Seguro que te ha pasado. Te levantas al día siguiente de entrenar y cada escalón es una tortura china. Tu primer pensamiento es de orgullo: «Qué sesión hice ayer, esto es que está funcionando».
Lamentamos decirte que has vivido engañado durante décadas. Ese dolor punzante que te impide sentarte en el sofá no es una medalla al honor, sino un grito de auxilio de tus fibras musculares. Y no, no tiene nada que ver con que tu entrenamiento haya sido realmente eficaz.
La experta en salud más mediática del país, Boticaria García, ha puesto el grito en el cielo. En su última intervención, ha decidido derribar uno de los pilares del «fitness» de barrio: el mito de las agujetas como termómetro del éxito.
La mentira del ácido láctico y los cristales
Durante años nos contaron que el ácido láctico se cristalizaba en los músculos como si fueran pequeños cristales de vidrio roto. Una imagen muy gráfica, pero totalmente falsa. La ciencia ya sabe que el lactato es un combustible, no un residuo sólido.
Lo que sientes en realidad, según explica la doctora en Farmacia, son microlesiones. Imagina que las fibras de tus músculos son cuerdas que, al ser sometidas a un esfuerzo para el cual no están preparadas, sufren pequeños desgarros. Eso es lo que duele.
«Las agujetas son la prueba de que te has pasado de frenada, no que vas por el buen camino hacia el cuerpo que deseas».
El nombre técnico es DOMS (Dolor Muscular de Aparición Tardía). Aparecen cuando introducimos un ejercicio nuevo o aumentamos la intensidad de forma brusca y descontrolada. Es una señal de inflamación, un proceso de reparación que el cuerpo debe gestionar con urgencia.
Por qué no debes buscar el dolor
Si tu objetivo es ganar músculo o perder grasa, obsesionarte con acabar «destrozado» es el camino más corto hacia la frustración y la lesión. Un entrenamiento eficaz se basa en la progresión, no en el masoquismo físico.
Boticaria García es clara al respecto: el hecho de que no tengas agujetas no significa que tu entrenamiento haya sido en vano. Al contrario, suele significar que tu cuerpo se está adaptando correctamente al estímulo y que tus tejidos están gestionando el estrés de forma eficiente.
De hecho, entrenar sistemáticamente con agujetas graves puede ser contraproducente. Cuando el músculo está inflamado y dañado, su capacidad para generar fuerza disminuye. Estás forzando una máquina que tiene las piezas sueltas (y sí, eso nos duele a nosotros también solo de pensarlo).
El peligro de la «validación por sufrimiento»
Vivimos en la cultura del No Pain, No Gain. Nos han programado para creer que si algo no cuesta un sacrificio agónico, no tiene valor. Pero en la fisiología humana, el dolor es una alerta, no un aplauso.
¿Qué pasa si te levantas siempre con agujetas? Probablemente estés impidiendo que el proceso de hipertrofia ocurra de forma óptima. El músculo crece durante el descanso, no mientras lo castigas sin piedad día tras día sin dejar que sane esas microrroturas.
La clave está en la intensidad percibida y en los datos reales: ¿Has levantado más peso que la semana pasada? ¿Has hecho una repetición extra con buena técnica? Esos son los números que importan en tu bolsillo de salud, no cuántas pastillas de magnesio tienes que tomar para poder caminar.
Cómo actuar cuando ya es demasiado tarde
Si ya has caído en el error y hoy caminas como un pingüino, olvida el agua con azúcar. Es otro de los grandes engaños de la sabiduría popular que no sirve absolutamente para nada, salvo para ingerir calorías innecesarias.
La ciencia es aburrida pero efectiva: la mejor manera de mitigar el dolor es el movimiento ligero. Salir a caminar o hacer una actividad de muy baja intensidad aumenta el flujo sanguíneo en la zona y ayuda a «limpiar» los residuos de la inflamación más rápido que quedarte sentado en el sofá lamentándote.
Consejo de experto: Si el dolor persiste más de 72 horas o se localiza en las articulaciones en lugar del vientre muscular, deja de leer y pide cita con un profesional. Podrías estar frente a una ruptura real.
La nueva regla de oro para tu próximo entrenamiento
A partir de ahora, cambia el chip. Busca la congestión, busca el esfuerzo, pero huye del dolor que te incapacita. La eficacia se mide en el espejo y en la báscula a largo plazo, no en lo que te cuesta ponerte los pantalones por la mañana.
Recuerda que los mejores atletas del mundo no buscan quedar destrozados cada día; buscan estar listos para volver a entrenar mañana. La constancia siempre ganará la batalla a la intensidad heroica de un solo día (créenos, tu espalda te lo agradecerá dentro de unos años).
La próxima vez que alguien en el gimnasio te presuma de sus agujetas, sonríe por dentro. Tú ya sabes el secreto que Boticaria García acaba de confirmar: esa persona simplemente no sabe medir sus límites.
¿Y tú? ¿Seguirás celebrando el dolor o empezarás a entrenar con inteligencia para ver resultados de verdad?

