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Javier Fernández Ligero: Retrasar el desayuno es clave para empezar bien el día

La conversación sobre el desayuno suele quedarse en el mismo debate: hacerlo siempre, saltárselo o elegir entre dulce y salado. Pero la evidencia sobre cuándo comemos ha ido ganando peso, hasta el punto de que instituciones como los NIH han explicado cómo se estudian las ventanas horarias y el ayuno programado por su impacto metabólico y cardiovascular. Un buen punto de partida es esta guía divulgativa oficial: información de los NIH sobre ayuno y ventanas de alimentación.

En paralelo, algunos profesionales de farmacia y nutrición están poniendo el foco en un gesto práctico para comenzar el día con menos picos de hambre y más control de energía. No es un alimento milagroso. Tampoco exige suplementos. La clave es ajustar el reloj y utilizar la primera franja de la mañana con intención.

El mensaje que se ha viralizado en las redes lo resume un farmacéutico y divulgador: retrasar el desayuno en lugar de hacerlo justo después de levantarse. La pauta concreta de la que habla es sencilla: esperar aproximadamente dos horas desde que te despiertas antes de hacer la primera comida del día, sin necesidad de saltarse el desayuno.

Qué significa retrasar el desayuno y por qué se ha hecho viral

Retrasar el desayuno no es ayunar todo el día ni convertir la mañana en una carrera de restricciones. Es desplazar el inicio de la ingesta para alargar de manera natural el período sin comer que ya ocurre durante la noche. Dicho de otra manera: si cenas y pasan varias horas hasta la mañana siguiente, retrasar el desayuno amplía un poco más esta ventana sin ingesta.

Este tipo de estrategias se suelen enmarcar en lo que se conoce como crononutrición o gestión de ventanas de alimentación. En divulgación científica se habla de time-restricted eating o alimentación restringida en el tiempo, un enfoque que no dicta qué comer, sino cuándo concentrar la ingesta. El mismo National Institute on Aging ha seguido de cerca ensayos en que diferentes horarios de ventana de 8 horas se han comparado por su efecto en el peso y en marcadores cardiometabólicos.

El argumento del pico de glucosa al comenzar el día

Una de las ideas que más se repite en este consejo es evitar que la primera hora de la mañana se convierta en una sucesión de picos rápidos de glucosa, sobre todo si el desayuno suele ser rico en azúcares o harinas refinadas. No es una acusación contra el desayuno como hábito, sino contra el patrón típico que muchas personas arrastran por las prisas: café azucarado, bollería, cereales dulces, galletas o pan blanco.

En este contexto, retrasar la primera comida se presenta como una manera de reducir el número de oportunidades diarias de picoteo y de iniciar el día con una sensación de hambre más estable. Aun así, el impacto real dependerá de lo que suceda después: si se retrasa el desayuno pero se compensa con un atracón o con ultraprocesados, el beneficio se desvanece.

Lo que sí se sabe del horario de las comidas

La literatura científica lleva años explorando cómo el momento de ingesta se relaciona con el peso y el metabolismo. Revisiones centradas en el horario de desayuno, almuerzo y cena describen que el cuándo puede influir en resultados de pérdida de peso y control metabólico, aunque no sustituye la calidad global de la dieta. Un ejemplo de lectura accesible en abierto es este artículo en PubMed Central sobre el horario de las comidas y su relación con la obesidad y el metabolismo: Timing of Breakfast, Lunch, and Dinner: effects on obesity and metabolism.

También hay ensayos clínicos en los que una estrategia de ventana temprana (comer antes en el día) ha mostrado mejoras en comparación con ventanas más largas. Un estudio publicado en JAMA Internal Medicine abordó la efectividad de la restricción temprana del tiempo de ingesta en adultos con obesidad: Effectiveness of Early Time-Restricted Eating.

Cómo aplicarlo sin convertir la mañana en una trampa

El consejo de retrasar el desayuno suele ir acompañado de otra pieza clave: qué hacer durante esas dos horas. Aquí es donde el hábito puede salir bien o mal. Si la persona vive esas dos horas con ansiedad y llega a la primera comida sin freno, el plan no funciona. Si, en cambio, utiliza este tiempo para hidratarse, moverse y ordenar la mañana, es más fácil sostenerlo.

