
| Solo ayudan pastillas o infiltraciones | Las medidas no farmacológicas son la base; medicación y otros recursos se valoran según el caso |
| Si duele, hay que parar del todo | El reposo prolongado suele empeorar rigidez y capacidad; se recomienda movimiento progresivo |
Cuándo pedir una valoración médica
Señales de alarma
Conviene consultar con un profesional si aparece alguno de estos escenarios:
- Dolor después de un golpe con incapacidad para apoyar o caminar.
- Rodilla muy caliente, enrojecida e inflamada, especialmente si hay fiebre.
- Bloqueo articular, sensación de que la rodilla se queda atrapada o que falla a menudo.
- Inflamación importante que no mejora o dolor nocturno persistente.
- Hinchazón de la pierna o de la pantorrilla, o dificultad para respirar, por la necesidad de descartar problemas vasculares.
Opciones de tratamiento si el dolor persiste
Además del ejercicio y la educación, algunas guías contemplan recursos como fisioterapia supervisada, bastón o apoyo en casos concretos, y tratamientos farmacológicos según riesgos y beneficios. En personas con exceso de peso, la reducción ponderal suele mejorar la carga sobre la rodilla y se potencia cuando va acompañada de un programa de ejercicio.
Si hay deterioro funcional severo y no se consigue control con medidas conservadoras, se pueden valorar opciones avanzadas en unidades de traumatología o reumatología. El objetivo, en cualquier etapa, es sostener la autonomía y reducir el impacto del dolor en la vida diaria.
La artrosis de rodilla puede ser un punto de inflexión, pero no debe ser una sentencia. Cuando se entiende qué alimenta el dolor y se cambia el enfoque hacia movimiento y fuerza adaptados, la evolución suele ser más manejable y predecible.