Qué tomar durante estas dos horas

  • Agua: ayuda a reducir la confusión entre sed y hambre y mejora la tolerancia a la espera.
  • Café o té sin azúcar: suele encajar si no provoca nerviosismo o molestias gástricas.
  • Evitar calorías líquidas: jugos, batidos azucarados o cafés postres rompen el objetivo de la espera.

La norma práctica es simple: si la idea es retrasar la primera ingesta para ordenar el día, conviene que esta primera franja no esté llena de calorías invisibles.

El hábito que multiplica el efecto: moverse antes del desayuno

En las redes, este enfoque se suele completar con un gesto de baja barrera: una caminata corta antes de la primera comida. No es necesario entrenar fuerte. Un paseo de 10 a 20 minutos, con luz natural si es posible, puede ayudar a reducir la somnolencia, mejorar el estado de ánimo y llegar al desayuno con mejor control del hambre. Además, moverse temprano es una manera de ganar actividad sin depender de la agenda del final del día.

Si lo que se busca es pérdida de grasa, la caminata no es magia: suma gasto energético y favorece la constancia. Lo que marca la diferencia es la repetición diaria.

Qué desayuno elegir cuando finalmente te sientas a comer

Retrasar el desayuno solo tiene sentido si el desayuno es coherente. En caso contrario, la espera puede convertirse en una excusa para premiarse con lo de siempre. Una pauta fácil es construir un desayuno que aporte proteína, fibra y grasa de calidad, con hidratos de carbono de buena calidad si se necesita energía.

Opciones de desayuno que suelen funcionar

  • Yogur natural con fruta y un puñado pequeño de frutos secos naturales.
  • Tortilla con verduras y una rebanada de pan integral.
  • Avena con leche o bebida sin azúcares añadidos, canela y semillas.
  • Tostada integral con tomate y aceite de oliva, más una fuente de proteína (huevo, queso fresco, pavo de calidad).

Si el objetivo es el control de peso, lo determinante no es que el desayuno sea enorme, sino que sea saciante y evite el bucle de hambre a media mañana.

Cuando este consejo no es una buena idea

Retrasar el desayuno no encaja igual en todos los casos. Hay situaciones en las que conviene ser prudente o consultar con un profesional sanitario:

  • Diabetes o tratamiento que pueda provocar hipoglucemias.
  • Embarazo o lactancia, por necesidades energéticas y de tolerancia.
  • Historial de trastornos de la conducta alimentaria, por el riesgo de rigidez o compensación.
  • Rutinas físicas intensas a primera hora, donde puede ser necesario ajustar la ingesta previa o posterior.

Además, si una persona se despierta con mareo, ansiedad intensa o fatiga marcada, forzar la espera puede ser contraproducente. La estrategia debe mejorar el día, no empeorarlo.

La clave real es lo que pasa a lo largo del día

El atractivo del consejo es que parece sencillo y concreto: esperar dos horas. Pero la parte importante es el contexto. Retrasar el desayuno puede funcionar como una palanca para:

  • Reducir el picoteo y el número total de ocasiones de ingesta.
  • Evitar desayunos azucarados por inercia o prisas.
  • Introducir movimiento temprano y fijar una rutina.
  • Ordenar la cena del día anterior para no levantarse con hambre extrema.

Si la cena es tardía y muy calórica, retrasar el desayuno pierde sentido. Si la cena se adelanta y es más ligera, la mañana se vuelve más fácil, y el retraso del desayuno deja de sentirse como una renuncia.

Una manera rápida de probarlo sin todo o nada

Para muchas personas, la mejor estrategia es progresiva: retrasar 20 o 30 minutos durante varios días, observar sensaciones y ajustar. El objetivo no es aguantar por orgullo, sino encontrar el punto en que el hambre es estable y la primera comida se hace con calma.

En un panorama donde las discusiones sobre el desayuno suelen ser extremas, este consejo destaca por otra razón: no te obliga a eliminarlo. Solo te pide que mires el reloj, cambies el orden de la mañana y compruebes si el día, de verdad, empieza mejor.

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